La primera máxima en la Fórmula 1, aquella que siguen los pilotos como entregados feligreses, consiste en ganar por encima de todo al compañero de equipo. Da igual si es amigo o no, si el conocimiento mutuo proviene de lejos o fue de ayer, si la química funciona en el plano laboral, si la dirección del equipo toma partido... El primer objetivo es siempre el inquilino del mismo garaje. “Eso es así, una norma no escrita de la Fórmula 1”, concede Fernando Alonso, quinto en Bahrein, líder del Mundial.
Sucede que hasta la fecha el doble campeón del mundo había ejercido una hegemonía plenipotenciaria sobre los modelos de coche que ha conducido. Alonso comenzó su periplo en la Fórmula 1 con el brasileño Tarso Marques, del que nunca más se supo. Coincidieron en Minardi (2001), cedido el español y de regreso a la F-1 el suramericano. No hubo color. El asturiano venció siempre a su compadre. Lo mismo sucedió con el sustituto de Marques, el malayo Alex Yoong, impulsado a la categoría reina por el influjo de Petronas.
Flavio Briatore llenó sus anchas espaldas de críticas por elegir en 2003 a Alonso en vez del pujante Jenson Button. Trulli se convirtió en el compañero del español y fue el único que hasta la fecha mantuvo una paridad competitiva. Juntos disputaron 31 grandes premios bajo el paraguas de Renault y hubo casi empate en las calificaciones (16 a 15 favor de Trulli), pero no así en los resultados en carrera: Alonso juntó 114 puntos por 79 del italiano. Uno de sus mejores amigos entre los pilotos de la actual parrilla. El ex campeón del mundo Jacques Villeneuve sustituyó tres carreras a Trulli en Renault en 2004 y el tanteo no cambió de dueño: Alonso sumó catorce puntos por ninguno del célebre hijo de Gilles Villeneuve.
Las secuelas son visibles en la última pareja de baile. Renault fue campeón del mundo dos años consecutivos con cuatro títulos (pilotos y constructores) y Fisichella navega ahora por la parte media del pelotón. Lo peor que le puede suceder es que alguien le coloque en el espejo frente a Alonso. Éste ganó quince carreras con Renault, dos Mundiales y 267 puntos. Fisichella, tres pruebas y 130 puntos.
Así de cruel es la Fórmula 1. Lo primero que interpreta la telemetría, el mundillo, los patrocinadores, toda la gente, es el rendimiento en paralelo de los integrantes de la propia casa. Luego resulta conmovedor escuchar hablar al personal del espíritu de equipo...
Ha llegado Lewis Hamilton a la vera de Alonso y todo ha cambiado. Es el adversario más correoso que hubiese imaginado. El mismo coche, el mismo paraguas y los mismos puntos después de tres carreras en el Mundial 2007. Y no sólo eso. Hamilton, como Alonso, tiene el respaldo total de su escudería para soñar. “No sé por qué no voy a pelear por el título”, dijo el inglés después de la carrera en Sakhir. “Ganará carreras este año y no hay razón para que no pueda competir por el título”, ratificó Martin Whitmarsh, la mano derecha de Ron Dennis.