Miguel –nombre ficticio del protagonista de este reportaje– es un joven de 19 años. Vive en una localidad cercana a Valencia y cuenta con el triste honor de ser el primer conductor de la provincia –junto con otro que hace el curso en Alzira– que este fin de semana ha iniciado un curso para recuperar el permiso tras perder todos sus puntos.
El joven comenzó las clases el pasado viernes con cara de pocos amigos. No es para menos. “Vaya, qué suerte la mía”, comenta al conocer que su caso por el momento es único en la provincia.
Su situación actual no resultaría nada atípica para el clásico perfil del conductor joven, aunque este caso incorpora otras circunstancias añadidas que convierten el suceso en rocambolesco.
Su historia arranca en el verano de 2006, en una noche de esas de julio en las que el calor aprieta. Miguel decide salir de fiesta, como tantos jóvenes de su edad. Una discoteca, unas copas y a casa.
Ese era el plan. Nada hacía presagiar problemas en aquella madrugada, pero el alcohol y la indisposición de un amigo cambiaron el rumbo de la noche. “Al salir de la discoteca mi compañero no se encontraba muy bien. Decidí coger yo el coche”.
Decisión equivocada. En la primera rotonda se toparon con la Guardia Civil. Además de que Miguel también acumulaba unas copas no tenía el carné de conducir. No es que no lo llevara encima sino que no se lo había sacado. “Estaba ya apuntado en la autoescuela. Incluso tenía fecha para el teórico...”, lamenta ahora, un año después de su imprudencia.
Unos días más tarde acudió a Tráfico y consultó qué consecuencias iba a tener cuando se sacara el carné. “Me dijeron que no me preocupara por los puntos, que estaría un año sin poder conducir, pero que no me iba a afectar lo de los puntos...” De hecho, fue en aquel mes cuando arrancó el nuevo carné.
Miguel pensó en seguir adelante con la autoescuela y una vez obtuviera el permiso sabría que debería estar un año sin conducir. “Mejor cumplir ese año cuanto antes”, pensaba entonces. Pero su sorpresa llegó cuando consiguió el permiso. “Entonces, al día siguiente me dicen que debo entregar el carné, que he perdido todos mis puntos”.
El malestar del joven reside en el aspecto económico. Pese a que se beneficia de no estar un año sin poder conducir –serán algo más de siete meses– a cambio le toca rascarse el bolsillo. Y de qué forma.
A los 1.200 que asegura le costó la autoescuela ahora tiene que añadir los 328 euros del curso para recuperar el permiso. A eso se le suman las tasas para presentarse al examen. “En total más de 400 euros”. Y eso en el mejor de los supuestos, en el de que lo apruebe todo a la primera. El joven asegura sentirse “engañado y estafado” por Tráfico.
El pasado viernes Miguel inició las clases. Estas sesiones tratan de concienciar sobre las causas de accidentes, la siniestralidad y los riesgos de conducir a velocidad excesiva o bajo los efectos de las drogas.
El próximo fin de semana, además, volverá a acudir al centro de AVAE para escuchar a un psicólogo y a una víctima de accidente que está en silla de ruedas.
Y, por fin, llegará el examen oficial que deberá superar para poder coger otra vez el coche. En caso de suspenso tiene hasta tres oportunidades, aunque previamente debe hacer otro curso de refresco de cinco horas de duración.
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