Sábado, 26 de mayo de 2007
Registro Hemeroteca

en

C. VALENCIANA

entre líneas
Reflexión
En esta vida hay quien actúa sin pensárselo dos veces. También están los que no se paran nunca a pensar, porque opinan que hay cosas sobre las que es mejor no pensar. En el lado contrario están los que se pasan la vida pensando, y tanto piensan, que al final el tiempo se les va sin haber podido actuar. Entre unos y otros, está el término medio, un terreno marcado por el sentido común, que nos dice que hay que encontrar un equilibrio entre acción y reflexión.

Pensaba en ello con motivo de la jornada de reflexión, una especie de día protegido en el calendario para garantizar que, al menos durante veinticuatro horas, existirá un espacio ideal para meditar. Un intervalo de tiempo sin presiones ni coacciones, sin prisas y sin más obligaciones que tomar una decisión antes de acudir al colegio electoral.

La verdad es que la jornada de reflexión es todo un invento. Evita saturaciones y ayuda a tomar la distancia oportuna entre los acontecimientos para elegir de manera más objetiva la mejor opción. Tan importante es que estoy a favor de extender la jornada de reflexión a otros ámbitos, principalmente al personal, donde la necesidad de tomar decisiones importantes es mayor que en cualquier otro. Y entre las decisiones importantes incluiría casi todas, porque de alguna manera somos nosotros mismos quienes sufrimos las consecuencias de todas nuestras decisiones, y eso supone mucha responsabilidad en cada elección.

Está claro que no hace falta una jornada de reflexión para concluir qué hacer de cenar o para elegir el modelito que te vas a colocar, pero quizás si sea necesario para decidir qué quieres ser de mayor o para saber si te conviene pasar el resto de tus días junto a una persona en cuestión. Y a pesar de lo trascendente de estas y otras decisiones, el día a día limita nuestras posibilidades de pensar en ellas, o nos lleva a hacerlo en condiciones precarias, en espacios poco indicados o en los tiempos muertos entre acción y acción. Porque no me negarán que no es lo mismo retirarse a un monasterio con pinta de yate de lujo a meditar sobre el futuro de la nación, como hizo en su día Sarkozy, que reflexionar en el baño sobre la necesidad de darle un giro a tu vida, o aprovechar un atasco para pensar si esa persona te conviene o no. En definitiva, las cosas grandes hay que pensarlas también a lo grande en la medida de nuestras posibilidades, pero eso sí, sin limitar la capacidad de acción.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS