Al final lo consiguieron. Una docena de Yomus reventaron el entrenamiento del Valencia, algo que ya pretendieron hacer el martes pero sin éxito. En cambio, ayer pudieron llevar a cabo su plan a la perfección desplegando pancartas e increpando a los jugadores. La plantilla hizo oídos sordos hasta que explotaron. Y algunos miembros de la plantilla se acercaron para pedirles explicaciones si sacar nada en claro. Además, el cuerpo técnico decidió trasladar el entrenamiento a otro campo, mientras la policía hacía acto de presencia para evitar que la cosa fuera a más.
Desde primera hora de la mañana se respiraba un ambiente enrarecido. Poco antes de comenzar la sesión ya se pudo ver en el aparcamiento a un grupo de miembros de la peña Yomus. Puestos en corrillo, departían unos con otros. Se intuía cuáles eran sus intenciones.
Los radicales cumplieron los deseos que se vieron frustrados anteayer, porque el entrenamiento tuvo lugar en el mini estadi, a donde no pueden acceder los aficionados. Pero ayer la sesión era abierta al público y, una vez saltaron al césped los futbolistas, el grupo de ultras se acercó a las verjas y desplegó dos pancartas. Un de ellas mostraba un dibujo de una camiseta verde con tres símbolos del euro, bajo el título: “Esta es vuestra camiseta”. En la siguiente se podía leer: “9-6-07. Vergüenza, ridículo, infamia. De nosotros no os vais a reir. Ultra Yomus 1983”, en referencia al derbi contra el Levante. Dos polémicos mensajes. Pero aún tenían pilas para organizar más escándalo.
De las pancartas a los insultos
Una vez estaban bien colocadas las telas, se escuchó el grito de “Leed bien las pancartas, perras”. Tras esas palabras, se sucedió un recital de improperios hacia la plantilla. Pero las críticas no iban sólo dirigidas al grupo, sino que también tenían preparadas algunas ofensivas personalizadas. “¿Qué? ¿Estuvisteis ayer de fiesta? Tenemos fotos”, advertían con rabia.
Los ultras presentes achacaban su enfado a la falta de actitud de los valencianistas en el derbi del pasado sábado. “Todo el p... año animando para esto”, decían. Y la indignación iba en aumento, empleándose términos cada vez más subidos de tono. “Sinvergüenzas. No tenéis honor y orgullo. Tendríais que estar todo el día corriendo, hasta las 11 de la noche”, así se manifestaban.
Pero el conflicto no había hecho nada más que empezar. Y decidieron pasar del plano deportivo al personal. Este grupo de radicales ya no se limitaba a mostrar su disconformidad por la supuesta falta de carácter que pudo reflejarse la pasada jornada. El comportamiento de los ultras estaba tomando un cariz que hacía presagiar una reacción por parte de la plantilla. Y esta no se hizo esperar.
Quique Sánchez Flores, en vista del clima que se estaba generando, no dudó en aproximarse de buenas maneras a la docena de Yomus, que reclamaban un reconocimiento del apoyo que dedican al equipo. “Al menos que agradezcan a la gente que estuvimos allí”, pedían. El míster mantuvo la calma durante un diálogo que se prolongó más de cinco minutos. Pero su eficacia fue nula. Es más, no hizo más que aumentar la gravedad de la situación.
“Caraduras”, “Mercenarios”, “Bebed agua para quitaros la resaca”, “No tenéis corazón ni sentimientos. Con el mogollón de millones que ganáis, perder contra el pobre Levante... ¿Cómo os dejáis humillar así?”, “Cómo os gusta el dinero y la fiesta. Lo sabemos todo”, eran algunas de las perlas que salían de esas provocadoras bocas.
En busca de una reacción por arte de los jugadores, los agravios subieron un escalón y tomaron objetivos claros. Albelda, Cañizares y Morientes fueron las principales víctimas. Al de la Pobla Llarga le invitaban, irónicamente, a pedir un aumento de sueldo, mientras que al de Puertollano le instaban a viajar a Ibiza de vacaciones. El más perjudicado de todos fue el delantero de Cáceres. “Qué bien se está en el hotel, Morientes”, afirmaron los ultras.
Ante comentarios como estos, era previsible un réplica por parte de algún valencianista, y el primero en saltar fue Morientes. Se acercó alterado hacía la verja, pero Quique y el jefe de seguridad, Fernando Jiménez, se pusieron por medio sin permitirle entrar al trapo. “Aún no he visto a nadie que pida perdón y dé la cara”, se escuchó.
Ante el clima de tensión, el técnico decidió detener el entrenamiento para reanudarlo en el mini estadi. Así, Albelda, Marchena y Morientes aprovecharon para mantener una acalorada charla con los Yomus. El capitán llegó a decirles: “Al final todos los jugadores buenos se van a ir y os vais a quedar con un equipo de mierda”. Instantes después se unieron Villa, Regueiro y Curro Torres. Un intento en balde, de forma que la sesión continuó en el campo del filial. Un lugar donde el ambiente que se respiraba era totalmente opuesto al de los momentos previos. Ahora la tranquilidad dominaba.
Y llega la Policía Nacional
Pero una tranquilidad exterior, ya que la mañana de ayer había hecho mella en el seno de la plantilla. Tanto que ninguno de ellos quiso pronunciarse en una rueda de prensa que estaba prevista. Manolo Mas, jefe de comunicación del club, avisó de ello. “No vamos a hacer un contrapunto de lo que piensan los Yomus. Además, se personalizaría con lo que han dicho al jugador que viniese. He hablado con los jugadores y el entrenador y lo hemos decidido”, explicó Mas. Y para prevenir algún problema posterior, la Policía Nacional hizo acto de presencia. Las autoridades dialogaron con los protagonistas del espectáculo sin necesidad de tomar medida alguna.
Y justo en este día, la Comisión Antiviolencia multó a cinco radicales del Valencia por los percances ocurridos en los prolegómenos del partido contra el Levante. Además de dinero, tendrán prohibido acceder a recintos deportivos por un periodo no superior a cinco meses.