La casa de Francis Montesinos

Damián Torres

El diseñador disfruta en Llíria de su otra pasión, la botánica. El refugio, habitual punto de reunión para amigos, está repleto de detalles y plantas que reciben tantos mimos como sus propias creaciones

ELENA MELÉNDEZValencia

Llegar a la casa de Francis Montesinos significa acceder al corazón de su universo personal. Dio con ella hace unos quince años y el hallazgo supuso un inesperado giro de guión en su vida. No en vano, todavía recuerda el diseñador el día en que prometió a su madre: «Menos en Llíria, viviré en cualquier parte del mundo». La razón de aquel ya olvidado desapego era que, al ser su familia de la zona, muchos fines de semana le hacían ir de niño y acabó cogiéndole manía. «Y mira, nunca se puede decir ‘nunca’. La paz que tienes aquí, esta tranquilidad, no la he sentido en ninguna otra de las casas donde he vivido hasta ahora», afirma sonriente mientras señala el espacio que le rodea.

Cuando quien hoy es su vecino le habló de ella, Francis vio el terreno desde abajo y se enamoró. El resto vino rodado, pues tenía bastante claro lo que quería. «Soy bastante trastero, así que necesitaba espacio para meter todas mis cosas». Muestra los primeros sillones que hizo para Andreu World, una alfombra colorida diseño suyo, las cortinas bordadas que rescató de casa de su madre... Nos detenemos ante una pared plagada de fotografías de moda de la que penden varios originales de Helmut Newton, una foto de su primer estudio retocada a plumilla o varios retratos del diseñador. Otra pared junto a la entrada la ha reservado para las fotografías familiares. «Éstas son mi madre y mi abuela vestidas de clavariesas», indica. Más adelante se suceden las piezas de arte, varias de ellas de Vicente Peris -a quien define como su pintor favorito de Valencia-, un Iturralde y un cuadro suyo de la primera exposición que hizo de pintura y que firmó como ‘Francis’.

La vieja verja de hierro que la atraía de niño decora hoy su hogar

Cuenta que le gusta rodearse de todo aquello por lo que siente cariño o le proporciona placer. De ahí que su habitación sea un bello refugio plagado de detalles. Un gran mueble de madera recuperado de su tienda acoge dos percheros con la ropa colgada al aire, una malla de los años veinte que le ha inspirado en muchas obras ejerce de separador junto a la cama, y entre la zona de descanso y el cuarto de baño se erige deslumbrante una verja de hierro que perteneció a Pepe Luna y de la que se enamoró de pequeño. «Pasaba por delante cuando volvía del colegio y siempre me quedaba mirándola», señala. Las paredes del baño son de ladrillo negro, también tiene un biombo de piel antiguo, piezas art decó y plantas. La distribución la planteó pensando en una zona amplia destinada a recibir a la gente. La cocina tiene dos partes, una exterior y la de interior para el día a día. Un nivel más abajo se encuentra el paellero construido con piedras del río. Una pared junto a los fogones está forrada con un corcho plagado de fotos de amigos, de fiestas, de encuentros y momentos. En el porche, donde suele disfrutar de paellas con amigos, la suave brisa refresca el ambiente. «Mi madre decía: ‘Llíria es el poble de l’aire’. Lo que más le fastidiaba era ir a la peluquería y que mi padre le propusiera venir, porque no le servía de nada el peinado».

Tras la moda, su otra pasión es la botánica. «Un día de agosto limpio todas las hojas de las plantas del porche con un trapito empapado en cerveza. Les da brillo. Mi planta favorita es la colocasia. Empecé teniendo dos y ahora hay más de cincuenta». El frondoso jardín también alberga algarrobos, jazmín, frutales, cerezos, jacarandas, mimosas, oliveras... Enormes puertas de madera que no pudo colocar en la casa por su tamaño se integran en el jardín rodeadas de rosales. Desliza la mano entre varias ramas de tomillo y me la aproxima para que disfrute del aroma. «Me gustan mucho todas las aromáticas que tengo aquí como la María Luisa, este tomillo, el romero o la hierbabuena. La mayor obra de arte que existe es la naturaleza».

Fotos

Vídeos