Viernes, 14 de septiembre de 2007
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CICLISMO | VUELTA ESPAÑA
Sólo Delio Rodríguez resiste a Petacchi
El esprínter suma su 19.ª etapa y Piepoli se va por problemas en el parto de su esposa
El esprínter suma su 19.ª etapa y Piepoli se va por problemas en el parto de su esposa
La etapa nació de un italiano, Piepoli, y finalizó en otro, en la segunda victoria de Petacchi. Todo empezó lejos. En Mónaco. Cuando notó las primeras contracciones, Sonia giró el volante hacia el hospital de Montecarlo. En silencio. Sin avisar. Por no alamar al marido, a Leonardo Piepoli, de profesión ambulante: ciclista en la Vuelta. Por si era una falsa alarma. Cuando al fin sonó el teléfono, el corredor italiano ya era padre. De Yannis, un bebé de tres kilos y medio. Sano, llorón. Comenzaron a pasarle la mano por el hombro. El primer hijo. Papá feliz. Hasta que volvió a hablar el móvil. Era la madre del ciclista. Problemas. A Piepoli se le quedó pegado el oído a una ristra de palabras: “Hemorragia”. “Interna”. “Dos”.

Sonia estaba en la UVI. Desangrándose. “Le han tenido que hacer un par de transfusiones”. Temor gradual. Insomnio. “He hablado con el ginecólogo y me ha dicho que esté tranquilo, que tuvieron que reanimarla pero que ya ha pasado el peligro, que lo han cortado a tiempo”, resumía Piepoli en la salida. En el aire estancado de Algemesí. Tenso.

La Vuelta entera se olvidó de la carrera. Se giró hacia Sonia. Hacia su marido, que quería seguir en los pedales. “Casi no tenía fuerzas para hablar, pero ella me ha pedido que me retire”. Esposa de ciclista. Piepoli es un dorsal viejo, acostumbrado a ser corredor. Le empujaba la inercia de una profesión dura, cruel incluso. Iba a salir. No lo hizo. Casi, casi le echaron sus compañeros, sus rivales y amigos. “Vete a casa”, escuchó de todos cuando ya se había vestido para correr. Su etapa empezó en Algemesí y acabó en una camilla de Mónaco. Su meta ayer. Con Sonia y Yannis, hijo de ciclista.

La etapa proponía una aventura. La que compartieron dos clasicómanos como Rebellin y Gilbert con Krivtsov, Minard y Ruiz. El cordobés. Aquí los ríos reculan. Lentos. De piedra. Pero los ciclistas vuelan. Les arden las mejillas. El Milram de Petacchi tuvo que ahogarse para atraparles. Cuando lo hizo ya no le quedaban piernas para proteger a su francotirador. Petacchi solo, sin más aliento que el de Zabel. Al final de la recta, aguardaba Hellín. Faltaban 5 kilómetros. Y sin el Milram, el equipo que siempre ordena las llegadas. Codicia por cada centímetro. Desorden.

Un esprint sin color
A la semana más rácana de la Vuelta –sólo un puerto de primera en seis etapas– le queda la emoción del sprint. Petacchi la eliminó ayer. Sin Freire, ya en casa. Sin Boonen ni Bettini, que charlaban a cola del grupo. Sin Koldo Fernández de Larrea, que no termina de atinar con la posición: le sobra pólvora pero le falta puntería. Sin Rony Marthias, el caribeño negro del pelotón, que se retiró. La Vuelta perdió su color. Sin más oposición que Bennati. Zabel enfiló. Bennati, aguerrido, reclamó su rueda. Se la arrebató a Petacchi. No le valió. Petacchi ha vuelto. En la Vuelta. Al entrar celebró el éxito por todos los fracasos anteriores. Doble victoria, la número 19.

A Petacchi sólo le queda Delio Rodríguez. Le quedará para siempre. Delio está ya muy lejos. Nació en Puenteareas, en 1916, y 39 etapas de la Vuelta fueron suyas. Doce en la edición de 1941 y seis en la Vuelta que ganó, la de 1945. Y eso que en 1936 tuvo que subirse a un tren para ir a la guerra, la civil. Esa trinchera partió su carrera. Era otro tiempo: Delio se hizo a mano su primera bicicleta. Corría para comer. Era otro ciclismo: el velocista gallego vestía del Español y sus rivales, del Barça. Era ciclista. Como Petacchi. O como el padre de Yannis.

 
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