La trayectoria vital de un escultor humanista. Este es el subtítulo del importante libro que, editado por la Diputación y presentado hace unos días constituye un acercamiento decisivo a la vida y obra del gran artista valenciano. Escrito por el crítico de arte Francisco Agramunt con sabia minuciosidad, cuenta, entre otras aportaciones, con un enjundioso prólogo del catedrático Juan Angel Blasco y un epílogo del periodista Rafael Brines, completándose con un extenso álbum fotográfico y detallados datos biográficos.
José Esteve Edo no solamente es el patriarca de nuestra esfera artística, sino una figura de acusada singularidad profesional y personal. Los noventa años que cumple en este 2007 nos deparan el privilegio de tener entre nosotros a alguien que, en cierto modo, sintetiza las vertientes artísticas del siglo XX, entrando en el XXI con la mente lúcida y el carisma especial que le ha procurado el respeto y afecto más generalizado.
Si ganó a sus 28 años el Premio Nacional de Escultura, tras otros galardones anteriores, su carrera se abre, superando el aislamiento cultural de una época, a la más extensa visión internacional merced a las becas que le hicieron ampliar conocimientos y vivencias en París, Italia, Alemania, América Central y diversos países africanos, asimilando corrientes e influjos que habían de nutrir un estilo muy suyo, que entronca con las renovaciones estéticas de los años 30 de la pasada centuria. Como artista y como docente, catedrático de la Facultad de Bellas Artes, ha sido, a su vez, mentor de varias generaciones: académico de San Carlos desde 1979 y representante de la Academia en Japón, Esteve atesora medallas y distinciones, entre ellas la de la Generalitat al Mérito Cultural y el nombramiento de Hijo Predilecto de la ciudad de Valencia.
Pero ante todo y sobre todo, Esteve Edo es un escultor que se entrega en cuerpo y alma a su tarea; que, como él mismo ha dicho, goza esculpiendo y siente cada tema que realiza, tal vez porque se transparentan sus cualidades proverbiales. Humilde, generoso, rebosante de afectividad y sencillez, es un referente ejemplar en toda su dimensión artística y humana. Y este libro a él dedicado se erige en espejo imprescindible de la trayectoria de uno de nuestros más grandes artistas, ilustre y fecundo nonagenario.