Álex Gadea, el carácter grabado en los genes

El actor, en el Casino de Madrid durante unos Premios Mujerjoy./LP
El actor, en el Casino de Madrid durante unos Premios Mujerjoy. / LP

Algunas personas aterrizan en este valle de lágrimas bajo el influjo de una naturaleza desbocada. Quizá de ahí le venga esa fuerza de voluntad que unida al talento le lleva en volandas

RAMÓN PALOMARValencia

El otoño del 82 quedará tatuado en la memoria de miles de personas de esta Comunitat, sobre todo de comarcas como la Ribera Alta, pues durante aquella temporada la presa de Tous reventó. Un amigo de Antella me contó cómo se escuchó el rugido del tsunami liberado cuando el cemento del embalse cedió. El mundo se acababa... Alzira se sumergió bajo las aguas de aquel Júcar hipermusculado. Nunca destruyó tanto el Júcar como en aquella ocasión. Precisamente, cuando las lanchas neumáticas recorrían la célebre avenida de los Santos Patronos de Alzira, el actor Álex Gadea remoloneaba en la acuosa placenta del vientre de su madre. Llegó al mundo, en cierto modo, con aquel diluvio que tanto afectó a vidas y haciendas. Algunas personas aterrizan en este valle de lágrimas bajo el influjo de una naturaleza desbocada. Álex fue uno de esos y me gusta creer, aunque sólo sea por razones literarias, que este extraño azar le imprimió el carácter fuerte del que hace gala.

Pero más allá de alambiques literarios a los que agarrarse, la verdad es que el férreo carácter manda sobre la acusada personalidad de Álex Gadea. Con 16 años estudiaba en el instituto Parra de Alzira y su profesor de teatro, Francesc Campos, le inoculó el virus de la interpretación. Álex lo tuvo clarísimo. De ahí que, tras descubrir su inquebrantable vocación, tan sólo dos años después se largase a Madrid. Semejante ejemplo de precocidad en una época en la cual las criaturas permanecen laxas al amparo de la sopa boba de sus padres hasta la cuarentena e incluso la cincuentena, en verdad asombra. A los 17 inició su formación en la Escuela del Actor de Valencia, pero a los 18 ya pisaba Madrid y, bien informado, bien avisado, se matriculó en la escuela de la prestigiosa Cristina Rota para cumplimentar allí los estudios completos. Y las luces de la ciudad... Y la gran urbe... Y esa fascinación que le atacó recién cumplida la mayoría de edad porque le sedujo la inmensa vida cultural madrileña...

Con 18 años, recién descubierta su inquebrantable vocación, se largó a Madrid

Y buscar piso, claro, y compartirlo, que todavía es peor. Tras dos pisos de fortuna encontró por fin duradero acomodo en una buhardilla que compartía con un compañero. Dieciocho tiernos años, actor en ciernes y encima viviendo en una buhardilla, ¿se puede pedir más? De esa experiencia mana un poso muy Verlaine, muy Rimbaud o muy Léautaud, lo que ustedes prefieran. Naturalmente que añoraba a la familia y a sus amigos, pero desarrolló un supremo instinto de supervivencia y se adaptó a la perfección allá en Madrid. Sus veinte compañeros de aula también eran forasteros y entre ellos se profesaban el afecto necesario para escapar de los malos trances. Qué difícil toparse con un madrileño de pura cepa. Madrid, ciudad abierta que recoge los sueños de la tropa que busca realizar sus sueños.

Sus primeros pasos profesionales se gestaron en el teatro y recuerda la obra ‘Desde arriba’ con un cariño especial porque ahí logró cierta repercusión. Por fin existía. Por fin se sentía actor. Luego fichó varias temporadas en ‘L’Alqueria Blanca’, también participó en ‘Hospital Central’ y la fama le sacudió gracias a ‘El secreto de Puente Viejo’ y ‘Tiempos de guerra’. Exigencia a raudales, no en vano rodaban un capítulo al día de ‘El secreto de Puente Viejo’. Ritmo infernal y aprendizaje máximo. En el argot, una serie diaria se bautiza como «la tira diaria», y según Álex eso es la verdadera mili para un actor. Ahí se forjó y si no se hizo hombre es porque en realidad vino ya hombretón con aquella infausta pantaná, lo cual insistimos, marca un huevo. Sólo libraban en aquella serie una semana durante el verano y otra más en Navidad. Caña a tope. Con ‘Tiempos de guerra’ además evolucionó, pues el papel le exigía esmerada preparación física y máxima coordinación a la hora de rodar las escenas violentas perfectamente coreagrafiadas. Seis meses rodando sin cesar para cumplir con el exigente calendario. Pero el oficio de actor es así y Álex no se queja.

De todas formas, su primer amor, el teatro, le sigue impregnando y recuerda con saludable nostalgia su rol en ‘Los justos’, de Albert Camus. Ahora mismo anda de gira con ‘Cyrano de Bergerac’ y le podremos ver en el Olympia a partir del 2 de noviembre. Como sigue siendo un joven de carácter y un tipo con ganas de aprender, se ha enfrascado en el visionario de la mítica serie ‘Yo, Claudio’ y disfruta observando el trabajo de esos actores ingleses que se curtieron sobre las tablas. También disfrutó como un bellaco con ‘Los Soprano’. ¿Y quién no? Al menos tres películas le marcaron: ‘Doctor Zhivago’, ‘Papillon’ y ‘La Leyenda del indomable’. O sea, Omar Shariff, Steve McQueen y Paul Newman. O sea, actores de carácter, de su misma escuela.

Al menos una vez al mes regresa a Alzira para visitar a la familia y pasear su mirada sobre los naranjos de la comarca. Está enganchado al arrocito y ahora mismo, lector empedernido, flipa con ‘A sangre fría’ de Truman Capote. Álex Gadea. Un tipo de carácter de Alzira, Ribera Alta, de sangre caliente y mediterránea. No le pierdan de vista...

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