Las Provincias

En familia... con Verónica y Victoria Pons

  • Eligieron que además de hermanas serían amigas y han terminado por compartirlo todo

Son hermanas, comparten profesión, sentido del humor, recuerdos y tienen una compenetración total. Victoria y Verónica Pons Soria, además, desbordan una energía contagiosa. Quedamos para hacer la entrevista en su consulta de la calle Hernán Cortes, lugar que para ellas es como su segunda casa y que han decorado con esmero. «Aquí está nuestro sello. Queríamos un sitio acogedor en el que la gente se sintiera como en casa. De entrada venir al dentista es algo que a muchos no les resulta agradable, por eso la idea era crear un espacio relajante en el que estén presentes dos de nuestras pasiones, el arte y la decoración», explica Verónica.

Ambas pasaron su infancia en Valencia, estudiaron la carrera de Odontología en Madrid y después se instalaron en Barcelona para hacer un máster. La elección profesional les viene de familia, pues su madre, Elena Soria, es una de las dentistas con más experiencia de la ciudad, con 35 años de servicio a sus espaldas. Victoria y Verónica han vivido el día a día de las clínicas desde pequeñas, ya que algunas tardes, tras las clases, iban a visitar a su madre y de paso merendaban allí y aprovechaban para hacer los deberes en el despacho.

Cuenta Victoria que la profesión ha avanzado mucho, que han pasado «de ser los barberos de Sevilla a llevar a cabo un trabajo reconocido, respetado y de vanguardia», y que ahora prima la salud de la boca, pero también desempeña un papel esencial la estética. «La gente ya no se conforma sólo con que le arregles las caries. Ahora todo el mundo quiere, además de una boca sana, tenerla bonita. Aún vamos muy por detrás del resto de Europa. Los italianos, los franceses o los suecos dan una importancia enorme a la estética».

Para Verónica ha sido fundamental asumir el reto de conjugar dos mundos muy distantes entre sí, el estilo de la vieja escuela, donde el médico o el dentista además de hacer su trabajo establecían vínculos personales con el paciente, y los códigos que rigen los nuevos tiempos. «Nosotras hemos cogido lo mejor de cada tiempo. Por un lado vamos en paralelo a la estela de tecnología que hace avanzar nuestra profesión, pero por otro seguimos ofreciendo ese trato personalizado de antes».

Las hermanas Pons Soria recuerdan su infancia como «una etapa muy bonita», y han terminado compartiendo muchos aspectos, incluidas las amigas y la profesión. «Menos el marido, todo», bromea Verónica, que espera a su primera hija. Le pregunto qué elementos de la niñez junto a su hermana le gustaría rescatar y replicar con la pequeña y me habla de su paso por el colegio de monjas y de los valores que perduran y que considera fundamentales: humanidad, amistad y respeto a los demás. «Antes no se te ocurría levantar la voz a tus padres, mientras que ahora ves por ahí a muchos niños que se han convertido en los reyes de la casa. Es muy importante aprender a hablar con propiedad, ser educado, saber estar en cualquier lugar, estar sentado en una mesa», precisa. De cara al futuro, Verónica confiesa que preferiría que su hija se dedicara al mundo del Derecho, siguiendo el ejemplo que le marca su padre, Ignacio Castillo, reputado abogado penalista.

Tienen un recuerdo especial de los muchos viajes que han realizado juntas y en compañía de sus padres, experiencias familiares muy gratificantes que les han llevado a visitar destinos como Nueva York, Santo Domingo, México o Finlandia. «Si me preguntas que dónde me gustaría perderme con mi hermana, sin ninguna duda te diré que Formentera. Es una escapada que hemos hecho muchas veces y que vamos a seguir repitiendo en el futuro. Ahora tenemos pendiente irnos a la Toscana, nosotras solas, es nuestro viaje», confiesa Victoria.