La crisis citrícola se deja sentir también en sectores afines a la mera producción naranjera. Los agricultores están descapitalizados, endeudados y con pocas expectativas y, consiguientemente, no invierten.
Una de las actividades a las que se contagia la crisis es la de los viveros de cítricos, donde este año sobran unos 9 millones de plantones, el 60% de su producción.
La gran mayoría de los proyectos que había de nuevas plantaciones o de reconversiones de las ya existentes (arrancar lo viejo y plantarlo de nuevo) se han paralizado casi por completo, tanto en la Comunitat Valenciana como en las demás regiones productoras. Ni siquiera en las zonas andaluzas que han vivido el mayor auge de expansión en los últimos años, Huelva y el Valle del Guadalquivir, hay la alegría de antes. Los precios ruinosos marcan la pauta, al igual que antaño se animó el cotarro al calor de mejores cotizaciones. La consecuencia es que los viveros que producen los plantones de cítricos se encuentran ahora con que les sobra la mayor parte de la producción que tienen en sus campos, por lo que han paralizado siembras e injertadas de la nueva campaña, porque no saben qué hacer con lo que tienen.
De cerca de 15 millones de plantones que se calcula que hay ahora en los viveros autorizados, están vendidos o comprometidos unos 2 millones y los viveristas más optimistas estiman que aún podrán colocarse otros tantos, porque siempre hay reposiciones de faltas en todas las fincas, se realiza alguna pequeña ampliación y, sobre todo, se mantiene cierta demanda para variedades más de moda, como la clementina precoz Clemenrubí, algunas naranjas tardías como Powell, Barnfield, Chislett o Valencias, y también pequeñas cosas de más capricho.
De los 11 millones de plantones restantes, otros 2 son muy jóvenes o son patrones aún sin injertar; no tienen el porte comercial para este año, son para el siguiente. Deducidas las cantidades anteriores, quedan 9 millones de ejemplares adultos (cantidad equivalente a lo que se ha plantado muchos años) que sobran de momento. De ellos, algo más de la mitad puede mantenerse para el año próximo, porque son plantas del año y pueden aguantar otro ciclo de crecimiento, pero se da por seguro que alrededor de 4 millones que son de dos años o más ya no tienen aguante, porque pierden su condición comercial y para el trasplante, y tendrán que ser destruidos. Los demás podrán esperar la hipotética llegada de mejores circunstancias, pero sin que los viveros produzcan apenas de nuevo.
Sobran sobre todo plantas de variedades con exceso de oferta de fruta en el mercado: clementinas (de Clemenules, casi todas), naranjas navelinas, Lane late...
La gran mayoría de viveros están ubicados en el norte de la provincia de Castellón y en el sur de Tarragona, sobre todo en el eje Vinaròs-Alcanar, donde ya se nota en el mercado laboral la caída de la carga de trabajo, traducida en cientos de despidos. El radical cambio de panorama comercial obliga a que los viveristas reconduzcan rápidamente sus estrategias, para no hundirse del todo. Todos tienen claro que han de especializarse más que nunca. Algunos ya están evolucionando hacia la jardinería, que está en auge, y reutilizan para ello parte de los plantones más adultos, comercializados ahora en macetas. Además cuentan con la esperanza de que la próxima disponibilidad de nuevos patrones y de las nuevas mandarinas tardías obtenidas por el IVIA, sirvan para renovar de forma atractiva parte de su oferta, aunque ya no será con las grandes cantidades de antes.