Saben lo que quieren, están sanos y tienen dinero. La generación del baby-boom (1945-1962), es en la actualidad uno de los grupos más interesantes para el mercado de los coches de lujo. Los hippies de los 60 están convirtiéndose, en la mayoría de los casos a la fuerza, en los prejubilados más acaudalados de la historia, con la particularidad de que pese a tener toda una vida por delante para disfrutar del consumo, son mucho más lanzados comparados con los mayores de épocas anteriores.
Por poner dos ejemplos, los conductores de Harley-Davidson tienen una media de 50 años y los de Porsche están en los 54. Y ésas son las edades que tienen de forma habitual un número importante de los compradores de vehículos que están por encima de los 60.000 euros. Algo que pueden permitirse este tipo de consumidores a los que no suele alterar el sueño el pago de una hipoteca y cuentan, además, con un poder adquisitivo tres veces mayor que el de los jóvenes. Así, en 2006 la venta de vehículos de gamas más altas creció casi un 30% en España, hasta alcanzar cerca de 10.000 unidades, y en lo que va de año sigue subiendo y está ya un 20% por encima del mismo periodo del año anterior.
De hecho, la oferta de coches y todoterrenos con un precio superior a los diez millones de las antiguas pesetas está compuesta por más de 260 modelos con sus correspondientes variantes. Algo que le viene muy bien al concesionario, ya que cuanto más caro es el vehículo que se vende, mayor es el margen que deja.
Otro detalle curioso sobre esta clientela, que es exigente, es que compra en la mayoría de los casos de una forma emocional, por lo que no dudan en esperar el tiempo que sea preciso hasta que pueden servirles el modelo deseado. En definitiva, que hay un nuevo segmento generacional con “posibles” y con tiempo dispuesto a sustituir los patrones anteriores por otros más sofisticados y caprichosos. Y pueden pagarlo, por lo que sin duda es hoy uno de los objetivos más interesantes para el sector del automóvil.