JOSÉ JAVIER ESPARZA
TVE-1 ha estrenado los nuevos episodios de Cuéntame cómo pasó. No le ha ido demasiado bien: arranca más floja de audiencia que otros años, aunque sigue por encima de los 3,5 millones de espectadores. Lo nuevo de Cuéntame mantiene la línea de las últimas temporadas: una politización creciente del argumento; se trata de una línea que los guionistas niegan, pero lo hacen contra toda evidencia, porque no hay más que comparar la primera temporada con la última. Y a todo esto, ¿por qué lo niegan? Al fin y al cabo, es verdad que la sociedad española de los 70 estaba muy politizada, en particular en los sectores más “tocados” por la actividad sindical, la reivindicación vecinal y la soflama parroquial. Eso forma parte de la memoria colectiva.
La politización llegaba a todas partes y no ahorraba tampoco a los niños, como se mostraba en este episodio. Yo me crié en un barrio periférico lleno de sindicalistas, y en 1975 hice con dos compañeros una Constitución que declaraba a España “república socialista autogestionaria”, al estilo yugoslavo; la proclamamos solemnemente en clase, entre la estupefacción general. Algún otro compañero hablaba de la Joven Guardia Roja, como sale en Cuéntame, aunque nunca vi a la policía deteniendo niños. Tenía su gracia, por cierto, lo de la Joven Guardia Roja en el episodio de este jueves, que era como un homenaje a Pina López Gay, aunque no sé si muy justo, después de todo.
Hay cosas con las que no se puede jugar. Mao ha sido el mayor criminal político de la historia: nadie ha matado a tanta gente en menos tiempo. Ser “maoísta” es una alucinación que tal vez pueda disculparse por causas diversas, pero que malamente puede presentarse hoy, envuelto en los colores de la nostalgia. Ayer mismo detenían en Camboya a Nuon Chea, uno de los líderes del jemer rojo; los jemeres se cargaron a casi un tercio de la población camboyana en nombre de la misma revolución que Pina abanderaba y que Cuéntame acaricia con el afecto que se dispensa a un viejo amor juvenil. Después, como es sabido, del vivero revolucionario español no tardaron en salir centenares de directores generales y gobernadores civiles.
No sé si Cuéntame llegará a contar esta etapa. De momento estamos en la agonía de Franco y la estupidez del búnker, y uno se levanta del sillón con la persistente impresión de que nos están contando las cosas como alguien querría que hubieran ocurrido, no como realmente ocurrieron. Veremos los siguientes episodios.
EL INVENTO
DEL MALIGNO