cristina alberdi, abogada y presidenta del consejo asesor contra la violencia de género de la comunidad de madrid
‘‘Las mujeres sentimos menos ansia de poder que los hombres’’
cristina alberdi lleva más de treinta años batallando por la igualdad en muy diferentesfrentes: desde un bufete feminista, a un ministerio; pasando por un escaño de diputada
cristina alberdi lleva más de treinta años batallando por la igualdad en muy diferentesfrentes: desde un bufete feminista, a un ministerio; pasando por un escaño de diputada
inés molina
‘‘Estudié Derecho por descarte. No había abogados en mi familia, pero yo no quería estudiar Filosofía, que era lo que hacían entonces todas las niñas’’. Cristina Alberdi (Los Rosales, Sevilla, 1946) ya quería romper tópicos sin apenas darse cuenta. ‘‘La Universidad para mí fue como una liberación. Venía del Loreto, un colegio estricto, clásico, y allí encontré otro tipo de vida; salía, tenía amigos... También en casa te dejaban hacer otras cosas’’.
Hasta aquí, ni sombra de pasión por las leyes, ni de espíritu combativo en pos de los derechos y las libertades de la mujer. Pero algo cambia tras los muros del Paraninfo: ‘‘En los últimos años de la facultad empiezo a tener conciencia feminista y cuando termino la carrera me incorporo a grupos de mujeres’’. Mucho trabajo les quedaba por delante. ‘‘El Código Civil era una vergüenza: las mujeres, si nos casábamos, perdíamos la capacidad de obrar y necesitábamos una licencia marital para todo, incluso para viajar, para trabajar o para abrir una cuenta corriente... Tomabas conciencia de la discriminación tan absurda que padecíamos’’.
Al terminar la carrera entra en un bufete a trabajar y allí descubre la realidad de la abogacía y descubre que no se ha equivocado. ‘‘Un profesor de la facultad me llamó para ser pasante en su despacho y allí aprendí Mercantil —que me ha venido muy bien—, tema de sociedades, Fiscal... De todo’’.
Un bufete para mujeres
Pronto decide independizarse. ‘‘Monto un despacho feminista, en aquel tiempo muy necesario. Te estoy hablando del año 75: empezamos por intentar modificar el adulterio y el amancebamiento; los anticonceptivos, que estaban tipificados como delito; colaboramos en la elaboración de la Constitución... ¡Esa etapa fue algo fantástico!’’.
Vivió la Transición enarbolando la bandera de la igualdad y fue, junto a un grupo de mujeres luchadoras, precursora de muchos logros. ‘‘Luego vino la Ley del Divorcio y la reforma del Derecho de Familia: la mujer ya no tenía que obedecer al marido’’.
En pocos años, consiguieron mucho. ‘‘En esta época creamos un turno de oficio para defender a mujeres maltratadas y nos denunciaron por competencia desleal. Por fortuna era entonces decano del Colegio de Abogados Antonio Pedrol y nos defendió: dijo que al revés, que era motivo de elogio que hiciéramos eso’’.
Entre denuncias, juicios y defensas feministas, el gobierno socialista nombra en 1985 a Cristina Alberdi vocal del Consejo General del Poder Judicial, convirtiéndose en la primera mujer en ostentar este cargo. ‘‘Inicialmente les dije que no, que no podía porque tenía un despacho a tope, pero me convencieron. No te podías negar en un momento en el que estábamos luchando por acceder a responsabilidades’’.
Cinco años después vuelve a su despacho y continúa en la brecha al frente de grupos de trabajo: ‘‘Estábamos muy comprometidas, luchando mucho, y nos recibió Felipe González’’. Poco tiempo después, el entonces presidente del Gobierno le hace una propuesta que tampoco puede rechazar y que marca un antes y un después en su vida. ‘‘Estaba formando su último Gobierno y me llamó para ser ministra, pero sin pertenecer al Partido Socialista. Me hizo muchísima ilusión porque estábamos luchando para que hubiera más mujeres en el gabinete ya que sólo había dos’’.
Tras esa etapa al frente del Ministerio de Asuntos Sociales, Alberdi es nombrada presidenta de la entonces Federación Socialista Madrileña, donde conoce una nueva cara de la política. ‘‘En la burocracia de un partido se desatan las peores pasiones: la zancadilla y la navaja en la liga. Lo más negro y terrible’’.
Hoy, la política es un recuerdo y comenta que nunca ha padecido la llamada erótica del poder: ‘‘Yo creo que las mujeres sentimos menos ansia de poder que los hombres porque hemos estado educadas en la sumisión. Las relaciones de poder son relaciones de dominación y el hombre las ejerce sutilmente, incluso sin darse cuenta. La mujer no. Por eso, dejas de tener poder y no notas ninguna diferencia especial. El poder es un instrumento para hacer cosas. Y un instrumento poderosísimo. Por eso yo soy muy partidaria de la participación de la mujer en la política’’.