Según el conseller
Rafael Blasco
—gurú de los análisis demoscópicos, en palabras de
Rita Barberá
—, no hay duda: el PP revalidará holgadamente su mayoría absoluta y le sacará 15 escaños de ventaja al PSPV-PSOE.
Como todo es según el color del cristal con que se mira, sólo 48 horas antes un medio afín al socialismo aventuraba que los populares perderían la Generalitat por un solo escaño.
Al parecer, ha llegado la hora de mojarse en las predicciones, como varios de mis amigos, que han iniciado ya sus respectivas porras electorales, aunque algunas sean al modesto precio de un euro. Pues mi hipótesis es la de una relativa estabilidad electoral en toda la piel de toro. Es decir, que el PP mantendrá el gobierno autonómico en sus cuatro feudos actuales: Castilla y León, Murcia, Madrid y, por supuesto, nuestra Comunitat.
Eso no tiene que ver con los muchos líos internos del partido, que los padece a manta. Pero los rifirrafes personales afectan más a los municipios, y sobre todo a los pequeños, que a Les Corts. Por traslación, puede hacer peligrar las diputaciones provinciales, como la de Valencia, que
Alfonso Rus
y
Rafa Rubio
pueden dirimir por un solo electo. O la de Alicante, con un
José Joaquín Ripoll
hostigado por el fuego cruzado de amigos y enemigos.
La estabilidad electoral resultante sería el fruto paradójico de la crispación política alimentada por unos y otros. A falta de una alternativa centrista que algunos echan de menos, los grandes partidos se han enquistado en sus posiciones respectivas y, más o menos, repetirán resultados. Apenas incidirán fenómenos externos, como esa derechización global que analiza el sociólogo
Pepín Vidal Beneyto
o el posible triunfo en Francia de
Nicolas Sarkozy
.
Aquí el juego es otro. Por un lado se trata de ver si, con sus luces y sus sombras, continúa el gobierno de
Paco Camps
, suave en las formas y con una gestión casi empresarial, presentando más un balance de resultados que de posicionamiento ideológico. Por otro, si esta comunidad, tras 12 años de mandato del PP, aspira a un cambio de protagonistas y, esencialmente, de planteamientos.
Ambas posturas condicionan la estrategia electoral. El PP pretende una campaña de perfil bajo —“huyendo de debates estériles”, en palabras de Blasco—, hablando más bien de los logros propios y de las cacareadas zancadillas del gobierno de
Rodríguez Zapatero
. Enfatizará en la falta de liderazgo de
Pla
y su presunto sometimiento político a Madrid. El tercer clavo con el que piensa remachar el ataúd político del PSPV es su alianza con el Compromís. El mensaje al posible elector socialista es claro: si votas a Pla, no lo haces a su programa, sino al que resulte de su pacto con la extrema izquierda.
Posiblemente, esa idea sea la que más cale en el electorado. Se deduce de algunas encuestas que hacen subir las expectativas del Comprimís, al no requerirse el voto útil al PSOE para desplazar del gobierno al PP, y en cambio disuadirían a los votantes socialistas más moderados.
Para contrarrestarlo, la estrategia del PSOE va a ser la misma que en el resto de España: la culpa de la crispación la tiene el PP, que es un partido de extrema derecha, y lo mejor que le puede ocurrir a la Comunitat es gozar de un gobierno similar al de Madrid. Para ello, los asesores de Ferraz y de Blanquerías manejan datos de intención de voto en las elecciones generales que avalarían esa hipótesis. También, claro, de la mejor imagen de Zapatero que la de Rajoy. El estratega electoral
José Luis Sanchis
—participante en casi una veintena de campañas y que también asesora a Pla— ha elaborado un escenario político en el que, ahora mismo, Zapatero tiene un 58 por ciento de posibilidades de repetir en La Moncloa frente al 42 de
Rajoy
.
Se comprende, entonces, la contrapuesta estrategia de los dos grandes partidos. Mientras el PSOE volcará aquí todos sus efectivos ministeriales, comenzando por
María Teresa Fernández de la Vega
, el PP, por el contrario, “mantendrá la tranquilidad”, subrayando una “posición centrada” frente a ciertas estridencias madrileñas. Lo mismo sucederá con la presencia de sus líderes. Frente a la eclosión de
José María Aznar
en Mestalla
en 2003, Mariano Rajoy irá el próximo 22 de mayo al más recoleto recinto de la Plaza de Toros.
Y es que, mientras en el resto de España se plantea el 27-M como una primera vuelta de las siguientes elecciones generales, aquí,
Vicente Rambla
, director de campaña del PP, apuesta por unos comicios en estricta clave autonómica. Más claro, agua.