soledad lorenzo, galerista de arte
“Yo no he sido yo hasta tocar la muerte”
ésta es la historia de una mujer que lo perdió todo y que, lejos de amilanarse, se creció, se reinventó y encontró su lugar en el mundo de la mano del arte y de sus artífices
ésta es la historia de una mujer que lo perdió todo y que, lejos de amilanarse, se creció, se reinventó y encontró su lugar en el mundo de la mano del arte y de sus artífices
inés molina
La vida de Soledad Lorenzo (Santander, 1937) se rompió al cumplir 36 años. En apenas tres meses muere de cáncer su marido. No es ésta la única pérdida que le cambiará para siempre. “Yo tenía dos hermanos y se murieron con una diferencia de cuatro meses. Toda mi familia, incluida “la tata” que fue un miembro esencial para mí, murió en apenas seis años”. Pese a tan duro punto de partida, esta mujer elegante, de sonrisa resplandeciente, derrocha energía y vida por los cuatro costados. “El contacto con la muerte fue una lección importante y positiva, quitando la parte de tristeza. Yo no he sido yo hasta tocar la muerte”. “Cuando todo acabó, yo decía: “Pero, ¿qué voy a hacer con esto en la calle?”. Aquí dentro [señala su corazón y su sien] había vivido auténticas revelaciones”.
Tras semejante punto y aparte, vuelve de Londres, donde había apoyado socialmente a su marido durante once años, y una amiga le propone trabajar en la prestigiosa galería de Fernando Guereta. “Me extrañó muchísimo, pero pensé que el arte podría ser el lugar en donde yo diera sentido a todo aquello”. Unos “si yo no sé nada” después, Guereta le convence con un definitivo “los que creen que saben sí que no saben nada”.
Nueva vida
Soledad Lorenzo sí sabía y sabía mucho. Desde pequeña, su padre le había inculcado su amor por la pintura y por la escultura y con seis años ya había posado para Joaquim Sunyer, miembro destacado del Novecentismo catalán, y asistía con respeto a tertulias y exposiciones en Barcelona. “No entendía muy bien, pero tenía conciencia de que allí ocurría algo muy importante porque te lo hacían valorar”. Todos en su casa vibraban con el arte: “Mi hermano Ricardo tenía una sensibilidad impresionante y un día vino a decirle a mi padre que había visto la apabullante exposición de un joven estudiante de Derecho. Ese artista era Tàpies”.
En la galería de Guereta, Soledad Lorenzo va ganando soltura, confianza, alegría y vitalidad... “Los artistas se estaban convertido en mi vida, en mis amigos”.
El azar, al que culpa de la mayor parte de sus circunstancias, le llevó al Ministerio de Cultura, desde donde coordinó las exposiciones de Europalia. ¿Y cómo fue el cambio de una galería a un Ministerio? “También me interesó. A mí la vida me interesa toda”. De aquella época guarda respeto por las entidades públicas. “Yo no podría trabajar allí como vida permanente, eso por descontado, pero donde yo estuve, en la cuarta planta [exposiciones], se trabajaba mucho y muy bien”.
La idea de una galería propia le rondaba la cabeza cada vez con más fuerza. “Necesitaba el contacto directo con el artista. Ya tenía muchos amigos y me interesaba más el proceso mental del arte, el objeto, que el resultado. El resultado es esencial, da sentido a lo que dice el artista, pero el artista hablando me sigue pareciendo la gran lección de vida porque se expresa desde una inteligencia diferente, visual. Cuando estás hablando de cosas normales de la vida, de repente te dice algo que es una enseñanza extraordinaria”.
Una mañana de 1986 se despertó con una frase que cambió su rumbo sin posibilidad de marcha atrás: “¿Quince años más haciendo esto y luego jubilarte?”. “Ese día me di cuenta de que tenía que abrir mi propia galería”.
“Inauguré con Alfonso Fraile, que era un artista a quien yo respetaba muchísimo y que en ese momento estaba sin galería. Tuve suerte porque varios artistas que me interesaban habían abandonado sus galerías habituales”. La fortuna, una vez más, le llevaba de la mano por un camino distinto, pero imaginado. “Cuando las cosas se ponen fáciles es por algo. Siempre pienso: “Esto marcha. La vida me está diciendo que por aquí vamos bien””. Y eso es justo lo que le dice continuamente. “Cuando van pasando los años ves que eres una vitalista total. Hablas de suerte y te das cuenta de que es algo que va contigo. Más que suerte, lo que tengo es una gran capacidad de aceptación de las situaciones donde la vida me ha ido colocando de forma natural”.
Entrevista completa en:
www.directivos.infoempleo.com