La casa de Carlos Fornés

Carlos Fornés posa en el salón de su ático./Damián Torres
Carlos Fornés posa en el salón de su ático. / Damián Torres

Confiesa que Marilyn Monroe es su «pequeña obsesión», algo fácil de constatar en este ático dotado de unas vistas envidiables junto al Micalet

ELENA MELÉNDEZValencia

Cuando Carlos Fornés volvió a Valencia tras pasar varios años en Madrid ejerciendo de abogado tenía claro que su vivienda debía estar en el centro. No en vano, los recuerdos de la niñez lo conectan con la plaza de España, donde todavía viven sus padres. Además, ubicó el despacho en Convento Santa Clara. Por ello, el día en que puso un pie en el ático luminoso de la plaza de la Reina que hoy acoge su hogar lo tuvo claro. «No es muy grande pero como vivo solo, para mí es más que suficiente. Tengo sitio para una gran tele y mi Marilyn Monroe, como ves, está en todos sitios, porque soy un enamorado de la actriz desde pequeñito», explica.

La imagen de la sex symbol aparece allá donde mires, en libros, cuadros, objetos decorativos y hasta un biombo de grandes dimensiones. Según Carlos, es el sello de la casa. Incluso lo que él ha bautizado como su «pequeña obsesión» le ha llevado a planear un viaje hasta el Niágara para visitar el lugar donde se rodó la película protagonizada por ella. Una aventura que culminará en Los Ángeles para ver la estrella de Marilyn en el Paseo de la Fama.

El punto central de la casa es la gran terraza con vistas espectaculares a la plaza. Fue lo que conquistó a Carlos y se ha convertido en su lugar de reposo. Ahí organiza agradables cenas con amigos en verano y aprovecha los rayos de sol del invierno, acomodado bajo una sombrilla y disfrutando de la lectura. Él mismo se encargó de acondicionarla a su gusto. Escogió el césped artificial para el suelo buscando calidez y la llenó de verde. «Me gustan las plantas, las especies típicas mediterráneas como ese naranjo enano, las acacias, el limonero, la María Luisa o el helecho. No es que sea muy manitas de la jardinería, pero sí me gusta tenerlo todo cuidado».

El mobiliario es cosecha personal. Reconoce que su madre tiene mucho gusto para la decoración, así que entre los dos la fueron amueblando poco a poco. «Me gustan los toques de color rojo. Esta jirafa estampada me la regalaron mis padres por mi cumpleaños, la mesa la compré porque casaba muy bien y la pared de la entrada la cubrí con un papel japonés que da protagonismo a estas dos piezas y que combiné con los estores».

La terraza lo conquistó y es punto de encuentro en verano y rincón de lectura invernal

Los ventanales de la habitación principal ofrecen una perspectiva privilegiada de las vidrieras de la Virgen y la trasera de toda una serie de edificios históricos centenarios. «El sonido de las campanas ya forma parte de mi día a día. Recuerdo la primera Nochevieja que pasé en esta casa. Creo que me comí veinte veces las uvas. Se escucharon las campanas de todos los campanarios que hay alrededor más las de la televisión». La cocina, de pequeñas dimensiones, está porque tiene que estar, ya que reconoce que es muy poco cocinero. Lo mejor que tiene en su opinión es el acceso directo a la terraza, que la inunda de luz natural.

En la habitación de invitados toma protagonismo la foto del viaje a un poblado del Amazonas, en Perú, donde conocieron las condiciones de los menos favorecidos. Su pasión trotamundos deja huella en todo el hogar. Prueba de ello es la espectacular máscara que compró en Venecia, la jirafa que se trajo tras un safari en Tanzania, la máscara de Kenia, un recuerdo de Alaska o el gorila tallado recuerdo de la excursión que hizo para ver a estos primates de montaña en la frontera entre El Congo y Uganda.

El eclecticismo del hogar es fruto de su gusto por el minimalismo y la mezcla de estilos en pos de espacios singulares. «Hay casas mejores que ésta, pero no tienen estas vistas y orientación. El casco antiguo de Valencia es de los más bonitos de Europa».

Fotos

Vídeos