Que me perdonen los creyentes por este posible sacrilegio pero el domingo ha pasado de ser el día del Señor al día del Chiringuito. Un chiringuito que poco tiene que ver en el siglo XXI con el que conocíamos de los capítulos de Verano Azul o el de la infame canción de Georgie Dann.
En Xeraco, Oliva, Piles y ahora Gandia se están poniendo de moda los domingos por las tardes (algún que otro sábado también) que se monten fiestas al estilo ibicenco en chiringuitos, buscando emular el éxito de Bora-Bora, local de referencia y paso indispensable de toda escapada a Ibiza.
Gandia nunca ha tenido el glamour de la isla balear ni es referente musical a nivel mundial y refugio de la jet-set. El agua de nuestras playas no será comparable a las cristalinas de las calas ibicencas, pero por su arena y amplitud podemos decir que tenemos de las mejores playas del Mediterráneo. No aprovecharlas al máximo es un auténtico delito.
Este tipo de fiestas, además de suponer un nuevo atractivo a nuestras costas, suponen una alternativa al masificado mundo de la noche gandiense, con locales colapsados, problemas de parquing, etc… Y no seamos hipócritas, porque se consume más alcohol en cualquier restaurante de la playa gandiense o en un salón de bodas que en una de estas fiestas.
Así pues,¿por qué la policía viene a las 8 de la tarde a bajar la música, y nunca aparece por los karaokes de los hoteles que todos los días a las 12 de la noche taladran los tímpanos del personal con sus “macarenas” y garrulazas varias?
Hay dos estilos turísticos. Uno el “Benidorm”, con turistas que con un paquete de pipas de kilo se pasan la tarde-noche por el Paseo Neptuno. Otro el de Ibiza. Elijan ustedes. Por un día, que nos dejen soñar.
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