Vida y Ocio
Cadena de amor
Historia de la sucesión de favores que permitieron salvar la vida de 'Hommer'

Las personas somos muchas veces crueles con los animales y desgraciadamente todos los días hay noticias que lo confirman, pero en alguna ocasión mostramos nuestros sentimientos más nobles y actuamos con generosidad, solidaridad y compasión para salvar la vida de uno de ellos.
Hommer, un mestizo de mastín de ocho meses, puede dar fe, ya que en su corta existencia ha conocido ejemplares de lo peor y lo mejor de nuestra especie; de lo peor porque tuvo unos dueños desalmados que fueron capaces de abandonarlo en una carretera; de lo mejor porque a partir de ese momento y su posterior atropello sólo ha encontrado en su camino personas que lo han cuidado y protegido, tejiendo a su alrededor una cadena de solidaridad en la se han ido añadiendo eslabones uno a uno para lograr no sólo curarlo sino encontrarle un hogar.
Nada sabemos de su vida anterior, excepto que tuvo la desgracia de pertenecer a unos indeseables sin piedad y sin ética a los cuales no les importaba que lo atropellaran ni tampoco causar accidentes cuyas consecuencias hubieran podido ser todavía más graves e involucrar a más víctimas.
La historia de Hommer empieza para nosotros a partir del momento de su atropello…
Acababa de iniciarse la madrugada del jueves 8 de mayo cuando en una carretera del término de Massamagrell un joven conductor al doblar una curva se cruzó con un perro de gran tamaño. Dio un volantazo para no atropellarlo y consiguió no alcanzarlo de lleno ,lo que hubiera supuesto una muerte segura, pero no pudo evitar darle un fuerte golpe en el flanco que lo dejó inerte y gimiendo en el suelo.
Lejos de continuar su viaje como si no hubiera pasado nada y dejar al pobre animal retorciéndose de dolor y de miedo, el joven conductor cuyo nombre ignoro (primer eslabón) aparcó su abollado coche en el arcén y llamó desde su móvil a la Policía local de Massamagrell (segundo eslabón). Trasladaron al perro herido a una clínica de urgencias de la localidad donde lo tuvieron toda la noche y le realizaron una cura de urgencia por un módico precio ,en consideración a las circunstancias (tercer eslabón). El importe de esta cura fue pagado a medias entre el conductor y los policías.
Al ser un perro abandonado y estar en una zona bajo la jurisdicción de la Mancomunitat de l´Horta Nord acudió a recogerlo el infatigable y ubicuo José María, lacero de la perrera dependiente de la misma (cuarto eslabón), quien lo trasladó con todo cuidado, para no hacerle daño en la pata herida ,hasta la clínica que los veterinarios de la perrera, los Carlos, (quinto eslabón) tienen en Puzol, a fin de que evaluaran su estado y vieran qué posibilidades tenía de sobrevivir, ya que un perro de esa envergadura necesita un buen esqueleto que sustente su peso.
Allí le dieron un tratamiento de choque para evitar la infección y le hicieron radiografías. Vieron que podía salir adelante, correr y saltar, pero que necesitaba una operación un poco complicada.
Pilar (sexto, séptimo y octavo eslabón) -ángel de la guarda de las perreras y presidenta de RefugioCan, ONG de protección animal que colabora, entre otras, con la perrera de la Mancomunitat- llamó al Presidente de la misma, José Tamarit, para explicarle el caso y pedirle que se hiciera cargo del importe de la operación del perro accidentado, al que bautizó como Hommer, ya que entre las obligaciones de la perrera -según la ley de protección animal de la Comunidad Valenciana- se incluye la de socorrer a los animales que lleguen heridos. El Presidente (noveno eslabón) se portó como el caballero que es, reconociendo la veracidad de su argumento y asumiendo en consecuencia el coste de la operación.
Así pues Hommer fue operado en una larga intervención en la que se le implantó una placa metálica sujeta por tornillos.
Entonces se planteó otro problema: ¿Dónde iba a pasar Hommer su convalecencia?
En la perrera corría un serio peligro de infección con una herida tan grande y tan abierta y en la clínica no podía quedarse tanto tiempo.
Ahí volvió a intervenir Pilar para reclutar entre sus colaboradores a Vicente (décimo eslabón) quien habilitó un espacio escrupulosamente limpio donde todavía lo está cuidando, medicando y socializando. Hubo momentos en los que temió por su vida pues no comía y tenía fiebre ,no sabíamos si tendría una infección interna y sin remedio, pero gracias a San Francisco de Asís lo superó y ahora, aunque todavía lleva los hierros y aún cojea, está fuerte y alegre y juega y salta como si no le hubiera pasado nada.
Sólo quedaba pendiente saber donde iba a ir una vez terminada la convalescencia, pues Vicente no lo podía albergar de una forma definitiva y ya se sabe que cuando le salvas la vida a alguien te conviertes en responsable de la vida que has salvado.
El perro había sufrido mucho y se merecía un lugar donde le compensaran por ese sufrimiento.
De nuevo intervino Pilar que, con la colaboración de su equipo y las preciosas fotos de Amalia (undécimo eslabón), le encontró una persona muy adecuada: María José (duodécimo y último eslabón de esta cadena de amor) quien no sólo le va a dar su afecto y un hogar, sino también una compañera: una perrita igualmente rescatada de la perrera y debidamente esterilizada para que estén juntos sin tener descendencia ya que María José, como todas las personas que se preocupan de verdad por el bienestar de los animales, es muy consciente de que hay que poner un freno a su reproducción para que no se produzcan abandonos.
Descubrir personas como éstas me devuelve la fe en la especie humana y espero que a Hommer le suceda lo mismo…
Por cierto, si os encontráis con él, llamadle Rupho que es el nombre que ha elegido María José para su nueva vida.
Hommer, un mestizo de mastín de ocho meses, puede dar fe, ya que en su corta existencia ha conocido ejemplares de lo peor y lo mejor de nuestra especie; de lo peor porque tuvo unos dueños desalmados que fueron capaces de abandonarlo en una carretera; de lo mejor porque a partir de ese momento y su posterior atropello sólo ha encontrado en su camino personas que lo han cuidado y protegido, tejiendo a su alrededor una cadena de solidaridad en la se han ido añadiendo eslabones uno a uno para lograr no sólo curarlo sino encontrarle un hogar.
Nada sabemos de su vida anterior, excepto que tuvo la desgracia de pertenecer a unos indeseables sin piedad y sin ética a los cuales no les importaba que lo atropellaran ni tampoco causar accidentes cuyas consecuencias hubieran podido ser todavía más graves e involucrar a más víctimas.
La historia de Hommer empieza para nosotros a partir del momento de su atropello…
Acababa de iniciarse la madrugada del jueves 8 de mayo cuando en una carretera del término de Massamagrell un joven conductor al doblar una curva se cruzó con un perro de gran tamaño. Dio un volantazo para no atropellarlo y consiguió no alcanzarlo de lleno ,lo que hubiera supuesto una muerte segura, pero no pudo evitar darle un fuerte golpe en el flanco que lo dejó inerte y gimiendo en el suelo.
Lejos de continuar su viaje como si no hubiera pasado nada y dejar al pobre animal retorciéndose de dolor y de miedo, el joven conductor cuyo nombre ignoro (primer eslabón) aparcó su abollado coche en el arcén y llamó desde su móvil a la Policía local de Massamagrell (segundo eslabón). Trasladaron al perro herido a una clínica de urgencias de la localidad donde lo tuvieron toda la noche y le realizaron una cura de urgencia por un módico precio ,en consideración a las circunstancias (tercer eslabón). El importe de esta cura fue pagado a medias entre el conductor y los policías.
Al ser un perro abandonado y estar en una zona bajo la jurisdicción de la Mancomunitat de l´Horta Nord acudió a recogerlo el infatigable y ubicuo José María, lacero de la perrera dependiente de la misma (cuarto eslabón), quien lo trasladó con todo cuidado, para no hacerle daño en la pata herida ,hasta la clínica que los veterinarios de la perrera, los Carlos, (quinto eslabón) tienen en Puzol, a fin de que evaluaran su estado y vieran qué posibilidades tenía de sobrevivir, ya que un perro de esa envergadura necesita un buen esqueleto que sustente su peso.
Allí le dieron un tratamiento de choque para evitar la infección y le hicieron radiografías. Vieron que podía salir adelante, correr y saltar, pero que necesitaba una operación un poco complicada.
Pilar (sexto, séptimo y octavo eslabón) -ángel de la guarda de las perreras y presidenta de RefugioCan, ONG de protección animal que colabora, entre otras, con la perrera de la Mancomunitat- llamó al Presidente de la misma, José Tamarit, para explicarle el caso y pedirle que se hiciera cargo del importe de la operación del perro accidentado, al que bautizó como Hommer, ya que entre las obligaciones de la perrera -según la ley de protección animal de la Comunidad Valenciana- se incluye la de socorrer a los animales que lleguen heridos. El Presidente (noveno eslabón) se portó como el caballero que es, reconociendo la veracidad de su argumento y asumiendo en consecuencia el coste de la operación.
Así pues Hommer fue operado en una larga intervención en la que se le implantó una placa metálica sujeta por tornillos.
Entonces se planteó otro problema: ¿Dónde iba a pasar Hommer su convalecencia?
En la perrera corría un serio peligro de infección con una herida tan grande y tan abierta y en la clínica no podía quedarse tanto tiempo.
Ahí volvió a intervenir Pilar para reclutar entre sus colaboradores a Vicente (décimo eslabón) quien habilitó un espacio escrupulosamente limpio donde todavía lo está cuidando, medicando y socializando. Hubo momentos en los que temió por su vida pues no comía y tenía fiebre ,no sabíamos si tendría una infección interna y sin remedio, pero gracias a San Francisco de Asís lo superó y ahora, aunque todavía lleva los hierros y aún cojea, está fuerte y alegre y juega y salta como si no le hubiera pasado nada.
Sólo quedaba pendiente saber donde iba a ir una vez terminada la convalescencia, pues Vicente no lo podía albergar de una forma definitiva y ya se sabe que cuando le salvas la vida a alguien te conviertes en responsable de la vida que has salvado.
El perro había sufrido mucho y se merecía un lugar donde le compensaran por ese sufrimiento.
De nuevo intervino Pilar que, con la colaboración de su equipo y las preciosas fotos de Amalia (undécimo eslabón), le encontró una persona muy adecuada: María José (duodécimo y último eslabón de esta cadena de amor) quien no sólo le va a dar su afecto y un hogar, sino también una compañera: una perrita igualmente rescatada de la perrera y debidamente esterilizada para que estén juntos sin tener descendencia ya que María José, como todas las personas que se preocupan de verdad por el bienestar de los animales, es muy consciente de que hay que poner un freno a su reproducción para que no se produzcan abandonos.
Descubrir personas como éstas me devuelve la fe en la especie humana y espero que a Hommer le suceda lo mismo…
Por cierto, si os encontráis con él, llamadle Rupho que es el nombre que ha elegido María José para su nueva vida.




