Martes, 24 de julio de 2007
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feria de julio
Triunfo y cornada
Fernando Beltrán resultó cogido y cortó dos orejas y el también valenciano José Arévalo abrió la puerta grande
Fernando Beltrán resultó cogido y cortó dos orejas y el también valenciano José Arévalo abrió la puerta grande
Puerta grande y puerta de la enfermería. Son dos alternativas y las dos gloriosas por las que un torero empieza la tarde. Cuando se está iniciando la carrera las alternativas se magnifican y adquieren una trascendecia total. Ayer mismo en Valencia, tres muchachos, poco más que adolescentes, encaraban el futuro cargados de sueños. O la puerta grande o la puerta de la enfermería, si recurrimos al tópico, la finca o el luto. No se llegó a tanto, pero las emociones de la gloria y la cornada flotaron en el ambiente toda la tarde. La puerta grande fue para Arévalo. De Moncada. Bullidor y animoso. La puerta de la enfermería, que llevaba implícita la puerta grande, fue para Fernando Beltrán, de Faura. Clásico y muy valiente. No hubo puertas, ni de gloria ni de la enfermería, para el francés Patrick Villebrun, porque manejó muy mal la espada, pero sí dejó abierta una ventana de esperanza para que su país cuente con un nuevo valor.

Beltrán se va a acordar toda su vida de la tarde de ayer. No pudo ser más intensa: debutaba en Valencia, la capital de su tierra, brindó su primer toro a su padre, sabía que su madre se recomía el corazón viéndole torear en su primero, hasta que salió el quinto –que no le gustó nada– y abandonó la plaza, afortunadamente. En su primero se mostró nervioso, no acababa de centrarse, pero cuando lo consiguió, dejó entrever un torero elegante.

Alto voltaje
En su segundo, un torillo encastado y cobardón, poderoso y entablerado superó la prueba del valor. Lo tanteó por los dos lados, sin acabar de domeñar la violencia de su oponente que pedía a gritos un picador y, en cuanto encontró un resquicio, se estiró con magníficas maneras. Fue una faena de alto voltaje. La declaración definitiva de que, a pesar de las exigencias de esa profesión de locos, él quiere ser torero. No quiso que se le escapase el éxito y a falta de técnica, al entrar a matar, recurrió al corazón. La consecuencia fue una cogida espeluznante que, por momentos, hizo pensar en una cornada muy grave por lo mucho que sangraba. Trasladado a la enfermería, fue intervenido por los doctores de la plaza de una cornada en la axila izquierda de 15 centímetros de extensión superficial que interesa piel y tejido celular subcutáneo, con dos trayectorias, una ascendente de 15 centímetros, que diseca el paquete vásculonervioso axilar sin lesionarlo, y otra de dirección descendente de 15 centímetros que diseca el músculo bíceps braquial. Todo esto, los doctores lo catalogaron de menos grave y Fernando pasó a la Mini Fe de Sagunto. Sonriente y feliz. Lo que parecía grave, muy grave no lo era, y el toreo ya sabía que un chico de Faura puede ser torero.

Arévalo tenía en la plaza tantos seguidores como Beltrán y él ya sabía lo que era triunfar en la capital. Lo suyo es el toreo vistoso, tirando a espectacular, intenta ocupar todos los tercios, incluso banderillea con mucha exposición y, naturalmente, tiene el secreto de la conexión popular. A penas ha comenzado su carrera y ya se le quiere. Se lo gana.

Villebrun toreó muy bien y mató muy mal. Está en la línea de Castella. Hay que seguirle. Apuntó alto.

 
Vocento

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