Viernes, 11 de mayo de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Javier de Loño Capote, psiquiatra y pediatra La salud mental en los adolescentes
La incidencia de lo psíquico en las bases del comportamiento infantil y su proyección a lo largo de la vida de forma que condiciona la conducta, lleva a Salus LP a solicitar una entrevista al Javier de Loño Capote, Jefe de la Unidad de Salud Mental infanto-juvenil del Hospital La Fe de Valencia.
Recientemente se celebraron en Valencia las IV Jornadas Mediterráneas de Salud Mental en la Adolescencia organizadas por el doctor Loño y la doctora Gemma Ochando Perales. Las jornadas estaban declaradas de Interés Sanitario Social y su ideario, que reproducimos en esencia, habla por si solo del interés del tema para las sociedad. La atención temprana en las consultas médico-psicológicas es una (todavía) asignatura pendiente. Cuando el “yo” social de la persona no tiene más remedio que reconocer su debilidad y en muchas ocasiones la injusticia, puede estallar la angustia y la agresividad contra todo lo exterior, al que hace culpable de su situación.

La necesidad de autoafirmación es una de las necesidades fundamentales del ser humano, los valores educativos, el soporte y protección emocional, la ayuda psicológica y la psicoeducación familiar son pilares y constructos básicos que proporcionan equilibrio emocional. De no ser así correríamos el grave riesgo de “crear” adolescentes afectos a graves trastornos de conducta y “favorecer” la marginalidad social. Lo que no se cura en la infancia dura toda la vida. Si protegemos a la infancia nos protegemos igualmente a nosotros y protegemos a la Sociedad”.

Nos recibe el doctor de Loño en una mañana en la que su antesala de consulta está llena, lo hace en su bien organizado despacho de reducidas dimensiones y que comparte un espacio con otro despacho y el área donde una enfermera solícita atiende y distribuye la agenda, el día a día de la Unidad.

Presidido por una fotos de Santa Cruz (Islas Canarias) el panel de corcho sobre la pared nos habla también de su familia. Médico formado en la Universidad Complutense de Madrid, en el Servicio de Medicina Interna de Jiménez Díaz, pediatra del Gregorio Marañón y ya psiquiatra infantil en el emblemático Hospital de La Paz bajo la dirección del prestigioso doctor Enrique Jaso y hasta hoy ya en La Fe al mando de la Unidad citada de Salud Mental.

Todo ello nos lo relata en síntesis apretada, con un acento suave que revela su origen canario del que se siente nostálgico, creemos, y desde luego orgulloso.

Abordamos con este psiquiatra, experto en salud mental de niños y adolescentes, la situación actual de los trastornos y conductas en esa franja de edad que marca el futuro desarrollo psicosocial de los afectados.


–¿Qué es un trastorno mental?

–Los conocimientos actuales indican que hay mucho de físico en los trastornos “mentales” y mucho de mental en los trastornos “físicos”. La mente hace enfermar al cuerpo. En la infancia, especialmente, es donde, con más intensidad si cabe, se producen lo que llamamos somatizaciones. Es decir: cuando acontecen situaciones de vida estresantes, dificultades sociales o de adaptación escolar (lo que denominamos acontecimientos vitales estresantes), se producen con bastante frecuencia disfunciones en lo psíquico, alteraciones de los órganos y aparatos de nuestro organismo, y se pueden producir enfermedades psicosomáticas, es decir alteraciones cuerpo/mente.

–¿Lo padecen sólo los adultos?

–Es evidente que el trastorno mental o psíquico social no es patrimonio del adulto. La infancia y la adolescencia (cada día con aumento muy considerable de patologías), están produciendo disfunciones psíquicas espectaculares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice: un 20-25% de niños, adolescentes sufren algún tipo de trastorno psíquico o emocional, o lo van a sufrir.

El estudio de la sicopatología del niño muestra que el aparente comienzo de los trastornos del adulto no es con frecuencia, más que la crisis con la que finaliza el largo periodo de malestar o de conflictos aparentemente latentes o enmascarados, de la adolescencia.

Nuestra disciplina, no podría sin embargo, separarse del pediatra. Los pediatras son los testigos de los primeros intercambios entre el bebé y su madre, y conocemos hoy cómo algunas orientaciones, a veces son decisivas, en la evolución psíquica y determinante en esta la interacción madre-hijo.

–¿Cuántos afectados existen en la Comunitat?

–Siguiendo con los índices o estadísticas de la OMS, de forma aproximada, podremos considerar que en una población de aproximadamente 4.500.000 de habitantes en la Comunitat y con la franja pediátrica de 0-18 años, y una correspondencia demográfica de un 20% de esa población, estamos hablando de un número de niños y adolescentes en riesgo evolutivo de enfermar psicológicamente de 80.000 posibles casos clínicos. En la Unidad de Salud Mental Infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital Infantil La Fe atendemos anualmente a 2.000 niños y/o adolescentes.

Lo triste, lo erróneo y lo que los padres no encajan bien, es que como la edad limite de atención es hasta los 14 años, cuando cumplen esa edad los “obligan” a ser adultos. Para que usted lo entienda: un niño a los 13 años y 364 días es niño, y a los 13 años y 365 días es adulto. Esta normativa aparte de ser contraria a la lógica, y vive de espaldas a toda Europa y a otras comunidades nacionales que tienen garantizada y homologada la asistencia pediátrica y psicopediátrica de la infancia hasta los 18 años (que por otra parte es lo lógico profesionalmente y socialmente). Es muy poco profesional y hace daño.

–¿Hay alguna prevalencia en niñas o niños?

–La prevalencia de los trastornos psicosociales que es como yo me siento más cómodo (a nivel conceptual o etiológico) hablando, es variable. Quiero significar que, por ejemplo, si usted aborda problemas o conflictos psico-alimentarios (anorexia, bulimia..) es notorio que la prevalencia con frecuencia, por así decirlo, es mayoritaria en proporción de 8-9 chicas de cada 10 adolescentes. Si abordamos los trastornos del estado de ánimo, depresión, ansiedad …, sigue siendo mayoritaria la presencia de chicas. Pero, si por el contrario entramos a considerar manifestaciones de violencia, adicciones, trastornos de identidad, comportamientos psicóticos.., la balanza cae del lado de los chicos. ¿Por qué? mire usted: Hoy, más que nunca, los hemos socioculturizado, los valores de toda la vida están en descenso. Vivimos con la permanente ascensión de la competitividad, a veces injusta a todos los niveles. De otro lado, no es menos cierto que la mujeres tienen en general mejor sensibilidad, un dispositivo y perfil (por lo que sea) intelecto-cognictivo más ventajoso para buscar un equilibrio más saludable que la mayoría de los hombres.

–¿Cómo llegan a su consulta estos afectados?.

–De momento con su madre o a veces con su padre. Esto que parece una obviedad, es algo determinante. Nos gustaría que llegasen con padres y madres, pero por diversas dificultades, de cada 10 niños que acuden a nuestra Unidad, 7 vienen sólo con la Madre. Normalmente vienen derivados a través de Propuesta de Consulta o desde los pediatras de Atención Primaria. Cuánto nos gustaría (se hace en muchos sitios de Europa y en otros lugares de España) que pudiesen acudir directamente desde los centros escolares, enviados por los psicólogos de colegio. Esta norma beneficiaría enormemente la evolución de la salud mental de la infancia por varias razones: Primero, por la rapidez y prontitud en la atención desde que comenzaran o manifestase los síntomas ya que es básica la detección temprana, la aceptación por parte del especialista o para poder iniciar cuanto antes el tratamiento; segundo, por implicar positivamente a los Colegios y ayudarlos en la información y medidas a seguir, y tercero porque sería todo mucho más “democrático”, es decir, salud mental para todos y una eficaz prevención. Ganaría toda la sociedad.

–¿Qué perfil tienen habitualmente, hay rasgos comunes?

–No hay un perfil específico. La sicopatología, es decir, los trastornos o disfunciones psicológicas, pueden producirse en casos o niveles altos de la sociedad, en niveles medios socio económicos o en niveles humildes. No es menos cierto que a mayor situación de deprivacion (carencias) social, es mayor la prevalencia de trastornos. Es notorio que la pobreza extrema y la marginación social son determinantes favorecedores de la enfermedad mental. De ahí la importancia en atender con más urgencia y medios a esas clases desfavorecidas. De lo contrario, en aquellos otros comportamientos (no ya personales profesionales, sino político sociales) y es un “boomerang” para el equilibrio y paz social. Hace años que cometen hechos deleznables que no lo hacen por odio ni por genética, sino por carencia de afecto social, por esta insuficiencia de valores, de criterios y por adolecer de evolución moral. El informe DELORS efectuado por la UNESCO por una causa internacional sobre la educación del Siglo XXI, señala los 4 pilares de la Educación: Aprender a hacer, a conocer, a vivir juntos y a ser.

–¿Los trastornos son genéticos?

–Los trastornos no esencialmente son genéticos. La genética en una gran mayoría de trastornos emocionales de la infancia-adolescencia no determina sino predetermina.

Mire, hoy se están escribiendo y oyendo muchas afirmaciones, que aún me dan, si ya no miedo, sí preocupación: se lee que la homosexualidad podría estar en un gen. Afortunadamente ya la homosexualidad no es considerada como caso patológico o enfermedad como hace pocas décadas. Entendemos que hay numerosos grupos de enfermedades que requieren más ayuda de financiación de los estados y ciertas industrias farmacéuticas, para la investigación y curación, no empeñarnos en intentar descubrir un gen para la homosexualidad como si fuera algo peligroso para la salud. Doble moral e hipocresía se dan muchas veces de la mano.

No es menos cierto, que los estudios genéticos cada vez más avanzados son esenciales, y de enorme relevancia. Los trastornos generados del desarrollo (autismo entre otros), los trastornos esquizofrénicos, son candidatos firmes a los avances genéticos. Ojalá podamos contar en pocos años con herramientas terapéuticas preventivas o sustitutivas para poder curar y prevenir estas dolencias que parecen tener una seria carga genética y/o biológica.

–¿Qué tipo de trastornos son más frecuentes?

–Los trastornos más frecuentes pueden ser detectados en tres épocas diferentes de la etapa infanto-juvenil. La sicopatología de la primera edad se produce a los 0-4 años aproximadamente, tenemos que estar muy alertas en detectar y valorar, se producen por una mala vinculación afectiva. Esto significa que en bastantes casos, la interacción (la relación del bebé con su entorno más cercano) no es la más adecuada. Anomalías y conflictos de pareja, maternidad adolescente, depresión postparto, marginalidad social, etc., son evidentemente signos de riesgo para una normal evolución intelectual de esos niños. Curiosamente la etapa escolar, entendemos que la patología más frecuente se encuentra en la medicina psicosomática, es decir, las somatizaciones. Esto quiere decir que la mente hace enfermar al cuerpo. Si el niño recibe demasiadas sensaciones, vive sentimientos de fracaso (escolar, social, relacional) o de carencia afectiva, reaccionará en numerosas ocasiones con problemas y disfunciones de los órganos y aparatos de su cuerpo. Así, nos encontramos procesos resfrectarios (asma, gastroenteritis, dolores, vómitos,), neurológicos (cefaleas, perdidas de conciencia, hasta cojeras), determinadas y originadas por una excesiva tensión y ansiedad. Estas dolencias, trastornos somáticos, están bastante estudiados y son bastante tratables. Es decir, el origen es psicológico y/o de dificultades de adaptación social al entorno fundamentalmente. Respecto a la adolescencia la prevalencia de enfermedades gira entorno a episodios depresivos, trastornos obsesivos-bipolares, cuadros de ansiedad, violencia (acosos), adicción a sustancias.

–¿Qué papel juegan los padres?

–Los padres (la profesión-afición más difícil de mundo) jugamos un papel que se me antoja decisivo en el futuro equilibrio emocional de nuestros hijos. Nunca utilizo el término “culpables”, pero sí como no, responsables y generadores de ciertas anomalías y disfunciones de nuestros hijos.

Hay padres que prefieren para arreglar los trastornos de su hijos que se les medique, se les den pastillas para intentar cambiar su actitud o aptitud (cuando en muchas ocasiones sabemos que determinados comportamientos o actitudes de los padres están generando problemas en sus hijos). Este es el caballo de batalla diario. El cómo se le explica al padre que él es el culpable de que su hijo este enfermo. ¡Cómo va a tener su hijo un problema por su culpa! Cuando los padres aceptemos de verdad que rectificar es de sabios, que los cambios de actitud son los que de verdad curan, y que no te puedes culpabilizar por los problemas de tu hijo (que no es sólo tuyo, sino también de las influencias de la sociedad).

–¿Qué protocolo habitual siguen desde la primera visita?

–¿Qué Protocolo? Somos profesionales específicos de Salud Mental Infanto Juvenil, que somos médicos de niños y adolescentes, como otros pediatras que se encargan de la “pancha y la gola”. Y a raíz de ahí (desde el primer momento disculpamos cualquier signo de culpa o desconfianza de los padres hacia la especialidad) el niño y adolescente realiza algunas tareas, test, dibujos, en otro despacho y nosotros entrevistamos a los padres. A continuación le informamos y explicamos lo que creemos le pasa al infante y proponemos un Plan de Actuación. Eso sí, dejamos claro que aquí no hay culpables, que debemos colaborar todos (colegio incluido) que el psiquiatra no cura solo, ayuda todo lo que puede, pero la responsabilidad y trabajo es de todos.

–¿Hay algún rasgo facial, algún comportamiento gestual, una sintomatología que pueda ayudar a centrar el diagnóstico?

–En relación a esta cuestión, le diré que no es que lo evita con algún rasgo facial gestual o conjuntamental que oriente a un posible diagnostico. Hay decenas de actitudes, gestos, aspectos mímico faciales, motrices conjuntamentales, la forma de mirar, de “esconderse”, de sentarse, del tono de voz, la locuacidad, etc. Es un verdadero compendio de documentación valiosísima para hacer nuestros registros clínicos.

–¿Qué consejos daría usted a los padres para el cuidado y seguimiento de un trastorno mental?.

–Perdone la boutade (la broma irónica o tonta), el mejor consejo que le pueden dar es el Consejo de Administración. Esto no va de consejos. Esto es una profesión con respeto y gran educación a todos, en que nos estamos jugando los mas importante de nuestras vidas y de nuestros hijos la salud y la buena educación, que requiere una especialización y profesionalidad de máximo conocimiento y dedicación. No consejos, sino tratamientos definidos y claros desde el principio guste o no guste.

–¿Cree usted que debe añadir algo más que no hayamos ocontemplado aquí?.

–Dos cosas, me gustaría añadir primero que los padres pierdan definitivamente el miedo a la salud mental. ¿Cómo se puede tener miedo a la salud, ni a la mente, donde está todo lo que puede engrandecer al hombre de progreso y de espiritualidad?. Segundo, que los políticos en general ayuden mucho más a la infancia necesitada de atención psicológica. Les daría más satisfacciones de todo tipo, pues me parece que hasta ahora no la han valorado adecuadamente.

carlos pajuelo de arcos

 
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