Jorge García-Liberós
Europa, igual que Estados Unidos y otras zonas del mundo, está sufriendo en los últimos años el despoblamiento de sus colmenas. Grandes cantidades de abejas han desaparecido perjudicando la cosecha de miel y alterando la dinámica de los ecosistemas. En España los expertos apuntan a un parásito como causante de la muerte masiva, mientras en Estados Unidos, principal afectado, se sigue una línea de investigación diferente.
La misteriosa desaparición de millones de abejas en todo Estados Unidos ha tenido a los apicultores al borde del ataque de nervios y preocupa incluso al Congreso. Aunque el fenómeno se lleva observando desde el año 2005, las primeras señales serias de este enigma surgieron poco después de las Navidades pasadas en el estado de Florida, donde los apicultores se encontraron con que muchas de las abejas se habían esfumado. Desde entonces el síndrome que los expertos han bautizado como Desorden del Colapso de las Colonias (CCD) ha provocado estragos, con especial incidencia en la costa este y el sur. Según un estudio publicado por la revista Science, más del 50% de las colonias que producen miel comercial en Estados Unidos han sido afectadas.
En las colmenas que experimentan este síndrome, las abejas adultas fallecen en el campo lejos de su colonia, abandonando la miel y el polen recogido, así como a los jóvenes y a la reina. Las consecuencias de esta muerte masiva podrían ser desastrosas porque, además de productoras de miel, las abejas domésticas garantizan la polinización del 90% de los árboles frutales y otros cultivos.
Las investigaciones que se están realizando han descartado algunas causas sobre las que se había especulado, tales como que las abejas se desorientaban con las ondas producidas por los teléfonos móviles. En la actualidad los investigadores estadounidenses creen haber localizado al causante del extraño proceso de desabejamiento. El estudio realizado por científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania, el Servicio de Investigaciones Agrícolas y la Universidad de Columbia sugiere que la causa potencial del Desorden del Colapso de las Colonias es el virus israelí de parálisis aguda (IAPV). Con la utilización de una técnica de secuenciación del ADN de las abejas, los investigadores hallaron que el IAPV era el único micro-organismo presente en casi todas las muestras de las colmenas infectadas. Según el estudio, publicado en la revista Science, este virus se importó por medio de abejas vivas desde Australia y a través de la jalea real desde China. Ahora los científicos continúan investigando para esclarecer si el virus se combina con otros factores para provocar la muerte masiva.
Investigación española
Con anterioridad a este estudio, científicos españoles analizaron muestras americanas con un resultado diferente. Según la investigación realizada en el Centro Apícola Regional de Marchamalo (Guadalajara), las abejas procedentes del continente americano están infectadas por el mismo parásito que ha causado las masiva desaparición en varios países de Europa, entre ellos España, principal productor de miel de la Unión Europea. Aquí el síndrome del despoblamiento de las colmenas también ha afectado seriamente. Según indica el Delegado Provincial de Agricultura de Guadalajara, Santos López, entre 2000 y 2005 las abejas han experimentado un descenso de entre un 20 y un 30% en su población.
Ante la observación de este fenómeno, el departamento de patología apícola del Centro Regional de Guadalajara, dependiente de la Junta de Castilla-La Mancha, se puso a trabajar para averiguar el origen. Tras descartar los pesticidas como causa principal, se inició un estudio epidemiológico a nivel nacional, financiado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en el que se desarrolló una técnica de biología molecular que permitía amplificar y secuenciar el gen. Así fue como se descubrió el parásito Nosema Ceranae, un micro-organismo procedente de Asia que hace que el estómago de las abejas adultas deje de ser funcional, por lo que la insecto ya no puede comer, se debilita y muere. Así, la colmena queda casi vacía, con la reina y unas pocas abejas jóvenes.
Después de analizar más de 8.000 muestras de España, Austria, Eslovenia o Estados Unido, el equipo de investigación comprobó que el 92% de las abejas analizadas estaba parasitado por el Nosema Ceranae. “Independientemente de que sufran otro tipo de agentes patógenos, consideramos que muy posiblemente la causa de la muerte de las abejas norteamericanas es también este parásito”, afirma Santos López. Posteriormente los investigadores realizaron un examen epidemiológico en 1.200 explotaciones españolas del que se concluyó que más de un 50% de las colmenas estudiadas estaban infectadas. El área más afectada es el centro y sur de la Península, zona de mayor actividad apícola.
La miel y el medio ambiente
El Centro Regional de Marchamalo, convertido en referente mundial en patología apícola, está promoviendo un tratamiento con un antibiótico que está dando buenos resultados en comarcas como la Alcarria (Guadalajara), una de las zonas más fructíferas de España en producción de miel por su clima y biodiversidad floral. Sin embargo, los científicos afirman que es necesario realizar un control de las colmenas para controlar la enfermedad y el resto de factores agrícolas –como pesticidas– y ambientales que pueden influir.
La apicultura es una actividad ganadera ligada a la trashumancia y muy determinada por las condiciones climatológicas, ya que la alimentación de las abejas depende de las floraciones, muy castigadas por las temperaturas elevadas, la sequía o los incendios. Estas condiciones contribuyen a un debilitamiento de las colmenas, que se hacen más vulnerables a elementos externos como el parásito detectado, lo que puede disminuir la producción de miel.
Según afirma el portavoz de la Asociación Nacional de Apicultores, Félix Campos, a pesar de la mala cosecha de la última temporada, este verano el periodo de crianza ha sido bastante bueno y muchas zonas se han recuperado, pero es una incógnita como será la próxima temporada. Pero más allá de la importancia económica de la producción apícola, el papel que desempeñan las abejas en el medio ambiente es fundamental, sobre todo por su función polinizadora, con la consiguiente contribución al equilibrio ecológico, a la preservación de una gran diversidad de plantas, y a la elevación de la productividad de gran parte de los cultivos.