Domingo, 17 de junio de 2007
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Valencia
Lo que se comía hace mil años
Un libro sobre las principales recetas del siglo XI y otro sobre las costumbres cotidianas y la auténtica manera de vivir del Cid desmontan numerosos tópicos sobre la Edad Media
Un libro sobre las principales recetas del siglo XI y otro sobre las costumbres cotidianas y la auténtica manera de vivir del Cid desmontan numerosos tópicos sobre la Edad Media
Comencemos, en la rememoranza periodística del Cid y su época, por la gastronomía esencial de hace casi mil años. Un libro de Miguel Ángel Almodóvar, La cocina del Cid (Nowtilus) descubre al lector la historia de la cocina en tiempos de Rodrígo Díaz de Vivar y las mejores recetas medievales que alegraron los muy esforzados días (Miguel Ángel Almodóvar los califica de tristes días) del destierro del histórico personaje, un guerrero que ganó batallas después de muerto, o eso sigue creyéndose.

Un personaje que inspiró (eso sí, con bastantes fabulaciones muy en el estilo de Hollywood) una de las mejores películas de Anthony Mann, El Cid (1961), producida por Sanuel Bronston, protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren, asesorada nada menos que por el ilustre Ramón Menénez Pidal (que evitó más de una falsedad, pero no todas) y rodada en buena parte en Peñíscola.

Leyenda con algo de western
La película del gran Anthony Mann es casi un western e, insistimos, pese a no ser fiel a lo que realmente sucedió, al asumir con franqueza su condición de leyenda medieval, alcanza una fuerza romántica y visual que le han proporcionado merecediamente la categoría de clásico cinematográfico. Con mentiras también se puede hacer buen cine. Quizá por desgracia.

Pero precisamente por su popularidad, El Cid película no ha contribuido precisamente a que nos hagamos una idea de cómo fueron realmente la vida, las costumbres, la comida, los tabúes y los miedos del nuestro medievo. El libro gastronómico de Almodóvar (nada que ver con el famoso cineasta, estamos hablando de un periodista e investigador, autor de numerosos libros culinarios y nutricionales) y un libro del medievalista José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) desmontan muchos de los tópicos que se han instalado en el imaginario popular, aparte de rescatar historias y anécdotas muy poco conocidas.

Ajos y escabeche
La cocina del Cid , por ejemplo, plantea al lector algunas curiosas preguntas y luego las responde, aportando una buena documentación. ¿Tuvo que enfrentarse el Cid a una huelga de hambre? ¿Los ajos que comía el Cid los habían traído los romanos desde Egipto? ¿Fueron sus amigos moros los que enseñaron a Rodrigo Díaz de Vivar a hacer escabeche? ¿En qué cosnsitía el mirraustre de palominos?

El libro ofrece un repertorio de 73 recetas claves de la Edad Media, que detalladas por vez primera en ingredientes y tiempos de cocción, conservan el misterio de los siglos oscuros. Recetas excelentes de una cocina macerada entre aullidos de guerra y silencios de convento, pero también una gastronomía en buena medida excesiva y hasta brutal, sin ningún equilibrio alimenticio a la luz de la dietética actual.

Cuenta de este modo Almodóvar la sustancia central de su libro: “Hace ahora mil años que un infanzón burgalés, Rodrigo Díaz, logró elevarse por entre una maraña de batallas, intrigas palaciegas, destierros y afrentas, para ganar los títulos de Señor y Campidoctor, en severos duelos”, afirma el investigador. “El Cid se esforzó en conseguir el sustento cotidiano, compartió asados con la grey cristiana y se regaló en las refinadas mesas de sus amigos mulsulmanes”, revela el escritor, que en 2003 ganó el Premio Alimentos de España.

Mapa de los sentimientos
Mi Cid. Noticia de Rodrigo Díaz (Península), de Ruiz-Domènec, tiene un enfoque distinto. El autor empieza meditando sobre la película de Mann y Bronston para terminar levantando el mapa de los sentimientos de un hombre singular.

Por medio de pequeños estudios –acercamiento sectorial a la época– Ruiz-Domènec analiza las estrategias literarias en torno al Cid, desde el Carmen Campidoctoris , escrito en Barcelona, hasta el Cantar del Mío Cid , del que este año se cumple su centenario, pasando por los dramas barrocos de Guillén de Castro y Corneille.

Comparaciones eruditas, del diván psicoanalítico al sillón académico, la novela histórica, las confusiones sobre el personaje, su manera de vivir y amar y sus desconfianzas hacia todos (el Cid no se fiaba ni de sus mejores amigos). Todas esas cosas nos cuenta el autor de este pedagógico libro.

 
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