Distinguido señor, soy un admirador de sus escritos cotidianos en el periódico valenciano LAS PROVINCIAS. Hace unos días eché de menos su escrito, y el jueves leí con fruición 'Ensayo general' y me reencarné en él pero, con 12 años menos.
Precisamente el jueves, y con anterioridad a leer su columna, el médico me hizo comprender la necesidad del uso de un bastón para caminar. Las enfermedades, mi estimado señor, siempre se acercan a nosotros con sigilo y se posicionan en nuestro interior más íntimo al descuido. Para más tarde, y cotidianamente hacerse íntimas e inseparables.
Al ser ateo, no le puedo decir que rezaré por su salud, pero sí que, desde lo más profundo de mi corazón le deseo lo mejor, larga vida y que todo lo paliativo que le receten le ayude a seguir escribiendo para deleite y gusto de los buenos paladares.
















