Salvador Larroca es uno de esos valencianos que se puede considerar afortunado por haber convertido su afición en una profesión con la que ganarse solventemente la vida. Este dibujante de cómics ha conseguido, además, seguir en su tierra, aunque está prácticamente todo el día conectado vía internet y ordenador con Nueva York, donde está la central de su oficina: la editorial Marvel de EE. UU.
–¿Cómo surgió la posibilidad de publicar sus dibujos?
–Hacía posters y tiras para la editorial Forum. Luego, por casualidad, en la editorial Marvel de EE. UU. buscaban talentos por Europa, y empecé a colaborar con ellos, primero con una publicación anual y con cosas puntuales.
–Todo un sueño que sus dibujos, que comenzaron como un hobby, llegaran a ser publicados, ¿no?
–Lo tenía como un hobby que necesariamente tenía que desarrollar porque me gustaba tener ratos de soledad y disfrutar dibujando. Luego, el verlos publicados fue gratificante.
–¿Y fue entonces cuando se plantea dedicarse en tiempo completo al cómic?
–Yo trabajaba en una cartografía digital. La verdad, es que nunca me había planteado seriamente dedicarme a los cómics. Cuando entré en el mercado inglés, primero, y luego en el americano, ya vi que la cosa iba en serio.
–¿Y por qué no quedarse dentro del panorama nacional?
–Pues sencillamente porque el cómic nacional no tiene un nivel de ventas elevado y uno con este tipo de oficio en España no puede prever un sueldo estable todos los meses.
–¿Le apoyó su familia?
–Antes de que surgiera la posibilidad, en mi casa consideraban que lo de dibujar era una cosa menor, pero luego vieron que uno se podía ganar la vida con ello. En casa me apoyaron.
–Y se especializa, sobre todo, en cómics de superhéroes.
–Cuando era crío ya leía Spiderman, la Patrulla X..... O bien me los dejaba algún amigo o los encontraba de segunda mano. Pienso que los superhéroes es la mejor de todas las opciones. Me gusta y está bien pagada.
–¿No le queda lejos la oficina?
–Con Marvel de EE. UU. trabaja gente de muchas nacionalidades. Considero que uno que manda el trabajo desde California (a cinco o seis horas de distancia de Nueva York) está casi a la misma distancia que yo.
–Trabaja desde casa, pero no por ello hace menos horas, ¿no?
–Le dedico muchas horas al día. Actualmente hago ocho páginas a la semana, tebeo o tebeo y medio al mes. Mi gran problema, a veces, es que tengo demasiado trabajo. De hecho, hace tres años que no tengo más de una semana seguida de vacaciones.
–El tipo de labor que realiza se enmarca en lo que hoy en día se llama teletrabajo. ¿Se identifica?
–Me gusta mucho porque trabajas cómodamente en casa, es un buen ambiente para las personas creativas, pero hay veces que echas en falta la complicidad con los compañeros de una oficina. So precios que hay que pagar. Por otra parte, no tienes el típico jefe que te da la lata. A lo mejor te manda un e-mail, y si quieres contestas.
–Empezó haciendo sólo la fase de dibujo de las viñetas y ha terminado controlando prácticamente todo el proceso de la ilustración, ¿no?
–Ahora hago el dibujo a lápiz, lo paso a tinta y con acuarelas y, luego, veo las texturas con el programa fotográfico de ordenador.
–Supongo que será más gratificante, ¿no?
–Decidí bajar la producción o el rendimiento de hacer cantidad de dibujos, a cambio de participar más en el proceso creativo. Así el tebeo se aproxima más al acabado que tú quieres.
–Con los programas informáticos es más fácil perfeccionar la viñeta, ¿no?
–Antes, por ejemplo, hacías una cara que te quedaba pequeña o que no te terminaba de gustar, y tenías que poner un parche. Ahora con los programas informáticos añades texturas, luces, sombras y haces los retoques.
–¿Se logra ahorrar tiempo?
–Pues sí, porque antes cuando mandabas un retoque la verificación del proceso tardaba una semana. Con el ordenador, lo envías por servidor y el proceso completo hasta recibir el visto bueno puede ser de una hora.
–¿Qué opina cuando oye aquello de que cualquier día los ordenadores lo harán todo?
–Que no es cierto. El ordenador no dibuja, es una herramienta. El talento lo tiene el dibujante, no la máquina. Además, las editoriales no pagan por el acabado que des en el ordenador. Lo que les interesa es que el estilo sea reconocido por el lector, que mantenga la producción, que cree y que venda.
–¿No le ha pasado alguna vez que el guión que le envían no le motiva lo más mínimo?
–Bueno, hay veces que el guión no te acaba de gustar, notas que le falta originalidad o realmente no es lo que te esperabas y, simplemente tienes que seguir implicándote en tus dibujos para que queden perfectos.
–Aunque no se vean físicamente, lo suyo es un trabajo en equipo...
–Ciertamente, es en equipo. Prácticamente no nos vemos, pero nos comunicamos a través internet o por teléfono. Además, son ya grandes amigos míos. Somos lo más parecido a una familia, sin serlo. También tengo que decir que está la figura del editor, que coordina todo esto. Hay veces que tienes dudas sobre algún matiz, y tienes que hablar con un señor que está en Australia y el horario de allí es distinto, y pasan 24 horas hasta que te contesta. Resulta más fácil que sea el editor el que lo coordine todo.
–¿Para qué tipo de público le gusta hacer cómics?
–Lo importante es hacer cómics que me gusten a mí, y no creas, no siempre sucede. También te dice mucho si ves que gustan a tus hijos.
–¿Qué opina de los cómics manga?
–Si es bueno, me gusta. Ocurre un poco lo mismo que con los europeos y los de superhéroes, ya que por ejemplo en Francia el 90% de lo que se edita es malo, pero hay un 10% que está bien.
–¿En sus dibujos deja caer alguna pincelada española?
–Hubo una vez que en una viñeta tenía que dibujar una presentadora de informativos y puse a la princesa Letizia, porque en realidad era un oficio que ella ha desarrollado. Pensé que no podía tener más importancia y todos los medios se hicieron eco. La verdad es que me gusta hacer guiños españoles. Una vez puse a un grupo de escritores y periodistas españoles y en otras ocasiones, he puesto a algún personaje el rostro de mis hijos o de amigos.
–¿Qué parte de Valencia le gusta más o menos?
–Toda, incluso los contrastes de zonas antiguas con otras nuevas como la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Lo que no me gusta nada son las estatuas que tenemos en la ciudad.
–¿Ha transportado alguna vez a la ciudad de Valencia a algún cómic?
–Una vez el guionista de X-Men me dijo que quería situar a los personajes en un lugar donde nunca hubieran estado. Yo le dije que por qué no en España. Él contestó, que bien, siempre que saliera la Guardia Civil. Al final, lo ambienté en Valencia y salieron escenarios como las torres de Serrano, la Ciudad de las Artes, la torre del Miguelete y la Catedral. Recibí correos de gente diciendo que le había gustado mucho Valencia. Que era un sitio diferente a los típicos rascacielos que siempre rodean a los X-Men. Sin embargo, creo que en Valencia nadie se enteró.