Domingo, 24 de junio de 2007
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presidenta de la fundación EDUARDO barreiros
MariLuz Barreiros: “El motor de la vida es la pasión”
generosa y tenaz, esta mujer reivindica la figura del empresario con mayúsculas encarnada en su padre, eduardo barreiros, el hombre que de la nada levantó un imperio automovilístico
generosa y tenaz, esta mujer reivindica la figura del empresario con mayúsculas encarnada en su padre, eduardo barreiros, el hombre que de la nada levantó un imperio automovilístico
Mariluz Barreiros, delante de una cartel de la biografía de su padre.
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inés molina

Mariluz Barreiros es una mujer feliz. No cabe ninguna duda cuando abre la puerta de su oficina, radiante, y pregunta de muy buen humor si nos puede ofrecer algo, tras haber esperado durante más de una hora para ser entrevistada. Sobre su mesa, un ejemplar de la biografía de su padre, “Barreiros. El motor de España”, firmado por el hispanista británico Hugh Thomas.

Su oficina, blanca, elegante, moderna y muy funcional, delata su pasado profesional. “A mí no me gustaba nada estudiar. Tengo que decir la verdad: yo era más de acción que de contemplación. Me gustaba el diseño, el arte, y decidí estudiar Interiorismo, algo a lo que me dediqué durante mucho tiempo. Tuve un estudio con dos socias, Carmen Alcántara y Marisa Longoria. Aquel trabajo creativo me gustaba muchísimo y hacíamos un trío magnífico”. De aquella época guarda buenos recuerdos, especialmente de cuando ganaron el concurso de su primer gran proyecto: un edificio para Telefónica en Madrid. “La tendencia ya era la oficina paisaje, la oficina abierta, y aquello fue un gran desafío y una gran oportunidad”, afirma.

Una nueva etapa

En 1992, su vida da un gran giro. Su padre, el empresario de la automoción Eduardo Barreiros, muere en Cuba, un país al que había vuelto para intentar el mismo milagro que fue capaz de poner en marcha en la España franquista: una empresa nacional con ventas millonarias, capaz de exportar a más de 27 países y de dar trabajo a 125.000 personas, entre puestos de trabajo directos e indirectos. “Mi padre estuvo en Cuba 12 años, pero muchas cosas se quedaron, desgraciadamente, en el laboratorio. La continuidad de todo aquello era muy difícil y pensé, “qué pena que todo esto se pierda””. Nacía así el germen del Museo Eduardo Barreiros.

Sus primeros pasos fueron firmes, pero sin grandes pretensiones. “Empezamos en una finca que compraron mis padres para pasar los fines de semana, con un pequeño edificio para conservar las cosas que tenía: un camión, unos cuantos motores, un Dodge de los primeros tiempos, un archivo que estábamos empezando...”. Poco a poco el proyecto va tomando cuerpo, gracias a la tenacidad genética de Mariluz Barreiros. “En 1993 construimos un edificio muy bonito y ahí fuimos recopilando cosas que había: papeles, recuerdos de la fábrica, regalos de jefes de Estado... El archivo es impresionante así que pensé: “por qué no crear una fundación para que no se olvide lo que fue capaz de hacer””. Y en este preciso momento, esta mujer recuerda apasionada una infancia “entre cigüeñales, ensamblajes, cadenas de montaje, coches y motores; motores y coches...”.

Hoy, la Fundación Barreiros, “un homenaje a él, a sus hermanos y a su excelente equipo”, es una realidad de la que se siente orgullosa y que ha articulado en cuatro grandes áreas: cultural, académica, empresarial y social. En la primera de ellas su labor está siendo más enérgica y aplaudida, ya que no ha dudado en llamar a algunos de sus amigos más ilustres para organizar jornadas en torno al automóvil. Desde el cardiólogo Valentín Fuster, a Almodóvar, pasando por el ex-alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, o los arquitectos Moneo y Foster, el desfile de celebridades que apoyan su proyecto Cultura y Automóvil es impresionante.

En las áreas académica y social de la fundación, algunas becas y convenios con universidades y organizaciones no gubernamentales ocupan su tiempo, sin olvidar la parte empresarial, a la que concede gran importancia. “Es vital transmitir el espíritu emprendedor a los más jóvenes para que les sirva de estímulo. Que piensen: “Si alguien que sale de la nada ha sido capaz de hacerlo, por qué no voy a poder hacerlo yo””. Y de nuevo, su sonrisa se ensancha hablando del empresario tenaz. “El verdadero motor de la vida es la pasión. Y el entusiasmo, pero la pasión por encima de todo”.

Éste ha sido un gran año para su fundación y para la memoria de su padre: su biografía ha visto la luz con éxito y Mariluz Barreiros se muestra orgullosa de ello. “En ella está recogida una parte de la historia de España. Lo que ha hecho el autor es muy interesante; le ha dado más valor que a una pura biografía. Este libro es un estudio político, social y económico de la España de entonces. Creo que lo mejor que nos ha podido pasar es que Hugh Thomas haya escrito este libro”.

Y para completar la buena racha, un proyecto del que habla sin parar entusiasmada. Se trata del nuevo Museo de Automoción-Barreiros, que estará listo en dos años. Una iniciativa de un inversor privado, el propietario de La Torre, el mayor desguace de Europa, un hombre que ama esta industria tanto como la amaba su padre. Él solo ha decidido poner en marcha esta iniciativa, contando con los arquitectos Mansilla y Tuñón, que han diseñado un edificio que pasará a la historia. Mariluz Barreiros no tiene más que palabras de admiración y agradecimiento para el artífice de este proyecto. “Me parece un sueño. Algo imposible”.

 
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