Las Provincias

En familia con Álvaro y Fernando Ibáñez

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Estudiaron BUP y COU en el antiguo colegio Jesuitas, al que regresan para el reportaje. / IRENE MARSILLA

  • Abogado el uno, empresario el otro, huyen del rigor de sus profesiones a través del fino sentido del humor que heredaron de sus padres en aquella infancia en que «te buscabas la vida para jugar»

Estrenan esta sección de personajes unidos por un parentesco familiar los hermanos Álvaro y Fernándo Ibáñez, abogado y empresario respectivamente, padres de familia y dotados ambos de un sentido del humor inteligente y una bonita sonrisa que además es contagiosa. La cita es en el antiguo colegio Jesuitas, hoy reconvertido en Centro Arrupe, donde los Ibáñez estudiaron BUP y COU y forjaron las firmes amistades que todavía conservan. «La familia de nuestro padre vivía en Fernando el Católico y ha sido siempre un barrio muy cercano a nosotros. Empezamos a estudiar en las Escuelas. Como vivíamos fuera, en una urbanización, era nuestro centro en Valencia», explica Fernando. En uno de los pasillos señalan las antiguas orlas que atestiguan su paso por el centro y no pueden evitar lanzarse alguna pullita de esas que sólo bordan los hermanos.

Álvaro quería ser piloto de Iberia pero, al suspenderse un programa de formación justo el año en que él terminaba el colegio, decidió matricularse en Derecho. «Me centré en el tema procesal. Luego empecé a trabajar con mi hermano y a despegar de manera profesional. Tras pasar un periodo trabajando en una firma, hace más de un año monté mi propio despacho. Me interesa el trato más personal con la gente y enfocar mi trabajo a la empresa», detalla.

Fernando, por su parte, estudió Económicas y al empezar a trabajar en el sector financiero conoció a Paco Álvarez, que era vicepresidente de la Bolsa de París y en ese momento tomaba la dirección de la de Valencia. «Empezamos a trabajar juntos. Él me transmitió su visión de lo que es un banco por dentro. En 2003 montamos Ética, cuyo objetivo es asesorar al cliente poniendo el valor en él. Paco se jubiló y a los tres meses le llamaron para ser director general de Economía».

Para ambos fueron una buena experiencia los años de universitarios que trabajaron en El Corte Inglés, el lugar donde estuvo empleado su padre toda la vida hasta que murió hace casi una década. «Empezamos con 18 años. Hacerlo nos transmitió valores como la disciplina, el saber estar, el llevar un traje o la habilidad para vender», detalla Fernando.

Cuando les pido que me hablen de su infancia, ellos la definen como «la típica de los ochenta», con unos padres que se desvivían por ellos y supieron transmitirles cualidades tan importantes como el trabajo, la seriedad o la responsabilidad. «Ellos tenían los roles de educación muy diferenciados, mi padre era más cabeza y mi madre más corazón. En lo que coincidían los dos era en el sentido del humor, eso era igual con los abuelos y el resto de la familia», revela Álvaro. Fernando recuerda que tanto ellos como su hermana Lorena gozaron de mucha autonomía, lo que en su opinión favoreció su desarrollo. «Creo que ahora se da una sobreprotección por parte de los padres y eso genera niños con pocos recursos. En aquella época todos los fines de semana no había que hacer grandes planes. Tu padre leía el periódico y tú te buscabas la vida para jugar».

Para ellos Valencia despierta de un letargo. «En España somos mejores en todo. Si hay una crisis el país se hunde pero cuando llega la recuperación somos los primeros en salir. Y dentro de España, la Comunitat Valenciana es la primera en despegar», asegura Fernando, que acaba de presentar una iniciativa con el fin de utilizar la cultura para mejorar la reputación de las empresas.

«¿Qué habéis replicado de vuestra propia experiencia en los hijos?», me intereso. «Las broncas que me soltaba mi padre ahora las suelto yo iguales. Sí que les estoy intentando inculcar la importancia de los hermanos. Aunque no quieras, la historia se repite».