Las Provincias

¿Quién es Vicente Roda?

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Vicente Roda, con la bata blanca que sóo sustituye por el traje. / MANUEL MOLINES

  • Acertó al elegir una profesión a la que no llegó por tradición familiar. En el camino hacia el éxito le ayudó su mujer, la compañera de carrera que sacrificó su futuro por el de él. Hoy comparrte clínica con un hijo, al que alienta. «Tú ya prácticamente sabes lo que yo sé, ahora lo que tienes que hacer es superarme», le dice

Confiesa que le gusta llevar corbata y un traje que sustituye únicamente por la bata blanca de trabajo, mientras cubre con una cortina opaca de consulta de óptico las excelentes vistas a la plaza de los Pinazo, uno de los lugares más transitados de Valencia. Vicente Roda, presidente del Colegio de Ópticos, ya ha llegado a ese momento de su vida en que trabaja por placer, que pasa consulta porque le gusta su día a día, consciente sin embargo de que puede estar llegando la fecha de caducidad como profesional. Mientras, tiene la sala de espera llena de personas que le buscan porque, sencillamente, su especialidad son los casos complejos.

-¿Por qué ya a punto de llegar a la jubilación decidió plantearse lo de ser presidente del Colegio de Ópticos?

-A mí el mundo de la óptica me ha dado mucho y creo que tengo que devolver algo a la profesión. Yo no llegué por tradición familiar. Cuando acabé el Preuniversitario mi padre me preguntó qué quería estudiar y yo, que tenía aficiones como la astronomía y la fotografía, vi una opción en la óptica. Entonces sólo se cursaba en Madrid y ahí estuvo la puntilla. Efectivamente, fue un gran acierto.

-Pero siguió estudiando después de acabar su formación. ¿Necesitaba saber más?

-Llegué a estar tres años en la Universidad de Pensilvania, y aquello fue un revulsivo para mí. La mente se abre, la perspectiva se modifica. Yo les digo a mis alumnos que como profesor asociado voy a la facultad a compartir con ellos mis conocimientos, que no me compliquen la vida: «Quien quiera venir a estudiar y a aprender, yo encantado; quien quiera hacerme la puñeta se puede quedar en casa». Porque con 500 euros y pico está claro que no vivo de ello, una ocupación con la que además te sientes obligado a dar conferencias, charlas, visitas a otras facultades… Ahora, tiene una parte positiva muy buena, y es que rejuveneces.

-Estudiar lo que uno quiere en los años sesenta no debió de ser fácil. Lo normal era seguir con la profesión familiar.

-Yo tuve esa opción y eso se lo tengo que agradecer sobre todo a mis padres. Me dio un sentido mayor de responsabilidad, que además venía inculcado a nivel familiar. Y reconozco que fui mucho mejor estudiante en la carrera que en el bachiller por ese motivo. La siguiente canción es que gracias a mi mujer, que era compañera de carrera, pude seguir mi formación.

-¿Sacrificó ella su profesión?

-Totalmente, es una realidad. Mientras ella cuidaba a los niños yo me iba a Estados Unidos. A veces me dice que no se lo agradezca tanto, pero es que es muy cierto. Estuvimos viviendo en Zaragoza, de donde es ella, y allí fue mi suegro quien me dio otra perspectiva empresarial que me sirvió de mucho para montar esta clínica de optometría. Ahora está conmigo uno de mis hijos.

-¿Le inculcó la vocación?

-Qué difícil es trabajar con los hijos. Siempre hago el mismo comentario con amigos, y es que nunca les impongas un criterio, que cuando esté en la consulta de al lado y tenga un aprieto sea él quien te venga a buscar. A mí me ha dado buen resultado y de hecho confío plenamente en él. Yo le digo ahora: «Tú ya prácticamente sabes lo que yo sé, ahora lo que tienes que hacer es superarme».

-Con 67 años ha entrado en una edad en la que podría perfectamente irse a su casa a descansar.

-No tengo la necesidad de jubilarme, me siento útil todavía. Reconozco que mi fortaleza ya no es la misma que hace diez años. Calculo que tengo que programarme para que en un par de años pueda ir dejándome cosas, que uno tiene que ser consciente de que esto no es eterno. Así me voy mentalizando. Pero mi profesión es mi hobby y significa que no tengo horas. Trabajo aquí y cuando llego a casa me meto en el despacho y sigo. Llevé a mis nietos a Eurodisney y después de comer, que siempre tengo que descansar un poco, me metí en el hotel con un libro por una tesis doctoral.

-Perder la visión debe ser uno de los temores más grandes de cualquier persona.

-Así es. Nunca hay que olvidar que estás trabajando con personas. No somos médicos pero gracias a la parte clínica, a la tecnológica y también a la humanística, que debería incluirse también en la formación, podemos ofrecer algunas soluciones, que siempre, por desgracia, son parciales.

-¿Olvida en algún momento que es óptico?

-Pocas veces. Con las amistades de la infancia, jugando al golf... Lo que más me gusta es el paseo, disfrutar del aire libre.

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