La vida de Juan Gabriel Blázquez ha cambiado desde que hace aproximadamente dos años empezó a colaborar como voluntario para el Instituto Valenciano de Atención a los Discapacitados (Ivadis).
Actualmente se encuentra trabajando en el albergue del azud de Antella, como coordinador y pasará allí la mitad del verano prestando su ayuda a los discapacitados que tanto la necesitan.
Para Juan no es la primera vez que sacrifica su tiempo libre por ayudar a otros, ya que tanto en Navidad como en Semana Santa que son épocas en las que se organizan campamentos, actúa como voluntario en las residencias de la asociación.
El día de este coordinador comienza a las ocho y media de la mañana cuando se despierta, ya que a las nueve tiene que empezar a levantar uno por uno a las personas con alguna deficiencia intelectual que se encuentran en el recurso.
Cuando terminan de desayunar, los discapacitados deciden que quieren hacer, eso sí no hay alguna excursión planificada, y se organizan en grupos. Unos se quedan en las instalaciones realizando manualidades ya que no les apetece salir, otros se van a pasear por el pueblo y otros bajan a bañarse al río Júcar siempre bajo la atenta mirada de los cuidadores.
‘‘Los monitores nos tenemos que dividir porque mover al grupo entero es muy difícil, por eso unos se quedan en el recurso con los residentes que no quieren salir y los otros acompañan a los que han decidido disfrutar del aire libre’’, comenta Juan Gabriel Blázquez, coordinador de Ivadis.
Por la tarde realizan actividades dentro de las instalaciones, como la proyección de las películas de Harry Potter, talleres de manualidades o acompañarles a tomar algo al bar del recinto.
Después de cenar organizan una fiesta con música, a modo de discoteca, donde los ‘‘chavales’’ se divierten, pero no hasta muy tarde ya que sino al día siguiente notan el cansancio.
‘‘Lo que más les gusta es la discoteca que hacemos por la noche, se lo pasan muy bien y les encanta’’, afirma Blázquez.
Durante su visita a Antella el director general de Personas con Discapacidad, Pedro Hidalgo, asegura que es un beneficio para estas personas ya que salen de la rutina y lógicamente se lo pasan bien.
De esta forma pasan los días en el albergue del azud de Antella, para algunos les parecerá un verano monótono pero para ellos pueden llegar a ser las mejores vacaciones de su vida.