Domingo, 6 de mayo de 2007
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opinión
La UE quiere liberalizar el sector frutícola
La UE insiste con su política de apertura unilateral de fronteras. De hecho, sin mucho ruido, está avanzando en la liberalización del mercado comunitario de frutas y hortalizas para Marruecos, Egipto, Israel y Túnez, en el marco del tratado Euromed. Bruselas quiere abrir más su mercado a terceros países, con el agravante de que no hay reciprocidad. De hecho, no se verifica que los beneficios de esos acuerdos reviertan en las clases menos pudientes de países terceros, sino que, muy al contrario, los grandes beneficiarios seguirán siendo los ricos y las castas locales de siempre, mientras que a los agricultores valencianos nos supone muchos desajustes, máxime cuando se nos obliga a competir en condiciones muy desiguales.

Y es que los barros de Barcelona nos han traído estos lodos. Aquel nefasto acuerdo que se alcanzó a principios de la década de los años 90 en la cumbre que los Jefes de Estado de la UE y de toda la cuenca Mediterránea celebraron en Barcelona obligaba a liberalizar las fronteras europeas. Recordemos que esa iniciativa ya fue contestada, frontal y contundentemente, por los agricultores mediterráneos españoles, en una multitudinaria manifestación en la ciudad condal. Entonces y ahora criticamos el doble rasero que tiene la UE para medir a su sector primario europeo, al que exige el cumplimiento de una exhaustiva y rigurosa normativa medioambiental y de seguridad alimentaría, mientras que se quiebra y claudica ante los terceros países.

Igualmente, resulta criticable la permanente sumisión de la agricultura mediterránea a los intereses políticos predominantes en la UE. De hecho, las frutas y hortalizas están presentes en todas las negociaciones y se utilizan como concesiones para lograr ventajas adicionales a los sectores industriales de la Unión Europea. Iniciado el Siglo XXI, el sector industrial europeo busca y consigue penetrar en los terceros países a costa de las frutas y hortalizas. Pero es que además, mientras estos países logran introducir sus frutas y hortalizas en los 27 países europeos, la Unión Europea renuncia a apoyar la apertura de nuevos mercados adoptando estas diabólicas políticas. El sector agrario mediterráneo es, una vez más, el pagano convidado de piedra.

 
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