CANTE JONDO
Aunque no ha trascendido, no ha sido la alegría, precisamente, el sentimiento que ha dominado en las filas del PP valenciano tras la decisión de su presidente, Francisco Camps, de designar a once mujeres, a poco más de un mes para la celebración de las elecciones autonómicas y municipales, altos cargos de su Gobierno en sustitución de quienes hasta la fecha venían desempeñando las mismas tareas y han debido dimitir por ser candidatos a las Cortes Valencianas.
Las primeras mosqueadas, las féminas del PP, y especialmente aquellas que tenían aspiraciones. Les ha sorprendido la no militancia de las agraciadas, salvo contadas excepciones, e, incluso, la conocida simpatía de alguna de ellas por opciones políticas ajenas al PP. En su momento se sabrá.
No menos molestos se han manifestado aquellos militantes masculinos que también tenían expectativas, y ahora ven las mismas mermadas y dan como seguro que los once nombramientos no serán temporales sino que, por el contrario, si el PP revalida la mayoría absoluta en las urnas del 27 de mayo, la mayoría de las once mujeres, sino todas, prolongarán su mandato.
Por último, la decisión del presidente Camps ha provocado perplejidad entre sus compañeros de filas y en los partidos de la oposición por el momento elegido para los nuevos nombramientos. Es la primera vez en la historia de la autonomía valenciana que las vacantes producidas por la designación de sus responsables como candidatos autonómicos se han cubierto con la precampaña electoral ya en marcha y la campaña llamando a la puerta. Lo habitual, y así lo contemplan los reglamentos de cada una de las Conselleries, es que las competencias de los cesados por sus responsabilidades electorales fueran asumidas por otros altos cargos.
Todo hace pensar que la decisión del presidente del Consell obedece a querer dar un golpe y, de paso, contrarrestar el discurso feminista vinculado a la paridad que, tradicionalmente, ha sido patrimonio de la izquierda.
Desde Presidencia de la Generalitat, las fuentes consultadas justifican la decisión del Molt Honorable con el argumento de que la gestión no puede paralizarse por las elecciones y que, por tanto, están más que explicados los nombramientos efectuados. Al mismo tiempo, advierten de que el gesto del presidente es indicativo de por dónde irá la composición de su futuro Consell si el PP renueva la confianza de los valencianos: las féminas tienen todos los puntos para ser mayoría.
Lo bien cierto es que el Molt Honorable empieza a ser conocido en las filas del PP valenciano como ”Jesulín” Camps, en referencia al torero de Ubrique que patentó una modalidad de corrida taurina a la que el diestro bautizó como “Va por ellas” y que consistió en encerrarse en una plaza de toros con varios morlacos y 9.000 mujeres.
A mi me parece estupendo que el presidente Camps se rodée de mujeres, sean o no militantes del PP, y si estas son profesionales, eficaces e inteligentes, todavía mejor. Aunque, por otro lado, ¿se exigen los mismos requisitos a los hombres que le rodean? ¿El malestar sería el mismo si los once nombramientos hubieran recaído en especímenes del sexo masculino? Ya dejó dicho alguien que la verdadera igualdad llegará el día en que haya tantas mujeres estúpidas como hombres estúpidos ocupando puestos de responsabilidad.
Por lo que respecta a las críticas por el momento elegido para los nombramientos, una ya ha visto de todo cuando las elecciones planean por el calendario. La política se hace a golpe de efectos, en un lado y en el contrario, en un intento de estimular nuestras retinas y a través de ellas conquistar nuestros cerebros.
La maldad: Echando gambitas
Picar, no han picado, a pesar de las gambitas que les han echado desde el Partido Socialdemócrata de la Comunidad Valenciana (PSDCV). Me refiero a un puñado de ex altos cargos del PSPV-PSOE, retirados desde hace años, que han sido tentados para integrarse en las filas del controvertido PSDCV.
Que sepamos, hasta la fecha la oferta se ha transmitido a nombres tan conocidos del socialismo valenciano como Felipe Guardiola, Jaume Castells, Fernando Martínez Castellano y Antonio Sotillo. La respuesta de todos ellos, cortés pero firme, ha sido “no”.