Privilegiado conocedor de los entresijos de la lucha antiterroristas –fue ministro del Interior en los gobiernos de José María Aznar– y ahora desde la atalaya de su escaño en el Parlamento europeo, Jaime Mayor Oreja es uno de los más duros críticos del proyecto político que representa el actual presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero. Advierte, no ya de la siempre presente amenaza terrorista, sino del peligro que para la integridad de España supone la actual ofensiva nacionalista. Esta semana ha presentado en Valencia el libro Esta gran nación. Conversaciones de Jaime Mayor Oreja con César Alonso de los Ríos.
–¿Cuál fue el primer error que cometió José Luis Rodríguez Zapatero en la lucha contra ETA?
–El error fue unirse a la banda. No pueden hacerse uniones con terroristas, nunca, aunque sean temporales. Una tregua no es solamente el cese temporal de actividades terroristas. ETA siempre exige un precio político al comienzo de las mismas, y lo que exige al otro es una unidad temporal de empresa. Y desde luego no se puede empezar nunca un proceso de estas características sin conocer el final del mismo.
–¿Sigue vivo el llamado ‘proceso de paz’?
–El proceso sigue vivo. Para la estrategia de la banda debe seguir vivo, aunque mate. En estos momentos ETA ha instalado un paréntesis y se prepara para jugar una segunda parte. Los terroristas quieren diferenciar la tregua del proceso. Esa es la perversión del mal llamado proceso de paz. ETA quiere confirmar que se trataba de una negociación. No mataba para negociar. No mataba porque había cobrado un precio político y quería seguir haciéndolo.
–¿Ha conseguido ETA alguno de sus objetivos?
–ETA no se va con las manos vacías. Hay que analizar las tres negociaciones políticas que ha llevado a cabo en la última década: la de Estella, con el PNV; la de Perpiñán, con ERC; y la actual con Zapatero. Ha conseguido importantes objetivos. Ha legalizado su presencia en la vida política con la irrupción de ANV y del PCTV. Ha conseguido su propósito de triturar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la Ley de Partidos. ETA ha forzado la crisis de todos los movimientos constitucionalistas, así como la sensación de indefensión de las asociaciones de víctimas. Ha conseguido que por primera vez haya en Navarra la expectativa de un gobierno nacionalista. ETA ha logrado, fundamentalmente, que ERC, desde Perpiñán, haya sustituido a CiU en Cataluña. Ha llevado desde Estella al PNV a la autodeterminación.
–Entonces, la iniciativa de diálogo de Zapatero fue una temeridad.
–No, yo no creo que fuera una temeridad. No es la ingenuidad ni la candidez lo que le acerca a ETA. Zapatero tiene su propio proyecto, que es el de una España irreconocible, una España progre, sin valores. Muy distinta a la España constitucional del 77. Busca una segunda transición y necesita a ETA para culminarla, para impulsar su propio proyecto.
–¿Buscaba el presidente una victoria personal en la negociación?
–Lo que el quería era confirmar que el “todos contra el PP” tenía su culminación en ETA. Por eso necesitaba legitimar a la banda. Porque la segunda transición consiste en triturar al PP, alcanzar una unión entre socialistas, comunistas, nacionalistas y ETA.
–Zapatero reivindica el derecho y la obligación como presidente de intentar acabar con ETA. Como habían hecho antes otros gobiernos.
–No se parece en nada lo que hizo el PP y lo que ha hecho el PSOE. El PP no negoció la tregua del 99, la negoció el PNV. En Estella, la unión temporal de empresas se produce entre ETA y el PNV alrededor de la autodeterminación. El PP fue un espectador pasivo. Lo que hay que comparar es lo ha hecho Zapatero y lo que hicieron el PNV y ERC. Estos son los tres elementos que han negociado no sólo un cese de actividades terroristas sino una unidad de proyectos con ETA. La asociación de un gobierno con los terroristas es un disparate. Un gobierno está para derrotarlos, no para unirse a ellos, aunque le venga bien para su proyecto político.
–¿Hay que esperar que el Gobierno y ETA retomen el diálogo?
Lo que yo quiero es verificar a Zapatero, porque no se lo que quiere hacer. Lo que si se es lo que hizo tras el atentado de Barajas. Como se ha demostrado siguió negociando con ETA con tres muertos encima de la mesa. Todavía hoy no le he oído una declaración en la que diga “esta vía se ha terminado para siempre”.
–Usted anunció que las fases del proceso serían tres: la legalización de Batasuna, la anexión de Navarra y la autodeterminación. Ha surgido ANV, los nacionalistas se ha hecho fuertes en Navarra... Son malas señales.
–En eso consiste el proceso. Es una negociación política sobre esos tres grandes hitos. Todo lo demás es prólogo, preludio o circunstancia. El primer hito, ETA lo ha conseguido ya. Sobre el segundo, por primera vez en la historia, Navarra puede tener un gobierno de nacionalistas y socialistas. No estaría ahí ETA. Nafarroa Bai no es ETA, pero todo el mundo sabe que gracias al proceso que ha impulsado la banda, por primera vez gobernarían los nacionalistas. Con lo cual ETA tutelaría el gobierno de Navarra. El tercer hito, la autodeterminación, es el esencial para ETA. La banda necesita la autodeterminación para alcanzar el poder en el País Vasco. Esto supondría la ruptura de España. Por ello, no hay fórmula posible que Zapatero puede dar a ETA y que satisfaga a la banda. Y por eso, el proceso, al final, está condenado al fracaso.
–De Juana y Otegi paseando de nuevo por San Sebastián. ¿Será la señal de que Gobierno y ETA vuelven a negociar?
–El futuro en estos momentos es siniestro, porque lógicamente ETA cumplirá su palabra y matará. Pero hay algo más inquietante. El peligro no es solamente la lucha terrorista sino la ofensiva nacionalista, que tiene a ETA en la vanguardia.
–¿Es más peligroso el nacionalismo que el terrorismo?
– No, el terrorismo es la vanguardia del nacionalismo, es una pieza más del Movimiento Vasco de Liberación Nacional.
–¿No hay un nacionalismo legítimo?
–No se si son legítimos o no. Todos buscan esencialmente un proyecto de ruptura de España, unos ya, y otros a plazos. El PNV se abrazó a ETA en Estella y confirmó que aunque hagamos el esfuerzo de acercar nuestra orilla a su orilla, los nacionalistas ni siquiera se quedan quietos. Alejan su orilla para que la distancia entre ambos sea siempre infinita.
–Sin embargo, han hecho gestos. El lendakari pidió perdón a las víctimas...
–El PNV lo tiene muy fácil. Sólo tiene que decir “yo no comparto un camino político con ETA”.
–Nunca se conformarán con la autonomía.
–No, nunca. Esa es su esencia. Aún más, el nacionalismo radical de ANV, de Nafarroa Bai, de Aralar, de la mano de Zapatero inducirá una crisis en el nacionalismo moderado. Como en Cataluña el radicalismo de ERC ya ha sustituido a CiU.
–Pero nacionalistas no son sólo los partidos. 85.000 votantes apoyan a ETA-Batasuna en el País Vasco.
–Eso es una catástrofe. Es un disparate, y antes o después la sociedad vasca sufrirá una crisis importante. El mundo globalizado ridiculiza los nacionalismos.
–Con ese apoyo el fin de los terroristas no parece fácil.
–ETA pervive en España no por el apoyo social sino porque su dirección y su logística está en una nación diferente, en Francia.
–Sugiere que en Francia hay ‘mano blanda’ con la banda.
–Francia no combate a ETA con la misma intensidad con que lo haría si la banda operase en su suelo. No es una acusación contra Francia, es la constatación de una realidad.
–¿Es posible la derrota de ETA?
–Segura, el camino está trazado. Se marco hace diez años en Ermua: la sociedad española, el Estado de Derecho, la unidad de los partidos. Así se alcanzará la paz. Pero lo urgente es recuperar la verdad.
–No parece que el actual sea ese momento.
–No es el momento porque Zapatero es incapaz de decir la verdad de lo que ha hecho. Por eso, los socialistas necesitan una refundación. Simplemente, para recuperar el sentido de la verdad, el sentido nacional, que hoy no tienen. En un momento determinado, PSOE y PP tendrán que reaccionar ante ETA, tendrán que unirse. Pero antes el PP tendrá que ganar a Zapatero. Ese es el orden.
–¿Es factible un nuevo pacto antiterrorista en el que participen los nacionalistas?
–Eso es imposible. El PNV no ha dejado de estar por la autodeterminación y esta es el objetivo de ETA. ¿Cómo podemos hacer un pacto con quienes comparten objetivos políticos esenciales con una organización terrorista?
–El objetivo final de Zapatero ¿es romper España.
–No, su objetivo es hacer una España irreconocible, sin valores, una España en permanente transición. El proyecto de ruptura es el de ETA. Lo que pasa es que Zapatero y los terroristas han considerado que una unión temporal era conveniente para ambos. Pero ETA jamás se conformará con esa España, aunque sea irreconocible. El problema no es el País Vasco, el problema es España. La cuestión no es el terrorismo, es la ofensiva nacionalista y el debilitamiento de España.
–Volviendo a la sociedad vasca. Tras un hipotético fin de ETA ¿será posible la reconciliación?
–Los vascos vivimos tres guerras en el siglo XIX. Guerras crueles, terribles. Y de pronto, se supo superarlas. En el futuro pasará algo parecido. Un día desaparecerá la confrontación. Pero para eso hay que aplicar el Estado de Derecho, sin miedo, sin inquietud. Habrá que hacer una evaluación de daños. En el País Vasco y en España.
–Alguien tendrá que pagar.
–Todos lo estamos pagando ya. El despilfarro de energía en confrontación en el País Vasco es espectacular. El ejemplo está en Valencia, que no se ha metido en ningún problema en este sentido. Por eso se ha convertido en avanzadilla, en vanguardia de la modernidad.
–El juicio del 11-M se encuentra en su recta final. ¿Le ha sacado de dudas sobre la autoría del atentado?
–Yo hice en su momento un análisis del 11-M y lo mantengo. Nada me ha hecho cambiar. El atentado del 11-M se hizo para que el Partido Popular perdiera las elecciones. Yo no se quién fue el autor intelectual del atentado pero nunca he descartado un cierto grado de participación de ETA. Me quedo ahí, no voy más allá.
–¿Será difícil cicatrizar heridas si queda una sombra de duda?
–La tragedia fue tan terrible... 200 muertos, tres días antes de las elecciones. Los españoles no hemos sido capaces de entender el tremendo significado del terrible atentado, la prueba de fuego que, sin duda, significó aquello para la democracia.