Amparo Morte: «Tengo las ideas clarísimas»

Amparo Morte: «Tengo las ideas clarísimas»

Se declara tan feliz que sólo de pensar en ello ha de contener las lágrimas. «Soy muy llorona», avisa. Su amor «a primera vista» con Vicente Lacomba es la base de esta familia entregada a una intensa familia social

MARIA JOSE CARCHANOValencia

Es lunes y el día amenaza lluvia. En las instalaciones del club Escorpión el manto verde está salpicado a lo lejos por los colores claros con los que viste algún grupito de golfistas aquí y allá. Más cerca, el rojo del traje de Amparo Morte, conocida por el apellido de su marido, Vicente Lacomba, también destaca bajo el monocromático cielo gris. Se conoce muy bien esta mujer, una de las personas más populares de la alta sociedad valenciana, y que recuerda en elegancia y saber estar a la estilista Naty Abascal. Se lo señalo. «Mi mamá decía que yo era más guapa, qué va a decir una madre», bromea. Observo que lleva zapatos planos. Claro, no sería apropiado para andar por los caminos de grava del campo de golf. Así que, en el momento de posar para las fotografías, se saca de un bolso unos rojos maravillosos de tacones imposibles y sobre los que camina mejor que con zapatillas. Lleva esta mujer cuatro décadas viviendo en Valencia, de padres nacidos junto al Turia, pero Amparo no ha perdido ese acento argentino del Buenos Aires que la vio crecer, y que da un punto añadido de dulzura a sus palabras. Ha elegido para la entrevista el club de golf porque es un lugar al que está muy unida; no sólo juega varias veces a la semana, sino que además su marido fue uno de los fundadores.

-¿Conocía el golf?

-Fue Vicente quien me integró en este mundo cuando nos casamos. Él es todo un campeón y yo no soy una jugadora competitiva, pero tampoco se me da mal. Tengo un gran profesor y me rectifica cuando cometo errores, que no crea que es tan fácil este deporte.

«Mis padres murieron con diez meses de diferencia. Me costó medio año espabilar»

-Sé que es usted muy extrovertida, que le encanta reunirse, disfrutar de los amigos...

-Tanto mi marido como yo somos personas muy sociables, nos relacionamos sobre todo con compañeros del club, y durante mucho tiempo hemos viajado prácticamente por toda Europa, porque él ha estado una década en el equipo nacional de amateurs. Cada año competía en un país distinto. A él no le gusta que lo diga, pero me siento orgullosa porque ha sido dos veces campeón de Europa amateur. Ama el golf pero, sobre todo, me ama a mí.

Amparo es una de las personas más conocidas de la alta sociedad valenciana.
Amparo es una de las personas más conocidas de la alta sociedad valenciana. / Damián Torres

-Lo dice muy segura. ¿Siente que ha tenido suerte?

-Nos gustan las mismas cosas, lo compartimos todo, yo no sé hacer nada sin él y él no sabe hacer nada sin mí. Tenemos cada uno nuestro espacio, no crea, y también discutimos, pero he de decir que a mí se me pasa enseguida. Somos muy compatibles. Estamos tan unidos que mi hija dice: «Ay, mami, qué bien que os lleváis papá y tú». Es una satisfacción tan grande que un hijo te repita lo de «qué felices sois»... Me dan ganas de llorar de la emoción. Tengo que confesar que soy muy llorona.

-Por sus palabras, forman ustedes un modelo de pareja en el que mirarse.

-El problema es que ella dice que tenemos el listón muy alto. El mío fue un amor a primera vista, en nueve meses nos casamos. Porque yo estaba tan segura de él y él de mí que no nos lo pensamos. Además, ya no éramos unos niños.

-¿Cómo le definiría, a su marido?

-Es una persona muy honesta y muy buena gente. No tiene nada propio, todo lo da, aunque se quede sin nada. Con sus hijos, conmigo, es un ejemplo. Es escorpio y tiene su carácter, algo autoritario, pero, oye, me llevo muy bien con él. Y hay tanto amor entre nosotros dos por la confianza que tenemos uno en el otro.

-¿Hablan mucho?

-Mucho, y me río, me divierto y lo paso muy bien con él. Los dos solos. No necesitamos a nadie. Es un valenciano socarrón, que tiene mucha gracia. Y me dice: «Quant que vull a esta dona». El día en que lo conocí, el 25 de febrero de 1981, cambió mi vida. Y esa es la fecha que festejamos como aniversario.

-Sé que usted ha sido una mujer adelantada a su tiempo. ¿Cómo se autodefiniría?

-Soy una persona sin prejuicios, con los pies en el suelo y la cabeza muy bien amueblada, de ideas fijas, y a la vez me entrego mucho. Ahora, no me hagas una. Como yo me doy con tanta lealtad y tanto cariño… No es que exija que me correspondan de la misma manera, pero un poquito sí. Así que cuando veo algún resquemor o que no calo en el ambiente suelo apartarme enseguida, porque me gusta rodearme de buena gente, educada y que me quiera. Y con el respeto por delante. Que mi padre siempre me lo decía: «Si quieres que te respeten, empieza tú a respetar a los demás». Ahora yo se lo intento inculcar a mis hijos.

«No tengo nada que reprochar a mí misma o a los demás, y hay gente que me quiere mucho»

-Parece la suya una familia ideal.

-Es que somos muy felices. Tenemos dos hijos, Vicen y Alicia, y un nieto, Daniel, buen estudiante, muy deportista. Estamos muy unidos e intentamos que los domingos sean familiares.

Morte reconoce que le gusta ejercer de ama de casa.
Morte reconoce que le gusta ejercer de ama de casa. / Damián Torres

-¿Le gusta ejercer de anfitriona?

-Sí, a mí me encanta la casa, no me cuesta trabajo quedarme una tarde o un domingo sin salir. Si lo hago es por necesidad. Por ejemplo, todos los miércoles me voy al Mercado Central a hacer la compra, que me enloquece. Según mi marido soy muy buena ama de casa y buena cocinera.

-¿Es organizada?

-Yo tengo mi agenda, me gusta que todo esté bajo control y adoro la puntualidad. Mi marido dice que soy la secretaria perfecta.

-Hablemos de su infancia. Usted creció en Argentina. ¿Qué le ha quedado de aquella cultura que vivió en sus primeros años?

-Todo. Tengo unos recuerdos... Es que mis padres el gusanillo de su Valencia nunca lo perdieron. Mi papá era el vicepresidente de la falla valenciana El Turia. Él organizaba los barcos falleros y yo misma fui fallera mayor de Buenos Aires. Después, la situación en Argentina empeoró muchísimo y mi padre decidió liquidar la fábrica de curtidos que tenía allí y volverse. Aquí estuvo siempre toda la familia, en Argentina se rodearon de amigos, mi casa fue siempre el centro de la colectividad valenciana, y en lugar de hacer asados se cocinaban paellas. Yo entonces era una cría pero recuerdo que había mucha alegría, aunque también nostalgia.

«Nunca miro a quienes tienen más que yo, la envidia no la conozco, soy feliz como estoy»

-Le transmitieron las raíces valencianas.

-Sí, pero lo pasé muy mal cuando vine, porque sacarte de tu ambiente siendo adolescente… Estuve un año fastidiada. Luego ya te adaptas y ahora no cambio Valencia por Buenos Aires. Y eso que en tres o cuatro ocasiones hemos vuelto. El último viaje lo hice con mi hija porque le quería enseñar dónde había estudiado, los lugares de mi infancia.

-Tiene el corazón partido.

-Así lo definiría yo, porque si oigo un tango me emociono, como cuando estás en un país extraño y escuchas el Himno Regional, el Viva España, el Fallero o un pasodoble. En la falla de Buenos Aires todos lloraban en esos momentos, y tengo ese recuerdo, con la música de Concha Piquer de fondo. Mi madre nos llevaba a ver películas españolas, en mi casa nos disfrazábamos y yo siempre era Lola Flores. ¿Me imagina cantando 'La zarzamora'? A mí la copla me gusta mucho. Además, me encantaba representar obras de teatro con mis amigas.

Amparo, amante de la copla y la representación teatral.
Amparo, amante de la copla y la representación teatral. / Damián Torres

-Llegó a España y acabó sus estudios.

-Terminé Económicas y trabajé hasta que me casé. Era operadora de Olivetti. Encontré un empleo enseguida, porque además me había formado en taquidactilografía. Pero ya se me ha olvidado todo, que esto que le cuento es del siglo pasado (ríe).

-¿Le preocupa el paso del tiempo?

-Hasta cierto punto, porque nos hacemos mayores y eso se hace inevitable, pero lo importante es tener calidad de vida. Temo a las enfermedades, que no me pueda valer, que me tengan que atender, y conservar un mínimo de conocimiento para darme cuenta de lo que está pasando. A padecer tú y hacer padecer a los demás.

-¿Fue el caso de sus padres?

-Al contrario, mis padres nunca estuvieron enfermos, aunque fue muy duro para mí cuando los dos murieron porque sucedió de repente. Mi mamá tuvo un derrame cerebral. Yo había estado por la tarde con ella y a la una de la madrugada me llama mi hermana y me dice: «Mamá está en el 9 d'octubre». Se encontraba ya en coma irreversible y dos horas después falleció. Recuerdo estar con mi hermana en la habitación junto a ella y decirle: «¿Te imaginas si mamá llega a recobrar el conocimiento, con lo presumida que es, que se quede como un vegetal?» No sé si Dios me escucharía o qué, pero a la media hora me levanté, le acaricié el brazo y noté que ya no respiraba. En el caso de mi papá lo fueron a despertar porque no se levantaba. Había sufrido un paro cardiorrespiratorio. Fueron dos muertes tan inesperadas...

-Muchas veces, cuando alguien fallece de repente, el problema es que quedaron cosas por decir. ¿Fue su caso?

-Fue como si alguien me iluminara y me dijera: «Ve a ver a tu madre». Estaba en Xàbia y me entró ese mono de ver a mi madre. Le dije a mi marido: «Vamos a Valencia y llevamos algunas cosas». Porque era finales de agosto. En realidad se trataba de una excusa. Y apenas estuve una hora con ella, porque se había encontrado con las amigas en el parque. Recuerdo que dijo: «Mira, ha venido mi hija a verme». Y me quedaron grabadas las palabras con las que le respondí: «Si vengo a Valencia, ¿cómo no voy a verte?» Mis padres murieron además con diez meses de diferencia. Me costó medio año espabilarme, no salía, no podía, es que no tenía ilusión por nada. Fue horrible.

Morte asegura que siempre se ha parecido más a su familia paterna.
Morte asegura que siempre se ha parecido más a su familia paterna. / Damián Torres

-¿Qué heredó de su madre? ¿La elegancia quizás?

-Mi madre se levantaba y lo primero que hacía era ducharse, maquillarse y ponerse pendientes, aunque no fuera a ningún sitio. Era una mujer muy guapa y elegante, muy delgada. Mi papá también, decían las argentinas que se parecía a un actor que se llamaba Jorge Mistral, muy atractivo.

-¿Y de su padre qué le quedó?

-En realidad siempre me he parecido más a la familia paterna, porque tengo un carácter como el de mi padre, que era muy autoritario. Yo no lo soy, aunque es verdad que si me quieren quitar una idea de la cabeza sobre algo que he dicho vamos mal, ¿eh? (ríe).

-Con las ideas claras.

-Sí, sí, clarísimas, tengo un plan hecho. Pero pienso también en los demás. Y si me dicen que soy una dominante contesto que no, que todos lo vamos a pasar bien. A mi padre no es que le tuvieras miedo, pero su carácter era muy fuerte. Mi hermana se parece más a mi madre y mi hermano tiene de los dos. Estamos muy unidos aunque vivimos lejos, él en Gandia y ella en Madrid, pero viene mucho a Valencia porque tiene a casa aquí. Además, hablamos todos los días por teléfono.

-¿Se considera una persona positiva?

-Lo negativo lo aparto, hay que ver la botella siempre medio llena.

-¿Y si mira atrás también?

-No suelo mirar atrás. Si lo he hecho mal aprenderé, pero no me gusta por si me llevo algún desengaño. En realidad estoy muy conforme con mi vida porque veo lo que hay en el mundo y siempre digo: «Qué afortunada soy». E intento ser solidaria. Nunca miro a quienes tienen más que yo porque la envidia no la conozco. Soy feliz como estoy. No tengo nada que reprochar a mí misma o a los demás. Y creo que hay gente que me quiere mucho.

Revista de Valencia

Fotos

Vídeos