Desafío, a ganar! ¡Ánimo! Con estas consignas se encontraron los regatistas B del equipo español cuando salieron el sábado a navegar para probar el ESP-88. Primeras risas... ‘‘¿A ganar qué?’’, se preguntaba más de uno en el barco.
La gente que se daba cita en los dos lados del canal les animaba como si fueran adisputar la prueba más importante de la historia del sindicato cuando en realidad, a lo único que iban era a realizar una puesta a punto del velero, el segundo del Desafío. El plan era tenerlo listo de cara a los compromisos publicitarios que deben acometer esta semana.
Antes, nada más salir de la base, escucharon el tronar de un petardo. Y todos miraron automáticamente hacia uno de los áticos de la calle JJ Dominé donde hay un vecino que cada vez que sale un velero del sindicato español tira un masclet. Miraron hacia la terraza y saludaron. Desde la lejanía se veía al aficionado saludar a su equipo. Tiene mérito... y tiempo libre el tipo ya que hacía más de una semana que ningún velero español salía al agua, por lo que debe estar haciendo guardia todos los días para despedir a sus regatistas.
Fue el baño de gloria de unos deportistas que han estado a la sombra de los titulares durante los dos meses que ha durado la competición. Cada vez que salían a entrenar a ellos les ponían la música del grupo ‘Locomía’ (una especie de guiño afectivo de los empleados de la base) mientras que a los otros, a los titulares les despedían con el ‘‘Volando voy’’ de Kiko Veneno.
Los guiris, como también llaman a los extranjeros del equipo, ya se han marchado y ahora el protagonismo lo tienen ellos que van a ser los encargados de llevar el ESP-88 durante la próxima semana.
El sábado fue un día perfecto para salir a navegar. Había una brisa fantástica y solecito, tampoco demasiado calor. Así que cuando iban por el canal a todos se les veía una cara de felicidad porque
sabían que el trabajo que les queda por hacer no tiene mayor compromiso.
Velas y comida
Y así se lo toman. El sábado nada más terminar de saludar a los aficionados del canal, Santiago López Vázquez, les reunió en
la popa del velero para darles las consignas. Tras hablar durante unos segundos de lo que iban a hacer alguien saltó y preguntó por la comida... ‘‘Cuando volvamos
a la base’’, dijo el caña santanderino para aplacar las ansias alimenticias de los famélicos regatistas
(algunos superan las 9.000 calorías diarias).
El día era fantástico por lo que nada más salir de la bocana el velero pudo izar su mayor y comenzar a navegar. El trimmer de spi, Marcos Iglesias, decía que su posición en el barco era la de estratega e imitaba a alguno de los compañeros anglófonos que ya no están en el equipo. Muchas risas.
Pero las sonrisas cejaron por unos instantes cuando uno de los regatistas se cayó al agua en una maniobra. Rápidamente le sacaron del agua y, de nuevo, una vez a salvo, rebrotaron las risas. El mojado recibió varias ofertas de camisetas secas antes de volver al trabajo y un puñado de burlas.
Tras cerciorarse de que el barco estaba bien montado (sólo hicieron falta un par de largos bordos de ceñida) López Vázquez llamó al grinder argentino Mauro Maiola. Le dijo más o menos que ese era el momento que siempre había esperado y se separó de la caña del
velero para que la cogiera el americano.
Este que venía de trabajar con el coffee llegó con las mangas arremangadas. Tras las risas de los otros decidió bajarse los apéndices de la prenda para tener una mejor prestancia. Y es que parecía más un camionero con sus 110 kilos
de músculo que un fino caña de Copa América. Tuvo su momento de gloria.
Saludos
Un rato después el equipo izó el spi (eso si en modo carrera para hacer algún ejercicio de maniobra) y enfilaron de nuevo hacia la bocana del puerto.
Decenas de veleros se intentaban acercar al ESP-88 para saludar antes de que a las dos de la tarde el barco arriara su velamen y enfocara la vuelta a casa. Fue el momento en el que Iglesias dejó caer una de sus perlas: ‘‘Un día yo seré el estratega de este equipo’’. Por ahora lo es del equipo Locomía, que no es moco de pavo...
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