Les confieso que me siento bastante avergonzado. No, no he cometido ninguna fechoría nocturna, en este sentido estoy bastante reformado. Tampoco he traicionado a ningún compañero de curro o a un amigo, nunca fue mi estilo, espero. Por otra parte, mi vida sentimental se mantiene estable, así pues, no he cuerneado a ningún novio o marido desde hará por lo menos un lustro... Me acuso, sin embargo, de cobardía y falta de reflejos.
Ha explotado otro artefacto en una sede del PP. Por desgracia no ha sido el único durante esta campaña y debería haber escrito columna cuando estalló el primero porque no podemos consentir estos ataques contra el sistema democrático, contra la convivencia, contra la tolerancia. Esta especie de infecto terrorismo callejero, preñado de la cobardía habitual, merece respuesta inmediata y nuestro silencio sólo muestra debilidad. Pero claro, estas bombas incendiarias, puro veneno, iban contra el PP, y siempre sentimos cierto reparo en defender a los peperos cuando reciben un ataque porque todavía, a estas alturas, detestamos esas miraditas maliciosas por parte de nuestros amiguetes de la izquierda que quieren decir: “Estás últimamente un poco facha, ¿no?”. Pero aquí no se trata de fachas o de rojos, se trata de cafres que atentan contra nuestro sistema, y debemos reaccionar con energía expresando nuestra repulsa. Si hubiesen atentado contra cualquier partido de la izquierda habríamos replicado desde la velocidad que merece un barbaridad de este calibre, pero con el PP nos la cogemos con papel de fumar porque nos lo montamos peor que las beatas y nos aterra el “qué dirán”. Sí, me avergüenza mi lentitud, me abochorna casi tanto como comprobar desde la desolación más absoluta que unos paisanos nuestros expresen su opinión a base de bombas de fuego y ponzoña. En esta Comunitat hay sitio para todas las ideas, para todas, pero no queremos entre nosotros a los descerebrados que emplean la gasolina como eje de su discurso. Que se larguen.