La casa de María Gil

La casa de María Gil
Jesús Signes

El interés de su propietaria por la gastronomía saludable convierte la cocina en el corazón de una casa donde la luminosidad comparte protagonismo con la distribución circular y un sinfín de muebles de segunda mano

ELENA MELÉNDEZValencia

En un espacioso edificio del Pla del Remei sin ascensor se abre luminosa, en una cuarta planta, la vivienda que María Gil comparte con su marido, el conocido ilustrador Lawerta, quien ha integrado allí su estudio. Además, la cocina de la casa es el punto neurálgico donde María, junto con su hermana Mili, preparan las recetas para su blog de cocina saludable ‘Hinojo’, cuya cuenta de instagram siguen veinte mil personas. «Lo empezamos sin un plan concreto, siempre habíamos cocinado mucho y nuestra vida giraba en torno a una mesa con comida. Un día decidimos crear algo nuestro que nos motivara a las dos», detalla María.

La primera vez que vio la que iba a ser su casa corría el año 2010 y estaba a punto de marcharse a vivir a Nueva York. «Soy una obsesa de mirar pisos por internet. Lo hago siempre que me aburro. Éste lo tenía fichado hacía tiempo. Cuando a los dos años volví y vi que seguía disponible, vine, pedí que me bajaran el alquiler y me lo quedé», explica. El espacio ecléctico y lleno de sabor que hoy acoge su vivienda se encontraba en malas condiciones y no fueron pocos los que intentaron disuadirla para que no se lo quedara. Pero ella lo tenía claro. Lo que le conquistó en un primer momento fue la distribución de planta circular, lo espaciosa que es, la gran cocina con la campana antigua y la comunicación que existe entre las distintas estancias a través de unas grandes puertas correderas de doble hoja. «Lo pintamos todo. Las ventanas que estaban mal las tuvimos que cambiar. El espacio es el que es y el suelo es el que estaba. Soy muy cacharrera, junto todo lo que me encuentro en la calle, mucho del rastro o de webs de segunda mano», precisa, y añade que además tiene un padre muy manitas que siempre que encuentra una lámpara o una mesa se la arregla.

La experiencia de vivir sola desde los dieciocho años le ha llevado a ir atesorando piezas y objetos que le gustan y que, poco a poco, ha integrado en la casa. Confiesa que lo que le apasiona son las lámparas y que todas las que tiene menos una proceden del rastro. De entre la amplia selección destaca dos. La primera, una gran mosca luminosa de pared que fue de su bisabuela y a la que tenía la vista echada desde que era sólo una niña. La otra lámpara emula la figura de un estilizado perro realizado en cerámica: «Creo que es mi objeto favorito. Tengo una amiga de Valencia que se fue a vivir a Los Ángeles, la encontró en el rastro por cincuenta euros y me la dejó. Luego la vimos en otro sitio y ponía que su precio es de quinientos euros». La mesa verde de la entrada la encontró su padre en la calle y la llamó para que fuera a recogerla. Una de las paredes del salón acoge, entre otras obras, varios cuadros que en realidad son papeles de regalo que compró en Nueva York, una foto de Óscar Garrido, otra del equipo argentino de fútbol de su marido, un dibujo de María Herreros y el mapa de la casa dibujado en boli sobre papel que hizo a sus padres cuando la encontró. «Fui hasta su trabajo y se lo dejé allí. Cuando me mudé me lo regalaron enmarcado», recuerda.

La voluntad de dar una nueva oportunidad a los objetos está muy presente

Todo en la vivienda ha sido reutilizado o adaptado por la propia María, que tiene instinto para dar una nueva oportunidad a los objetos. Otro ejemplo de ello es la mesa de centro, que fue la base de un armario con el que se topó en una acera. «Siempre busco la mesa perfecta pero en realidad ésta es mucho más cómoda porque si se derrama el vino o cualquier cosa no hay problema». La del salón, de madera recia, la descubrió por internet de segunda mano cuando buscaba una mesa típica de pallés. «Era de un señor que se mudaba. Cuando fui a por ella vi ese cuadro de atrás, que es del edificio de la derecha del ayuntamiento. Algunas sillas son de la calle y otras de mercadillo». María cuenta además que la casa siempre está disponible para su familia y amigos, que entran y salen con libertad. «Mi hermana pasa aquí muchas horas, vienen amigos, visitas de Argentina. Me gusta que sea un espacio vivo y abierto».

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