¿Quién es Antonio Alonso?

Damián Torres

Habituado a llamar a puertas que nunca se abren, el presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios de Carpintería y Afines (ASEMAD) que llegó al mundo de la carpintería «sin pedigrí» pero impulsado por una intensa vocación admite que salir del abismo económico ha sido uno de los grandes proyectos de su vida

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Se ha estropeado el aire acondicionado en la histórica sede del antiguo Gremi de Carpinters y al fondo se escucha el zumbido de varios ventiladores que apenas mitigan el sofocante calor. Es quizás el único pero a un edificio maravilloso, uno de esos descubrimientos que nos regala la Ciutat Vella de Valencia, éste en la calle Balmes. Sobre todo por el artesonado de la estancia que ahora alberga el salón de actos, una pieza única que sería «un reto» al que no se negaría el presidente de Asemad, Antonio Alonso, que lucha por dignificar una profesión que ha sufrido la crisis económica de forma brutal, llevándose por delante a gran parte del sector. «No somos manitas ni chicos para todo», dice.

-Cuando uno llega hasta la presidencia de una institución como ésta es porque tiene un grado de compromiso importante.

-Yo no me presenté al cargo, sino que me propusieron en el momento en que mi predecesor se lo dejó al encontrarse su empresa en una mala situación, y de hecho terminó desapareciendo. Es cierto que has de tener vocación, porque al final esto te cuesta tiempo y dinero. Y también se necesitan ganas de apiñar para derribar los impedimentos que te vas encontrando, de llamar a las puertas de los organismos públicos para que te hagan caso.

-¿Es duro golpear puertas que en muchas ocasiones no se abren?

-Muy duro, porque ya te cogen por pesado, pero es que no hay otra manera de lograr avances que a través de la insistencia. Una de nuestras reivindicaciones es poner en valor este sector, que está muy tocado por la precariedad fruto de la economía sumergida. Y yo quiero dignificar un oficio que roza el arte y que se encuentra muy discriminado. Además, con la crisis, cuando falló la construcción, cogí la bandera de la rehabilitación y podemos sentirnos orgullosos de haber liderado una reivindicación que afortunadamente las administraciones ya han asumido.

-La crisis ha sido muy dura.

-Creo que lo más duro de la crisis me lo he comido yo, y de hecho hemos estado a punto de desaparecer porque los asociados se han reducido muchísimo. Y continuamente te encuentras con profesionales de toda la vida que no han podido seguir y han hallado trabajo en otros sectores. Eso va minando la moral.

-¿Se siente carpintero?

-Lo soy y lo siento desde que a los catorce años me fui a San Vicent Ferrer a estudiar el tema de la madera, todavía no recuerdo ni por qué. No tengo pedigrí, en la profesión me he hecho a mí mismo.

-¿También ha sufrido la crisis económica su empresa?

-Por supuesto. Hemos estado en la cuerda floja, aunque por suerte hemos podido salir adelante.

-¿Desestabiliza a nivel personal vivir una situación así?

-Sí. Al ser empresas pequeñas, familiares, avalamos con nuestro patrimonio e incluso con el de nuestras familias. Muchos se han arruinado y yo he estado a punto.

-¿Ha pasado muchas noches sin dormir?

-Muchas. Esto a la larga lo pagaré en salud. Doy fe de que estos ocho años me han pasado factura.

-¿Cuál ha sido el secreto para conseguir superarla?

-Yo siempre digo que tener cabeza, trabajar mucho y mostrar una voluntad férrea. Ese ha sido en mi caso el secreto, si se puede decir así. Ahora me he dado cuenta además de que torear la crisis y salir de ella ha sido uno de los grandes proyectos de mi vida.

-Dejemos el trabajo. Si tiene que elegir una afición…

-Leo mucho, me encanta la novela histórica. Me gusta además ir de cena con los amigos y la familia. Tengo dos hijos. El más pequeño, que tiene 17 años, todavía está estudiando, y trabaja en sus ratos libres conmigo en la empresa para que no esté ocioso.

-¿Es difícil trabajar con la familia?

-Sí, es complicado, aunque tengo la suerte de que sea buen niño. Pero es que tampoco lo obligo demasiado porque no quiero romper la cuerda; doy prioridad a que es hijo mío y a que el objetivo es que se gane un dinerillo. Eso sí, está totalmente en regla.

-¿Qué les ha intentado enseñar?

-Tanto mi mujer como yo hemos tratado de darles valores éticos, transmitirles que hay que tratar a todas las personas con respeto, y que en la vida nadie te regala nada. Y también que con buenas palabras se termina llegando a todos los sitios.

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