Por todo lo alto. Así despidió ayer Louis Vuitton Cup a los miembros de los equipos que han echado el resto en Valencia para meter cabeza en las semifinales de la prestigiosa Copa América de vela que se celebra en el puerto.
Anoche no había rivales, todos departían y disfrutaban de una velada en la Cartuja de El Puig. Un edificio medieval y declarado en Bien de Interés Cultural (BIC) que se transformó en el epicentro de la elegancia y del gasto sin límite.
Música flamenca fue lo primero que escucharon los 1.600 invitados que, trasladados a las nueve de la noche en autobuses desde el puerto, acudieron a la fiesta de la firma francesa. En el acceso, cuatro bailarines, vestido con el típico traje andaluz pero customizado con tonos brillantes, recibían al son de la guitarra a los asistentes.
Sobre el césped verde, los invitados desfilaban por un largo pasillo blanco. En las paredes, numerosas pantallas ofrecían imágenes de las competiciones anteriores de la Copa Louis Vuitton. La música flamenca dejó paso a las retransmisiones deportivas.
En una primera sala, un amplio escenario ofrecía un espectáculo atrevido: dos personas, sujetas por arneses, simulaban que disputaban por la copa Louis Vuitton, que se reflejaba encima de sus cabezas.
Tras recorrer varios metros de pasillo, dejando atrás zonas decoradas con naranjas y velas, los elegidos por la firma de moda accedían a un extenso jardín el que cada país de los sindicatos tenía una especie de puesto en el que, por supuesto, se servía Moët Chandon, entre otras bebidas.
Louis Vuitton no escatimó en detalles, pues su obsesión era dejar un buen sabor de boca a todos los presentes y sobre todo desvincularse del precedente de la macrofiesta de Prada, celebrada el mes pasado en el Mercado Central. Los camareros circulaban sin cesar con sabrosas bandejas, el ambiente era distendido, los jardines espaciosos...
Trajes de gala y esmoquin
Los invitados llegaban al recinto vestidos con sus mejores galas, tal y como se les había requerido en la invitación: esmoquin para los caballeros y vestidos de fiesta para las señoras, aunque muchos optaron por el uniforme oficial de los equipos. Alguno más atrevido lucía el traje de gala con zapatillas deportivas, como se pudo ver en el puerto. En cuanto a ellas, los escotes, las sandalias de vértigo y las joyas no pasaron desapercibidas, como tampoco lo hicieron los sofisticados vestidos que se pudieron ver durante la velada.
Los muy vips, identificados con una pulsera de cuero blanco, tenían un jardín reservado. En este recóndito espacio, con pétalos de rosa, se encontraba la gente guapa de Europa, como la alta sociedad de Mónaco o los responsables del teatro La Fenice. Michael Laudrup, ex jugador del Barcelona, acompañado de su esposa, Ernesto Bertarelli, presidente del sindicato suizo Alinghi, o Cayetano de Alba y su mujer Genoveva, fueron algunos de los rostros conocidos.
La alcaldesa Rita Barberá acudió de rojo, como suele. Esta tonalidad la eligió también la modelo y presentadora Arancha del Sol. El empresario Juan Roig y su esposa Hortensia Herrera; el comunicador Luis del Olmo y su mujer Mercedes González, el Marajá de Kapurthala y numerosas actrices de Bollywood, Beatriz de Orleans, la modelo Nuria March, el deportista Álvaro de Marichalar; Luis Medina, la modelo Thasa de Vasconcelos y la viuda de Cela, Marina Castaño no fallaron a la cita de Louis Vuitton.
Amedeo Carboni, director deportivo del Valencia CF; Michel Bonnefous, presidente de ACM; el director del Consorcio, Jorge Gisbert; la presidenta del Palau de la Música, Mayrén Beneyto (vestida de marrón y con unos pendientes del siglo XVII), y el concejal de Deportes, Cristóbal Grau también se dejaron ver por la Cartuja, así como Javier Serratosa, del grupo Nefinsa.
El equipo del Louis Vuitton Cup al completo se encontraba en la fiesta, con Bruno Trouble, presidente de la firma, Christine Belanger, directora de Louis Vuitton, y Carlos Delso, director general de España.
A las 22.30 horas el escenario fue ocupado por los patronos de sindicatos semifinalistas. En el caso del Desafío Español, el director deportivo del equipo, Luis Doreste, subió al estrado.
Otro detalle curioso que denota el cuidado en el estilismo fue que los baños simulaban camarotes de barco. Un guiño a la competición.
La fiesta contó con gran despliegue de seguridad. Casi un centenar de personas lograron convertir el recinto medieval en una fortaleza, ajena a miradas indiscretas. La empresa Teinsa, al igual que hizo en la fiesta de Prada, se encargó de las labores de coordinación del protocolo y la seguridad.
En cuanto a los preparativos, un equipo de decoradores italianos ha estado trabajando desde hace casi un mes y con un absoluto mutismo por expreso deseo de la organización. En definitiva, consiguieron que la Cartuja, en pie desde el siglo XVII, brillara con más luz si cabe.
El operativo logístico comenzó una semana atrás, con la instalación de las luces, sonido, ambientación musical y un escenario en el centro del recinto. 2.200 metros cuadrados de césped natural traído expresamente de Extremadura y baños portátiles de lujo, perfectamente decorados, fueron algunos de los detalles más significativos.
Louis Vuitton apostó por un catering francés que sirvió la empresa Déjà Vu. Consistió en un menú de degustación que hizo las delicias de los asistentes. Bolas de trufa y queso, foie con melón o carpaccio fueron algunas de las delicatessen.