Nicolas Sarkozy, candidato conservador al Elíseo, recurrió anoche a un testimonio personal de José Luis Rodríguez Zapatero en su crítica frontal a la semana laboral de 35 horas defendida por la socialista Ségolène Royal en el debate televisado celebrado a cuatro días de la segunda vuelta de los presidenciales. La utilización del presidente español contra la Zapatera francesa, alias asumido con orgullo por la interesada, en una cuestión económica interna ilustra el grado de dureza, sin perder los buenos modales, cobrado por el decisivo duelo entre los finalistas de la carrera al Elíseo.
“Zapatero, que le apoyó a usted en su mitin de Toulouse, me dijo en Madrid que jamás haría las 35 horas porque no quiere perjudicar la competitividad de las empresas”, atacó Sarkozy a los 30 minutos de las más de dos horas que duró su enfrentamiento ante las cámaras de televisión. El candidato conservador trajo a colación el ejemplo español para reforzar la constatación de que “ni un solo país en el mundo ha cometido ese error monumental” de reducir la jornada laboral sin merma salarial. “Yo también he hablado con Zapatero” y con otros líderes europeos, le replicó Royal, quien espetó a Sarkozy que su propuesta de exoneración de horas extraordinarias costará 5.000 millones de euros al Estado y además es “peligrosa” porque no generará empleo
Ante una audiencia potencial de 25 millones de telespectadores, Royal había dado desde el inicio la medida de su táctica agresiva y combativa frente al favorito en los sondeos al atacar de entrada su balance en materia de seguridad durante cuatro años como ministro del Interior. “¿Soy responsable de una parte del balance del Gobierno? Sí, señora Royal. Usted habla de violencias, yo soy responsable”, declaró Sarkozy, que desactivó así uno de los esperados ángulos de ataque de su oponente.
Cuadro tenebroso
Con tono grave, la presidenciable socialista dibujó un cuadro tenebroso de la realidad francesa, acuciada por una deuda de “20.000 euros por ciudadano”, con 2,5 millones de trabajadores pobres, tres millones de parados, el desplome del poder adquisitivo, un déficit de 11.000 millones en la Seguridad Social y un incremento del 30% en las agresiones físicas. “La moral política exige que los responsables políticos rindan cuentas”, dijo.
En contraste con esta belicosidad, Sarkozy trató en todo momento con guardar la calma, mantener el aplomo y no perder la sangre fría. Con acentos institucionales, expresó su voluntad de ser “un presidente que se comprometerá con los resultados y cumplirá su palabra”. “Cada año mis ministros rendirán cuentas de lo que han hecho. Quiero una República irreprochable en la que la oposición tendrá derecho a veto en todos los nombramientos importantes”, expuso.
A medida que el duelo avanzó, el ambiente se fue caldeando y las interrupciones entre ambos interlocutores fueron más frecuentes, sobre todo por parte de Royal. Los denodados esfuerzos de Sarkozy por controlar los nervios fueron cada vez más manifiestos ante una rival que, consciente de que tenía poco que perder, mantuvo una férrea ofensiva con la secreta esperanza de explotar el flanco más vulnerable en su personalidad.
“Repase la lección”, “eso no es así”, “no tiene bien aprendida la lección” fueron algunas puyas de la candidata que se topó con una réplica personal dirigida a su compañero y líder del Partido Socialista. “François Hollande dijo que no le gustan los ricos que ganan 4.000 euros cuando es su caso”, arremetió. “Saca la frase de su contexto”, protestó Royal en uno de los lances más tensos del combate dialéctico.
Vitola de favorito
Sarkozy compareció en el debate con la vitola de claro favorito. Desde mediados de enero monopoliza la pôle position de la carrera al Elíseo.
La veintena de sondeos publicados desde la primera vuelta le otorgan la victoria en la ronda definitiva con ventajas que oscilan entre dos y ocho puntos porcentuales. La última encuesta, difundida horas antes del duelo televisivo, le atribuye el 52% de las intenciones de voto el próximo domingo.
Pero el estudio refleja un ligero avance de Royal, que gana un punto por sus esfuerzos para seducir al electorado centrista, según los autores. Al haber sido realizado el pasado lunes, no recoge el impacto de la consigna de abstención impartida al día siguiente por el ultraderechista Jean Marie Le Pen. Según declaró ayer su hija, Marine, hasta el 50% del electorado del Frente Nacional se podría abstener, un 20% votar por Royal y el resto hacerlo por Sarkozy. Una estimación de voto que no está contrastada.