El gran poeta valenciano, y español por lo tanto, Ausias March pensó y escribió: "qui més sap te més dubtes", tanto por su conocimiento de los clásicos, presentes profusamente en su nutrida biblioteca, como por convencimiento propio debido a un alto nivel intelectual. El dogmatismo es el producto de todo lo contrario, escasez de lo primero y bajura de lo segundo.
En las últimas semanas un autobús recorre las calles de Barcelona con una consigna, leyenda o mensaje, negando rotundamente la existencia de Dios. Lleva también una fuerte carga agnóstica, como demostración de la incapacidad de los remitentes. Amenazan, también, con otros autobuses con iguales mensajes recorriendo las calles de otras ciudades y, quién sabe, si también lo extenderán a todo el mundo, incluso al espacio infinito para que se enteren en el más allá.
Ignoramos de dónde ha surgido y partido esta idea, qué grupo la sustenta y con qué fines, que sin duda son doctrinarios dado que pretenden propagarla para que sea asumida por toda la sociedad.
"Hay gente pa to", frase célebre ya de un recordado torero que se puede aplicar a estas gentes o grupos. Sustentada en una negación, poca sustancia o cuerpo doctrinal puede contener, salvo el que se desprende de ella misma. Da lástima, pues, tanto esfuerzo para tan pobres resultados como son previsibles.
La idea del más allá y, consecuentemente, la existencia de un Dios único, monoteísmo, o de varios/muchos, politeísmo, es una conquista de la Humanidad que surge de la más vieja prehistoria y que se ha ido desarrollando y depurando a medida que ha ido progresando nuestro nivel de conocimientos.
Si desde un principio, desde los primeros balbuceos de su existencia, surge como explicación del mundo y de lo sobrenatural ininteligible, frente a lo cual continúan situándose los agnósticos, se le añade de inmediato el concepto de fuerza protectora; la debilidad humana, frente a las fuerzas de la naturaleza, le obliga a ello.
A la explicación y protección inicial se le añade pronto la esperanza y estos tres conceptos se han ido desarrollando progresivamente con ayuda de la ciencia.
Es cierto que, en el nombre de Dios, se han cometido innumerables crímenes, contra los humanos y contra la Humanidad, pero no es menos cierto que desde el ateísmo y contra los creyentes se ha intentado igualarlo y superarlo.
El monoteísmo es la principal conquista de la Humanidad y el cristianismo el único que puede ser capaz, desde la ciencia y la investigación, mandatos bíblicos, acercándose al conocimiento del mundo acercarse al conocimiento de Dios, necesariamente unidos.
Nuestro recordado y querido amigo, medio paisano, Alberto Sols, premio Príncipe de Asturias, eminente investigador en el campo de la bioquímica, afirmaba que el ser humano es algo más que una aglomeración y combinación de elementos químicos que, incluso cuando los esenciales se encuentran juntos y adecuadamente combinados, es imposible que por ello y sin más surja la vida, se necesita algo más, un soplo, un aliento y ahí se encontraba Dios según Alberto.
Pero es que, además, la creencia en Dios es el sustento de la esperanza, y, sin ella, la vida queda vacía, aparece como algo inútil, torpe, innecesario. Es cierto que la esperanza, hoy, todavía se sustenta en la fe, porque la ciencia no es capaz de dar respuesta a la eterna pregunta que, por cierto, los ateos afirman conocer.
Mas, con respuesta o sin respuesta, ¿qué pretenden los ateos? Eliminar la esperanza, ¿para qué? Para que se disfrute del mundo, de la vida. ¿Lo disfrutan más ellos?, ¿viven mejor ellos?, ¿ pueden tener por ello y tienen más placeres?, ¿su gusto está más vivo y desarrollado?, ¿ su tacto es más sensible?, ¿su vista es más aguda?, ¿comen más veces al día sin preocuparles la gula?, ¿al no preocuparles la lujuria su vida es una vorágine en este sentido y la stripper de Picassent visita habitualmente su domicilio?, ¿se pueden permitir dedicar los intervalos entre una y otra actividad, a dormir a pierna suelta despreciando la pereza, lo que les permite no dar ni golpe? Si la respuesta que pueden dar a todo esto es afirmativa, ¡bingo!
Se puede aceptar y poner en práctica el carpe diem desde la más profunda creencia, sin necesidad de recurrir a lo que se denominan vicios. Los creyentes, con nuestra fe y con nuestra esperanza, disfrutamos del día y de la vida tanto o más que ellos, quizá más porque no somos dogmáticos y porque no tenemos la obsesión de imponer nuestras ideas de manera tan torpe y tan absurda.
En las últimas semanas un autobús recorre las calles de Barcelona con una consigna, leyenda o mensaje, negando rotundamente la existencia de Dios. Lleva también una fuerte carga agnóstica, como demostración de la incapacidad de los remitentes. Amenazan, también, con otros autobuses con iguales mensajes recorriendo las calles de otras ciudades y, quién sabe, si también lo extenderán a todo el mundo, incluso al espacio infinito para que se enteren en el más allá.
Ignoramos de dónde ha surgido y partido esta idea, qué grupo la sustenta y con qué fines, que sin duda son doctrinarios dado que pretenden propagarla para que sea asumida por toda la sociedad.
"Hay gente pa to", frase célebre ya de un recordado torero que se puede aplicar a estas gentes o grupos. Sustentada en una negación, poca sustancia o cuerpo doctrinal puede contener, salvo el que se desprende de ella misma. Da lástima, pues, tanto esfuerzo para tan pobres resultados como son previsibles.
La idea del más allá y, consecuentemente, la existencia de un Dios único, monoteísmo, o de varios/muchos, politeísmo, es una conquista de la Humanidad que surge de la más vieja prehistoria y que se ha ido desarrollando y depurando a medida que ha ido progresando nuestro nivel de conocimientos.
Si desde un principio, desde los primeros balbuceos de su existencia, surge como explicación del mundo y de lo sobrenatural ininteligible, frente a lo cual continúan situándose los agnósticos, se le añade de inmediato el concepto de fuerza protectora; la debilidad humana, frente a las fuerzas de la naturaleza, le obliga a ello.
A la explicación y protección inicial se le añade pronto la esperanza y estos tres conceptos se han ido desarrollando progresivamente con ayuda de la ciencia.
Es cierto que, en el nombre de Dios, se han cometido innumerables crímenes, contra los humanos y contra la Humanidad, pero no es menos cierto que desde el ateísmo y contra los creyentes se ha intentado igualarlo y superarlo.
El monoteísmo es la principal conquista de la Humanidad y el cristianismo el único que puede ser capaz, desde la ciencia y la investigación, mandatos bíblicos, acercándose al conocimiento del mundo acercarse al conocimiento de Dios, necesariamente unidos.
Nuestro recordado y querido amigo, medio paisano, Alberto Sols, premio Príncipe de Asturias, eminente investigador en el campo de la bioquímica, afirmaba que el ser humano es algo más que una aglomeración y combinación de elementos químicos que, incluso cuando los esenciales se encuentran juntos y adecuadamente combinados, es imposible que por ello y sin más surja la vida, se necesita algo más, un soplo, un aliento y ahí se encontraba Dios según Alberto.
Pero es que, además, la creencia en Dios es el sustento de la esperanza, y, sin ella, la vida queda vacía, aparece como algo inútil, torpe, innecesario. Es cierto que la esperanza, hoy, todavía se sustenta en la fe, porque la ciencia no es capaz de dar respuesta a la eterna pregunta que, por cierto, los ateos afirman conocer.
Mas, con respuesta o sin respuesta, ¿qué pretenden los ateos? Eliminar la esperanza, ¿para qué? Para que se disfrute del mundo, de la vida. ¿Lo disfrutan más ellos?, ¿viven mejor ellos?, ¿ pueden tener por ello y tienen más placeres?, ¿su gusto está más vivo y desarrollado?, ¿ su tacto es más sensible?, ¿su vista es más aguda?, ¿comen más veces al día sin preocuparles la gula?, ¿al no preocuparles la lujuria su vida es una vorágine en este sentido y la stripper de Picassent visita habitualmente su domicilio?, ¿se pueden permitir dedicar los intervalos entre una y otra actividad, a dormir a pierna suelta despreciando la pereza, lo que les permite no dar ni golpe? Si la respuesta que pueden dar a todo esto es afirmativa, ¡bingo!
Se puede aceptar y poner en práctica el carpe diem desde la más profunda creencia, sin necesidad de recurrir a lo que se denominan vicios. Los creyentes, con nuestra fe y con nuestra esperanza, disfrutamos del día y de la vida tanto o más que ellos, quizá más porque no somos dogmáticos y porque no tenemos la obsesión de imponer nuestras ideas de manera tan torpe y tan absurda.




