En todos los siglos de historia comercial de Venecia, nunca había surcado el Gran Canal un cargamento tan mastodóntico. Una pieza metálica de 56 metros y 250 toneladas. Es el nuevo puente de Santiago Calatrava, el cuarto que se tenderá sobre el canal, que en la madrugada del miércoles, como si fuera un ritual iniciático de novato o un pasillo de honor de los colegas, tuvo que pasar por debajo de los otros tres hasta llegar a su sitio. Hace diez días se trasladaron sin problemas las bases laterales, pero ayer era el día crucial y había muchos nervios.
El primer obstáculo, a medianoche, fue el puente de la Accademia, el único de madera, que era provisional cuando se colocó en los años 30 y ahí sigue. Después llegó el momento más delicado, el mítico puente de Rialto. Construido en 1591, fue muy criticado porque decían que no se tendría en pie, y ahí sigue también. Entre una gran expectación, y con las orillas rebosantes de curiosos, la pieza pasó a 90 centímetros de la bóveda mientras se mantenía la respiración. El alcalde, el barbudo filósofo Massimo Cacciari, suspiró por fin con tranquilidad.
Luego el convoy atravesó sin mayores problemas el último puente, Degli Scalzi, también de los años 30. De este los venecianos no dijeron nada, pero es que sustituía a uno de hierro colocado por el odiado invasor austriaco. Y así la pasarela llegó por fin a su destino, tras tres horas y media de paseo milimetrado. Naturalmente, en Venecia también han puesto a parir al puente de Calatrava, la primera obra contemporánea que consigue hacerse en esta ciudad imposible e intocable.
Llevan 11 años discutiendo sobre él, entre retrasos, errores, juicios y polémicas. El coste se triplicó hasta los 11 millones. Por eso ayer no faltaron protestas de vecinos y partidos que se oponen al proyecto. Hasta el constructor, que dice que le deben dinero.
Será colocado el sábado y ya se verá cómo va a quedar, aunque aún tienen que soldarlo, revestirlo de vidrio y piedra de Istria y, como consecuencia de una de las muchas polémicas, colocar un ascensor para discapacitados. En noviembre se podrá caminar sobre el puente, pero más bien será una carrera para sacarle defectos.