“Estoy convencido de que determinados certificados no son prueba absolutamente de nada”, afirma Roque Giner, director de la delegación de la Comunitat Valenciana de Aenor.
Su sentencia responde a la creciente moda de llenar de pegatinas (de certificados de calidad) las industrias y comercios de una comunidad autónoma eminentemente volcada al turismo y, por tanto, con necesidad por parte de los empresarios de demostrar que los bienes o servicios que ofrecen responden a la seguridad y la satisfacción que de ellos se espera.
La moda viene motivada en parte por la creciente legislación que obliga a las empresas a gestionarse de determinada forma (respeto al medio ambiente...) que ha despertado por un lado la obligación de tener un certificado de calidad y ha abierto la posibilidad de obtener un segundo que anuncie una calidad aún mayor.
La cultura de la certificación de la calidad está ya asentada en la mente del empresariado valenciano pero esta dinámica no viene acompañada de una mejora real de la calidad de los bienes y servicios que se ofrecen de un modo directo. “En los últimos años ha entrado una vena un tanto alocada en busca de certificaciones que muchas veces no son prueba de nada más que el hecho de que se emite un certificado”, afirma Roque Giner.
Esto ha provocado una creciente competencia entre las empresas de certificación. Desde Aenor se asegura que algunas empresas han vendido certificaciones “sólo para hacer negocio”. Por ello, la asociación sin ánimo de lucro matiza: “Es un error la idea de que la certificación es un papel riguroso que te permite andar por el mundo. Lo necesario es implantar sistemas de gestión que ayuden a la competitividad de esas empresas”.
Para ello, al margen de la pegatina acreditativa, Jaime Fontanals, director comercial de certificación de Aenor, mantiene que la asociación en la que trabaja realiza un seguimiento ya que “a veces se da certificados de accesibilidad a edificios que no están terminados”.
Ante la tendencia de tener un certificado de calidad en la empresa por cuestiones de moda, la solución está en que las certificaciones den realmente un valor añadido a la empresa que las posee. Para ello no sólo es necesario la certificación de un empresa independiente si no que ésta realice un seguimiento a la empresa que pide el reconocimiento de que sigue cumpliendo las normas.
Jaime Fontanals afirma: “Si una empresa no cumple con los requisitos de la norma o no tiene un sistema de gestión realmente implantado, creo que somos casi la única que retira la certificación si es preciso”.