Como prólogo a las reformas que irán sucediéndose a lo largo de los próximos meses, Nicolas Sarkozy, presidente de la república francesa, hizo pública ayer una carta que dirigirá por correo personal a los 850.000 maestros y profesores del país. El texto, de 32 páginas, resume el plan del mandatario conservador para “refundar la enseñanza nacional” y “recuperar la coherencia” en el sistema educativo.
El paquete de medidas, que tiene como base inculcar a niños y jóvenes el respeto por los docentes, recoge conceptos como la “autoexigencia” que de ben tener los alumnos. En este sentido, el propio Sarkozy se mostró partidario del aprendizaje “de memoria” y de la necesidad de reforzar las materias básicas que se imparten en los primeros cursos de la vida escolar.
El presidente galo aprovechó la apertura oficial del curso en el país vecino para perfilar las líneas maestras de su programa educativo. Aunque no concretó las me didas que tiene previsto adoptar, su gabinete trabaja para acometer reformas de fondo en la enseñanza primaria, media y universitaria. Con el fin de apaciguar las críticas que ya han vertido sindicatos y profesores, Sarkozy se lanzó a leer personalmente la carta que recibirán todos los docentes. La misiva está dividida en cinco grandes capítulos: las misiones de la escuela, sus valores, los oficios de maestro y profesor, los nuevos programas educativos y el puesto de la cultura ge neral en la formación.
“Tabla rasa”
A juicio de Sarkozy, la misión capital de la escuela es la formación de ciudadanos libres y responsables, liberándolos de la irresponsabilidad del relativismo mo ral. Lejos ya de los acentos épicos de la campaña electoral, el presidente evitó la polémica sobre la decadencia de la escuela pública francesa para intentar entablar un diálogo sobre el futuro del mo delo escolar. Eso sí, el líder conservador se mostró dispuesto a hacer “tabla rasa” para que los nuevos planes educativos puedan plantar cara a la “fragilidad” de la cohesión social. “Desde hace décadas, la educación se ha enfrentado a una masa creciente con exi gencias contradictorias”, censuró el presidente galo.
El valor esencial de la escuela pública francesa debe ser, a juicio de Sarkozy, “la transmisión de los valores de la identidad nacional”. “Nuestros hijos no serán jamás ciudadanos del mundo si no so mos capaces de hacerlos antes ciudadanos franceses y europeos”. Evitando inútiles debates, el líder galo reinstaló la identidad nacional francesa en el corazón de su proyecto de “refundación de la escuela”.
En torno a los oficios del maestro y profesor, donde pudieran plantearse diferencias con los sindicatos de la enseñanza, Sarkozy no deseó entrar en detalles concretos prematuramente. Lo esencial, a su modo de ver, es devolver a unos y otros la confianza y el respeto: más seguridad dentro y fuera de los colegios; más respeto de alumnos y profesores; más trabajo y mejor remuneración con nuevos organigramas, horarios y mé todos de trabajo. “No se educa a un niño dejándole creer que todo está permitido, que tiene todos los derechos y ningún deber. Es preciso enseñarle la jerarquía de los valores”, proclamó antes de elogiar el aprendizaje “de memoria” como método tradicional para ejercitar la mente.
La cultura general, el último capítulo de la carta del presidente, también debe estar en el corazón del nuevo proyecto educativo na cional. En su opinión, es necesaria menos especialización prematura y más sólida formación cultural básica. Más lengua, literatura y arte para quienes vayan a seguir estudios técnicos y científicos. Y más ciencia y tecnología para quienes proyecten seguir estudios literarios o artísticos.