Los expertos han vuelto a constatar la riqueza arqueológica de la Cova Foradà de Oliva, que estuvo habitada hacia el 50.000 antes de Cristo. Esta semana han comenzado las excavaciones en este yacimiento y, por el momento, los hallazgos son muy relevantes. Han aparecido restos de huesos humanos anteriores al 30.000 a. C., y de animales y de útiles de caza, labranza e incluso piezas de ornamentación del 8.000 hasta el 40.000 a. C.
El equipo de arqueología de Diputación, liderado por José Aparicio, ha descubierto el fragmento de un cráneo de un niño neanderthal, un maxilar entero de un neanderthal adulto de hace más de 30.000 años y otra mandíbula que en estos momentos se encuentra en estudio.
Estos restos humanos permiten conocer el proceso antropológico por el cual se produjo la desaparición de los neanderthales y sus sustitución por el sapiens sapiens y con ello, además, el proceso de transición entre el Paleolítico superior y el medio, también llamado musteriense.
Los restos de animales hallados pertenecen en su mayoría a especies de fauna tropical como tortugas, elefantes, rinocerontes, panteras, leones, linces, hienas e incluso un molar de hipopótamo. También se ha constatado la existencia de ciervos, toros, caballos y cabras que pudieron habitar en la zona provenientes de montañas vecinas.
Al llegar al Paleolítico superior, desaparece la gran fauna (elefantes, rinocerontes, panteras), pero ciervos, osos, cabras, lobos y zorros continúan frecuentando la zona, por lo que siempre ha sido fácil para sus habitantes encontrar comida. La principal causa de la prolífica vida animal de la época se debe a que se trata de un “hábitat extraordinario” por encontrarse cercano al río Bullent y al marjal de Oliva-Pego, esta última en actividad durante más de 100.000 años.
Es por ello que José Aparicio no descarta que se descubran también restos de peces, aunque hasta ahora no ha habido ninguna prueba de ello. El mar estaba lejísimo y por ello no se ha hallado ningún producto marino.
Utensilios de piedra
Aparicio explicó que han aparecido utensilios tanto de piedra como de hueso. Los primeros servían para cazar y cortar carne y huesos, además de para otras actividades de la vida cotidiana como el tratamiento de pieles. Entre las herramientas de hueso se han encontrado punzones para confeccionar la piel, agujas de coser y azagayas, una especie de puntas de jabalina para la caza, así como otras piezas de adorno.
Otra de las facetas que podría facilitar el abastecimiento de productos y utensilios lejanos podría haber sido el trueque que se realizaba entre los distintos núcleos de población.
El intercambio se realizaba entre comunidades contiguas, de tal modo que, por ejemplo, las que se encontraban más al interior podían poseer objetos como conchas marinas procedentes de las comunidades costeras y que gracias a este trueque iban pasando de unas a otras.
Cuevas protegidas
La Cova Foradà está rodeada por un enrejado de mampostería muy sólido y una cubierta protectora, además el camino de acceso está cortado y las pocas viviendas de la zona siempre han respetado e incluso vigilan el yacimiento.
No es el caso de cuevas como la del Parpalló, que corre el riesgo de sufrir agresiones. Como medidas, el experto propone la vigilancia periódica, aunque “hay otros métodos más sofisticados que no hay que descartar, como las placas solares o los dispositivos de alarma”.
En las excavaciones realizadas en 2002 ya se encontraron restos humanos neanderthales. Concretamente, el cráneo y el maxilar de una mujer y el parietal de un niño. Los trabajos se alargarán hasta el 17 de agosto y cuentan con un equipo de 12 personas. En estos momentos trabajan en la superficie, pero esperan encontrar más información cuando estudien toda la cavidad.
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