La adquisición de viviendas por parte de extranjeros en 2011 se aproximó a las cifras de 2008, según los datos que manejan los notarios. Con el 32% de las ventas, la Comunitat Valenciana concentra un tercio de este tipo de operaciones, siendo la provincia de Alicante la que agrupa la práctica totalidad de las mismas, con el 88% del total regional. Los ciudadanos del Reino Unido siguen siendo los primeros en volumen de transacciones, si bien muchas de ellas se producen entre nacionales de dicho país. A continuación se sitúan rusos, suecos, noruegos y franceses. La reactivación de este mercado es una buena noticia para la economía valenciana, que necesita rebajar cuanto antes el stock de viviendas acumuladas en los últimos años, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sólo así se podrá volver a poner en marcha un sector que es clave y estratégico para el desarrollo de la Comunitat. Los niveles de construcción anteriores a la crisis no se van a recuperar, y probablemente es bueno que así sea, pues se ha demostrado que una excesiva dependencia del ladrillo acaba pasando factura. Pero una comunidad que tiene en el turismo uno de sus elementos dinamizadores, necesita que la actividad urbanizadora funcione, generando empleo y riqueza. El incremento de las ventas a extranjeros de viviendas situadas preferentemente en la costa permite albergar esperanzas de un lento pero progresivo relanzamiento del sector. El proyecto de la Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente para comercializar segundas residencias en Europa puede ayudar a que esa salida del túnel sea más rápida y eficaz.
















