Las Provincias

Alegría Montoro recibe a LAS PROVINCIAS en su laboratorio.
Alegría Montoro recibe a LAS PROVINCIAS en su laboratorio. / DAMIÁN TORRES

¿Quién es Alegría Montoro?

  • Doctora en ciencias biológicas y secretaria de la plataforma nacional de I+D en protección radiológica

Hace honor a su nombre Alegría Montoro, una brillante bióloga que se ha hecho un hueco en el campo de la ciencia gracias a un tesón aplicado, también, a su vida personal. Sacrificio no le faltó a esta mujer optimista, que luce una incipiente barriga de embarazada, cuando trabajaba sin cobrar en un laboratorio y servía tras una barra para conseguir aquello por lo que tanto soñaba, ser esa prometedora investigadora. Ella, que fue antinuclear en su época de estudiante, es ahora la responsable de un departamento en el servicio de protección radiológica del hospital La Fe, pero además estudia las propiedades de alimentos como el propóleo, el resveratrol de la uva o la cúrcuma para combatir enfermedades.

-No tuvo unos inicios fáciles.

-Mis padres se arruinaron y para pagarme la carrera debí trabajar de camarera. Lo he pasado muy mal pero yo creo que me ha hecho ser mejor persona, más humilde, y ser amable con la gente. Ahora tengo un montón de respeto por los camareros, porque es una profesión muy dura.

-¿Qué se ha perdido por tener ese trabajo?

-Me he perdido divertirme con los amigos los fines de semana y he tenido que aguantar a hombres que piensan que por estar detrás de una barra pueden proponerte cosas, sin ningún respeto. Pero aprendes mucho. E incluso he sacado cosas positivas, porque un día apareció el que es ahora mi jefe y me propuso trabajar aquí, aunque me dijo que tenía que ser gratis. Fue un año sin cobrar, pero lo asumes. Después vino también al lugar donde yo trabajaba el anterior subdirector de La Fe, que al verme me preguntó: «¿Qué haces aquí?» Le contesté que no me pagaban, y me aseguró que lo solucionaría.

-Debe de ser duro no poder dedicarse en cuerpo y alma a lo que uno quiere por falta de recursos.

-He hecho de todo, he limpiado, he pintado casas e incluso he trabajado de modelo, aunque lo dejé muy pronto. La primera vez era un desfile de medias y allí había hombres que lo miraban todo menos el producto que se vendía. La segunda vez, en unas pruebas de bañadores, el dueño de la empresa me dijo que me cambiara delante de él. Me largué. Vi que aquel mundo no era para mí.

-Tenía claro por lo que luchaba.

-Me gusta mucho lo que hago. Recuerdo por ejemplo cuando trabajé en un estudio de salud de niños en Chernóbil (la ponencia fue reconocida por la comunidad científica). Después de la tesis también estuve un año sin cobrar y casi me da una depresión porque no quería volver a ser camarera. Entonces ya tenía pareja y me propuso mantenerme, aunque reconozco que aquella situación no me gustaba demasiado.

-¿También es científico su marido?

-No, él es empresario, y lo conocía del colegio. Nuestra historia es muy curiosa, porque nosotros íbamos a clase juntos desde los tres años. A los nueve me enamoré de él, nos casamos en broma a los once, estuvimos juntos hasta COU y después todos los novios que he tenido sabían que era mi amor platónico, hasta que lo conseguí por cabezota.

-Va a ser madre por segunda vez. ¿Existe algún truco para compatibilizar en su caso?

-Hay mujeres, sobre todo empresarias, a las que les molesta que lo diga, pero a mí me han propuesto montar empresas por la tarde y yo me niego porque tengo un hijo. Respeto a las mujeres que lo hacen, pero acabo a las tres y tengo la suerte de poder recogerlo en el colegio y dedicarle toda la tarde. Sin embargo voy haciendo cosas a ratos, por ejemplo ayer, esperando en el ginecólogo y mientras mi marido jugaba con mi hijo, yo leía un artículo. Mario me pregunta: «Mamá, ¿por qué no trabajas en Mercadona?» Quiere que me lo deje, y yo le contesto que a mí me gusta mucho lo que hago. Al final no estamos en la obra. Hay mucha gente que se queja pero en realidad somos unos privilegiados.

-¿Y la historia de su nombre? Porque coincidirá conmigo en que no es muy común.

-Mi madre tuvo su primer parto por cesárea y yo, la segunda de seis hermanos, nací de parto natural, así que estaba muy contenta. Mi padre vio que en el santoral ese día era Nuestra Señora de la Alegría y entonces dijo que venía muy bien el nombre. La verdad es que me gusta porque creo soy muy optimista y va con mi carácter. Si hubiera tenido una hija habría repetido, pero viene otro chico. Mi padre también ha sido siempre muy divertido y recuerdo que un día le dijimos: «Papá, queremos un coche descapotable». Cogió su ranchera y le quitó el techo con una radial. Mi madre decía que estaba loco. Y así soy yo también, que tengo un pasado heavy (ríe a carcajadas).