Jueves, 9 de agosto de 2007
Registro Hemeroteca

en

EDICIÓN IMPRESA

entre líneas
Leyes de la economía
Cuando uno gana, otro pierde. Lo dice el saber popular y lo confirma la experiencia obtenida al aplicar este principio a distintos ámbitos de nuestra vida. Desde una táctica negociadora, a los enfrentamientos deportivos o los tejemanejes de la política, en todos los terrenos se produce un tira y afloja que resulta ventajoso para el que gana y desastroso para el que pierde algo que antes tenía. Pero esta afirmación con rango casi de ley universal adquiere su verdadero sentido cuando se trata de la ciencia que nos invita a contar lo que llevamos en el bolsillo y, de paso, lo que llevan los demás, esto es, la economía.

Un ejemplo. El otro día leía en la prensa que el señor Carlos Slim es el hombre más rico del mundo. Para ser digno de tal distinción el empresario mexicano ha tenido que desbancar al rey de Microsoft, Bill Gates, que desde hace trece años ostentaba el puesto con honor. El tema ahora está así: el ganador es Slim con 59.000 millones de dólares reluciendo flamantes en su cuenta. El perdedor, Gates con 58.000 millones de dólares, aproximadamente 42.044 millones de euros, una cifra tan alta como inimaginable para los que vivimos poco más que al día. Estoy convencida de que al conocer la noticia, el señor de los bytes golpearía contrariado el teclado del ordenador de su mesa afirmando: “¡Vaya, qué pena, y por sólo mil millones de diferencia!”.

Puede que esta sea otra de las leyes fundamentales en cuestión de riqueza, capitales y finanzas: que el valor de las cosas no es algo universal e invariable, sino más bien algo relativo y mudable. Nada es mucho o poco, suficiente o inalcanzable, porque todo depende del tema concreto o del objeto de comparación. Así, lo que para Slim y Gates es una minucia, para la gran mayoría es en cambio una suma inabarcable. De hecho, cualquiera de nosotros se conformaría con bastante menos, por ejemplo, con recibir ese premio de veinte millones de euros que anuncia el sorteo más heavy del verano en televisión.

¿Se imaginan? Una inyección extra de recursos para encarar las vacaciones sin tener que buscar ofertas, ajustarse a los ahorrillos o escatimar en el presupuesto destinado a nuestros planes. Más ahora que la mayor parte de las familias comienzan a moderar sus gastos y a sufrir los achuchones de la subida de intereses, según afirman los que de verdad saben de cifras. Con esos veinte millones, y haciendo honor al cuento de la lechera, cualquier familia media tendría suficiente para aflojarse de nuevo el cinturón, disfrutar de las vacaciones y dejar de pensar en el Euribor, en los bancos y en los vaivenes de la economía.

Pero lo cierto es que yo incluso me daría por satisfecha con muchísimo menos. Me bastaría con sumarme, antes de que acabe el verano, a la larga lista de un millón doscientos mil valencianos que han recibido ya en su cuenta la devolución de Hacienda. Ya ven, pequeños sueños, grandes ilusiones.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS