myriam gonzález imedio
Me da una bolsa, por favor?”. Cada día, como si de un acto reflejo se tratara, pedimos, sin ser muy conscientes, una bolsa de plástico en cualquier gran superficie o tienda de nuestro barrio. Es cierto que ha facilitado algunos aspectos de nuestra cotidianidad, pero su acumulación en casa puede llegar a ser molesta, convirtiéndose en un objeto de desecho que no importa tirar a la basura, contaminando tanto las ciudades como los ecosistemas naturales, y causando un impacto letal a especies marinas.
El dato parece desorbitado, pero es cierto, al año cada ciudadano, utiliza 238 bolsas de plástico, más de 10.000 millones de bolsas, de las que apenas se recicla un 11%. Queda constatado con estas cifras que los españoles no tenemos claro los conceptos de reducir, reutilizar y reciclar. Por eso, algunos hipermercados y organizaciones ecologistas han puesto el grito en el cielo, poniendo en marcha campañas para concienciar a la ciudadanía, y exigiendo al gobierno y a empresas, que trabajan o distribuyen este material, buscar soluciones a este grave problema que nos afecta directamente.
Peligros para todos
Muchos son los peligros que puede causar la utilización masiva de las bolsas de plástico. Además de las grandes cantidades de energía necesarias para su fabricación, están compuestas por polietilenos y polipropilenos procedentes del petróleo. Si a esto le sumamos que una bolsa tiene una media de vida de 450 años, lo que se traduce en una degradación muy lenta, el resultado es caótico.
La organización Greenpeace ya ha alzado la voz, y ha elaborado un revelador informe, presentado el pasado mes, sobre la ‘Contaminación por plásticos en los Océanos del Mundo’. Mario Rodríguez, director de campañas Greenpeace España, ha explicado en numerosas ocasiones que hay unos 6.5 millones de toneladas de basura en los océanos del planeta, y de esta cantidad, “el 85% no la vemos pero esta ahí, y de ella el 80% son plásticos”. Según el informe, un 80% de esta basura procede de tierra firme, que casi en su totalidad está constituida por bolsas de plástico. Con la utilización de bolsas no sólo se contamina la atmósfera con emisiones de CO2, sino que ponemos en peligro la vida de animales que pueden llegar a morir tras la ingestión de estos materiales.
Stop al plástico
Ciudadanos y gobiernos de otros países, se han tomado más en serio la problemática y han adoptado medidas drásticas para solucionarlo, como el cobro generalizado de las bolsas, implantar una tasa medioambiental, o sustituirlas por otras reciclables y biodegradables.
En España se empieza a tratar el problema, pero no con demasiado éxito. El Ministerio de Medio Ambiente pretende para 2015 sustituir el 70% de las bolsas de plástico por las de papel. Según Clara del Río, responsable de la campaña de Tóxicos de Greenpeace es un plan poco innovador y contundente, “estamos ya en el periodo de vigencia de esta Plan y no existen medidas concretas”.
Mientras tanto, organizaciones como Cicloplast, una sociedad sin ánimo de lucro, comprometida con el medio ambiente en la promoción del reciclado de los plásticos, repite por segundo año una campaña para fomentar el consumo responsable de las bolsas. La iniciativa cuenta con la colaboración activa de los principales Centros Comerciales. Durante unos días un equipo de azafatas ha expuesto a los consumidores los comportamientos más adecuados. En primer lugar, la prevención, utilizar las bolsas necesarias, después que se reutilicen, y por último que se reciclen.
Otra solución es el cambio del material tan nocivo por otro biodegradable. La producción de estas bolsas de bioplástico parece que empieza a estar en auge. La filial del grupo Sphere, primer productor europeo y cuarto mundial de bolsas de plástico, ha producido ya 80 toneladas de plástico ecológico, para lo que utiliza fécula de patata. Por otra parte, la ong Ecoespaña ha puesto en marcha este verano una campaña para decir no a millones de bolsas y llevar una propia. Bolsas de tela, hechas de algodón y con la tinta ecológica, para hacer la compra y animar a los consumidores a colaborar con el medio ambiente.
Quizás en esta última frase esté la solución, concienciarnos, cambiar los hábitos y practicar un consumo responsable, es el primer paso de un largo camino.