Domingo, 6 de mayo de 2007
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“Después de dirigir El Prado, otro museo no tiene interés para mí”
Miguel Zugaza se considera un privilegiado por vivir en primera línea la ampliación de uno de los museos más emblemáticos del mundo y, desde ahora, también de los más modernos
Miguel Zugaza se considera un privilegiado por vivir en primera línea la ampliación de uno de los museos más emblemáticos del mundo y, desde ahora, también de los más modernos
45 Minutos con... Miguel Zugaza, Director del Museo del prado

inés molina

“Siempre me dicen lo fascinante que debe de ser ver el museo vacío y sí, es estremecedor, pero yo creo que es mucho más interesante, o por lo menos a mí me gusta más, ver el museo con gente, vivo, cuando se está produciendo esa experiencia increíble del encuentro privado entre autor y público”.

Miguel Zugaza (Durango, Vizcaya, 1964) lleva cinco años al frente del Museo del Prado y está comodísimo hablando de la ampliación, del proceso de modernización de esta entidad o de Arte. El problema aparece cuando tiene que hablar de sí mismo y de su intensa trayectoria profesional. Entonces, este hombre enorme y atractivo, con aspecto de aristócrata inglés de película, baja el tono de voz y se acelera. Su timidez le hace pasar de refilón y a gran velocidad por su formación académica y sus primeros pasos laborales. “Antes de acabar los estudios de Arte en la Complutense monté con mis hermanos una empresa de servicios culturales en Bilbao, Ikeder, que me permitió vincularme a la actividad de muchos museos del País Vasco. Luego me pidieron que asumiera el cargo de subdirector en el Reina Sofía, donde estuve dos años”.

Del Reina Sofía, al Prado

De eso hace ya trece años. “Yo casi era un adolescente, pero no sentí vértigo alguno. Me parecía un gran reto, con un equipo humano extraordinario. Además, había una gran confianza por parte del director de entonces, Pepe Guirao, y de la ministra, Carmen Alborch. Después de esa experiencia, que yo considero como un máster, volví a Bilbao a dirigir el Museo de Bellas Artes”.

Eran tiempos de renovación, casi de revolución: “También fue una experiencia importante porque al museo le tocó hacer un cambio fundamental y necesario. Se estaba creando el Guggenheim: la ciudad estaba cambiando y era el momento de modernizar el Museo de Bellas Artes. Hicimos también una ampliación, una reforma del Museo, y allí estuve seis años, hasta que me pidieron que me hiciera cargo de la dirección del Prado”, explica con temple.

Su fama, aunque puede parecer que a su pesar, le precede. Miguel Zugaza es sinónimo de renovación, de ventanas abiertas y de modernidad sin pretensiones, algo que a él le parece muy sencillo. “Es relativamente fácil si entiendes cuál es la identidad del museo”, explica. “Y si no es fácil, mal asunto. Si no te salen las cosas de una manera fácil, creo que hay que preocuparse: seguramente es que no sabes hacerlas”. Desde luego, él sí sabe. Tras la controversia inicial, la ampliación del museo se ha ganado un aplauso casi unánime, que desvía con pudor. “Este proyecto tiene un larguísimo recorrido. Hay tres personas fundamentales que son las que tienen que pasar a la historia de la institución: el motor de la ampliación fue José Antonio Fernández Ordóñez, presidente del Patronato, que murió en el cargo; Eduardo Serra, que tuvo la inspiración de decir: “Al lado de una ampliación hay que colocar otro gran emblema, la modernización del museo”, y Rodrigo Uría, que ha estado a lo largo de todo el recorrido y que ha dado forma a esta unión entre extensión física y modernización”.

Él, en un segundo plano, sólo se enorgullece con una gran sonrisa de “haber adquirido el último Velázquez”, aunque enseguida puntualice: “Bueno, yo no. Lo ha adquirido el Estado para el Museo del Prado”.

Mientras la cuenta atrás para inaugurar la ampliación llega a su fin, Miguel Zugaza saborea cada segundo de su trabajo: “Es maravilloso haber estado simplemente un día en la dirección del Museo del Prado. Yo tengo muchas veces esta sensación: cada día que vengo es como el primero y el último. No está mal para vivir. Lo tienes que vivir con mucha intensidad, que es como yo me planteo el trabajo aquí”.

¿Y en el futuro?. “Creo que después de dirigir El Prado, otro museo no tiene interés para mí. Puedes hacerlo, pero no hay un museo tan intenso y vivo como El Prado. Sinceramente, no”.

 
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