Domingo, 6 de mayo de 2007
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Castellón
Migajas
El Gobierno tiene la visión muy distorsionada cuando se dedica a dar aspirinas a quien hace años que está en la UCI, entre la vida y la muerte. Resulta difícil comprender la actitud de la Administración con los agricultores, a la vista de las reducciones fiscales otorgadas esta semana a diferentes cultivos afectados por “circunstancias excepcionales”. Debe parecerles a nuestros responsables políticos que la mayor crisis de precios de la agricultura y la mayor sequía de los últimos 50 años son situaciones normales, y por eso han excluido de rebajas fiscales al arroz, los frutos secos, la uva de mesa, la fruta dulce, el olivar y otras producciones agrícolas y ganaderas de la Comunitat Valenciana, discriminándola sin explicación respecto a otras regiones.

Pero para colmo de injusticias, la que deben soportar una vez más los viticultores de Utiel-Requena, quienes, después de haber sufrido hasta cuatro tormentas de pedrisco, se quedan sin beneficios fiscales, al contrario de las comarcas colindantes de Castilla-La Mancha y otras de Cataluña.

Llevamos años registrando pérdidas económicas, recibiendo precios cada vez más bajos y produciendo por debajo de costes, algo de lo que puede dar fe hasta los informes del ministerio. Y, sin embargo, la Administración continúa pintándonos como mendigos, otorgando unas reducciones fiscales cada año más rácanas, a pesar del empeoramiento de nuestras rentas. Más valdría que se guardara sus migajas para tapar su mala conciencia y que actuara con una sensibilidad más proporcional a la crisis del sector productor.

Los índices de la fiscalidad agraria se han quedado muy desfasados por la crisis de precios y no podemos continuar pagando impuestos sobre pérdidas, pues ya soportamos bastantes cargas y abusos. El módulo cero es el único que se ajusta a la realidad económica del sector, al que debe acompañar la exención del pago del IBI rústico, la condonación de las cuotas de la Seguridad Social, una moratoria para los préstamos por las heladas de 2005 y, sobre todo, una revisión justa de toda la fiscalidad agraria. Hay muchos caminos para ayudar a levantar el sector, pero la opción del Gobierno parece buscar la provocación de unos agricultores en los que la falta de sensibilidad política está acabando con su paciencia.

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