Las Provincias

La casa de María José Guinot

La casa de María José Guinot es un ejemplo de sofisticación y contrastes.
La casa de María José Guinot es un ejemplo de sofisticación y contrastes. / JUAN J. MONZÓ
  • En la imponente vivienda que la empresaria del mueble posee en Burriana impera la imaginación

La casa de María José Guinot en Burriana es un perfecto reflejo de su propietaria: sofisticada, diferente, expresiva, llena de color, de contrastes, de recuerdos y piezas que la hacen muy especial. Fue en los años noventa cuando dio con esta vivienda antigua que había pertenecido a Muñoz Peirats. Una vez visto el potencial que encerraba, afrontó una restauración que implicaba remodelarla por completo. María José recuerda ahora aquella etapa. «La casa estaba hecha polvo, las habitaciones eran muy pequeñas y numerosas, la estructura se encontraba hundida y hubo que levantarla 80 centímetros y reforzar todos los pilares. Fue un trabajo de tres años», recuerda.

La fachada es de corte clásico y nos recibe rotunda, rodeada de una vegetación exuberante. En su interior toma protagonismo el acogedor salón de cien metros cuadrados que conjuga diferentes ambientes. En él encontramos uno de los primeros sofás que diseñó María José para su firma. «Las columnas son del siglo XVI y pertenecieron a un palacio de la India. Las puertas eran del mismo edificio. Las mesas también son de la India. La del salón, por su parte, la diseñé adrede porque este comedor es cuadrado y no encontraba ninguna que se adaptase perfectamente al espacio».

De una de las paredes pende un tabriz persa hecho a mano, mientras que sobre un pedestal reposa la escultura de un ángel del siglo XVI y en otra pared se ubica la colección de cloisonnes. «Sólo se hacen en China. Echan el pigmento y la línea de cobre que hay en medio es lo que hace que el color no pase a los dos lados». María José Guinot siente predilección por los colores y, durante los años que estudió en Bellas Artes, recuerda cómo los profesores destacaban su especial talento para combinar los distintos tonos. De entre todos ellos, confiesa que siente predilección por el turquesa, de ahí la importancia que le ha dado en el salón, que enlaza con el exterior.

En los meses de invierno le gusta disfrutar en familia de la chimenea, cuyo frontal es el marco de un paso indio. La planta baja alberga dos cocinas, cada cual para un uso muy específico: «Una está pensada para que guise yo, y en ella a veces me reúno con mis amigos, mientras que luego está la cocina de trabajo. Además, hay un apartamento de invitados independiente que dispone de dos habitaciones y un baño. También tenemos un bar que da servicio a la zona de exterior y al salón».

En la planta superior está el espacio destinado al descanso, idéntica utilidad que persigue la agradable terraza de reminiscencias orientales, con suelo de pizarra, muebles en madera trabajada, columnas y puertas del siglo XVI traídas de Oriente, así como una exótica piscina que remata el conjunto.

Explica María José que la propiedad supone un reflejo fiel de lo que es Colección Alexandra, una empresa familiar con marcado carácter internacional. «Exportamos el 98% de nuestra producción. Vendemos en Oriente Medio, China o Kazajistán. Ahora hemos empezado la expansión en Estados Unidos». En la casa abundan las antigüedades, recuerdos familiares, objetos de viajes y piezas propias que la convierten en un espacio lleno de contrastes en el que no hay normas. Es una de las premisas que se ha marcado María José Guinot: «Doy rienda suelta a mi imaginación porque esta casa soy yo y representa mis vivencias. Mis distintos momentos vitales se reflejan en ella».